La pasión es la ebullición de la motivación

Publicado el 09/12/2024 a las 05:00
A mi hija mayor le apasiona el dibujo y la pintura. Pienso que es como su intento por darle un poco de belleza al mundo. La veo cómo mantiene siempre viva su capacidad para sorprenderse ante todo lo que la rodea, ante las imágenes, ante la vida. Una poética observación aguda y silenciosa. ¡Con pasión, con pasión poco estridente, equilibrada! Pero pasión emocionante para crear cosas maravillosas.
La pasión es como la motivación, pero explosiva. Y no hablo de una pasión delirante ni desequilibrada. Hablo de la pasión que es la ebullición de la motivación. El agua a 99º no mueve nada, pero a 100º lo mueve todo. Pasa lo mismo con la pasión en nuestras vidas. Además, tiene una extraordinaria particularidad, es contagiosa. Es capaz de potenciar la creatividad, la inteligencia y la capacidad de observación. Las personas que se mueven con pasión y con propósito, suelen vivir más y mejor que las que no la desarrollan.
La pasión es algo así como el resultado del compromiso multiplicado por la ilusión. Creo que la pasión es más importante que el compromiso. Y si amplificamos con el esfuerzo y la perseverancia el resultado es absolutamente transformador, es nitroglicerina pura. Pasión desbordante orientada al propósito tiene un efecto positivo en el resultado. Sin duda. Pero hay que profesionalizar la pasión, en el resultado personal, en el resultado colectivo y en la cuenta de resultados, aunque este elemento no aparece en los manuales de management y muchas veces tampoco se enseña en las escuelas de negocio. La pasión es imprescindible para derrotar las inercias propias de nuestra vida cómoda, segura, indiferente y en muchas ocasiones egoísta.
La pasión no se compra en el supermercado: “deme un kilo de pasión”. ¡No, no! Tampoco la dejan en el felpudo de la casa en una caja con manual de instrucciones. La pasión tampoco se alimenta con discursos aprendidos de memoria, ni con pegatinas de frases motivacionales en las paredes de las empresas. Se genera de forma natural por medio del ejemplo y del liderazgo. Porque liderar es influir. También servir y cuidar, pero sobre todo influir de manera auténtica y coherente. Porque el principal reto del liderazgo de estos tiempos es llenar las agendas con sentido. No nos engañemos. Liderar no es mandar, o no es sólo mandar ni repetir como loro consignas ni teorías. Liderar es querer.
En estos días tan algorítmicos, tan hipertecnificados, tan de informes y kpi´s, tan digitales, tan de mirarnos el ombligo, tan superficiales nos da miedo apasionarnos. Nos da miedo. Y sin pasión no pasa nada. Ni en nuestras vidas personales, ni en nuestras vidas profesionales, ni en nuestras empresas o proyectos. Sin pasión no hay nada, y hay que descubrir que puede generar un potencial de crecimiento y rentabilidad. Porque la pasión es endémica y tiene un afecto enorme entre las personas. Alimenta el diálogo creativo y entusiasta, multiplica los procesos de innovación, la cooperación, la comprensión mutua y el amor, aunque suene extraño este lenguaje en este contexto profesional. La pasión y el propósito son correctos si los utilizamos para tomar decisiones que muevan a la acción. En la empresa todos tenemos que sumar y, si puede ser, multiplicar.
Para que la idea se convierta en acción es imprescindible un trampolín y, desde mi perspectiva, hay que buscarlo en la pasión y en la fe. Porque la pasión y la fe son los únicos que tienen la capacidad de despertar algo que está dormido en nuestro interior para que aflore, para que brote. Y aquí deben surgir los líderes imperfectos, sin cargo. El liderazgo no va de mandar, sino de entusiasmar, de influir, de mover, de provocar. ¿Y qué tiene que hacer una compañía para potenciar la pasión entre sus profesionales y equipos? Lo primero, aunque sea muy básico, es dejar de desmotivar. El día en que los jefes entiendan que el verbo influir pesa más que mandar las cosas en las empresas van a cambiar. Ese es el liderazgo orientado al servicio, no al servirse. A cuidar y a amar, finalmente. No creo en los liderazgos perfectos, en los pluscuamperfectos, ¡nada! Estoy convencido que no son tan buenos como parece para las organizaciones. Creo en la gente buena, normal, maravillosamente errática, perfectamente imperfecta, contagiosamente responsable y comprometida con propósitos épicos.
Pienso que hay tres funciones que son de responsabilidad de estos líderes imperfectos: la ejecutiva, la directiva y la del liderazgo con pasión, que es la más compleja por su condición ecualizadora, porque permite equilibrar las tres responsabilidades, porque si solo se es ejecutivo irá bien únicamente a corto plazo; si no se es directivo, nunca se podrá ser consistente y con capacidad de adaptación; y si no se genera liderazgo, las personas de la organización no seguirán a nadie y se propagará la sensación de orfandad, de decepción y de frustración. ¿Qué liderazgo quieres ejercer tú?
Roberto Cabezas Ríos, Top 1 HR Influencers in Spain 2023, Expert in Higher Education Management, Universidad de Navarra.