Rolando: memoria de una tragedia silenciada

Publicado el 19/02/2025 a las 05:00
Hace unos días, en representación de mi residencia universitaria, asistí, aquí en Pamplona, a la inauguración de la exposición “Rolando: 2:15 - 2:45. 50 años de la primera masacre de ETA”, sobre la que Diario de Navarra ha publicado un muy interesante reportaje.
Organizada por el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo y el Grupo de Narrativa, Violencia y Memoria de la Universidad de Navarra, esta muestra conmemora medio siglo desde el fatídico 13 de septiembre de 1974. Ese día una bomba colocada en la cafetería Rolando, situada en la calle del Correo de Madrid, arrebató la vida a 13 personas y dejó más de 70 heridos.
En aquellos años, la banda terrorista ETA no quiso asumir la autoría de este atroz atentado; una postura que mantuvo hasta años bien recientes, cuando finalmente reconoció su responsabilidad criminal.
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La exposición ofrece una visión detallada e impactante de los hechos. Sus distintos paneles intercalan los diferentes hitos del atentado con las historias personales de las 13 víctimas mortales, aportando una perspectiva humana a semejante tragedia.
El testimonio final de Alicia Gómez Condado, hija de Fernando Gómez Vaquero, una de las víctimas, caló hondo en todos los presentes. Alicia compartió con valentía el dolor que aún perdura, transmitiendo al mismo tiempo una dignidad y humanidad que conmovieron a todos quienes asistíamos.
Mientras escuchaba sus palabras, yo, que como político tuve que llevar escolta durante más de 17 años, no pude evitar mirar a la audiencia, compuesta en su mayoría por jóvenes.
Muchos de ellos desconocen nombres como Tomás Caballero, José Javier Múgica, e incluso como Miguel Ángel Blanco, Gregorio Ordóñez, u otras víctimas del terrorismo etarra.
Esta falta de conocimiento por parte de muchos jóvenes de nuestro país es tan real como preocupante. Más, en un contexto de blanqueamiento hacia quienes estuvieron entre los asesinos, sus cómplices, encubridores, o el brazo político de la banda etarra. Lo presagió Pilar Ruiz, madre de Joseba Pagazaurtundúa, otra víctima de ETA, cuando advirtió en su día ante el Lendakari socialista Pachi López: “Haréis y diréis cosas que nos helarán la sangre”.
Hoy, sus palabras resuenan con fuerza. Lo hacen ante la evidencia. Y nos recuerdan a quienes nos mantuvimos en pie frente a la barbarie, la importancia de sostener viva la memoria reciente y de educar en toda España a las nuevas generaciones sobre los horrores del terrorismo.
Es nuestro deber moral apoyar, promover y difundir eventos como esta exposición, que buscan honrar a las víctimas y garantizar que su memoria perdure. Solo así podremos construir una sociedad más justa y consciente de su historia. Necesitamos reivindicar la memoria, dignidad, justicia y verdad.
Desde mi trayectoria en política, más, desde mi actual condición de ciudadano, agradezco iniciativas como la que he relatado. Y animo a todos a reflexionar sobre la importancia de recordar estos trágicos eventos. “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”, afirmaba Jorge Santayana. No lo olvidemos.
José Iribas Sánchez de Boado. Director de RRII de Campus Home y exconsejero de Educación.