"Son los arquitectos, médicas, gerentes, dirigentes políticos de dentro de unos años. ¿No merece la pena invertir mucho más en ellos? Se llama educación y es un derecho"

thumb

JesÚs Nieva Ozcoz

Publicado el 25/10/2024 a las 05:00

Los amantes de la literatura habrán reconocido rápidamente en el título la famosa obra de Don Torcuato Luca de Tena. Se trata de una novela de 1958 de quien marcó una época con aquella otra: Los renglones torcidos de Dios. En Edad prohibida el autor describe, tal y como se puede leer en contraportada “el doloroso descubrimiento que hace un adolescente del mundo que le rodea y de sí mismo. Los personajes son niños, son jóvenes, son hombres y mujeres que estrenan la angustia y la alegría de la primera ilusión, el primer desengaño, el primer amor. Todo es nimio, todo es intrascendente. Pero en ese devenir de los años se recogen las semillas que han de marcar para siempre el destino de los hombres y las mujeres”.

La adolescencia. Lo he comentado con mis alumnos adolescentes y he llegado a la conclusión de que no lo llamaríamos la edad prohibida, sino la edad ignorada. Tampoco es original este concepto. Decía Earl Wilson: “La nieve y la adolescencia son los únicos problemas que desaparecen si los ignoras el tiempo suficiente”. Es esa etapa de la vida tan denostada, tan poco aceptada, en la que parece que los padres han de armarse de paciencia y sufrir como si de una gripe se tratara y que solo el ibuprofeno puede aliviar. ¿Recuerdan aquel otro título superventas?: Socorro, tengo un hijo adolescente, guía para padres desesperados. Pues eso.

¿ERES SUSCRIPTOR? AQUÍ TIENES MÁS INFORMACIÓN SOBRE ESTE TEMA

Amplía la información sobre OPINIÓN en la edición e-paper de Diario de Navarra, disponible a diario para suscriptores de papel y PDF

Pero les puedo asegurar que ellos no se ven así. Es el mito que nuestra sociedad ha creado en torno a los chicos y chicas que viven uno de los momentos más maravillosos de su vida. ¿Cuánto daríamos por volver a experimentar por primera vez…la vida? Cada momento, cada experiencia, cada descubrimiento es la sensación de vivir y de atraparlo todo por primera vez. Una de mis alumnas me decía que, pensándolo bien, a los dieciocho hace lo mismo que en la adolescencia, pero entonces era el morbo de lo prohibido lo que daba encanto a todo lo que hacía. Arriesgar en lo escondido.

Les he pedido ayuda a ellos y a ellas y me dicen que todo lo viven de manera tan desbordante. En el mismo día pueden reír a carcajadas con la anécdota más simple y llorar a moco tendido por el suceso más nimio. Sí. Qué exhibición de emociones tan exuberantes.

Y entonces, ¿Por qué ese deseo de que pase tan rápido? Tendríamos que desear en lo más profundo de nuestro ser atrapar todas esas sensaciones, escribirlas y guardarlas para mantenerlas latentes el resto de nuestra vida.

No es justo que les ignoremos. Los antiguos alumnos preguntan siempre qué tal las nuevas generaciones, porque vienen…Poco se acuerdan de que en los centros educativos los problemas de disciplina eran mayores en épocas de disciplina férrea, con castigos físicos, o a causa de ellos precisamente. Se les podrá criticar lo que se desee, pero nunca nos hemos encontrado en las aulas alumnos que lean tanto. Este mismo año, en el trascurso del viaje a París con el grupo de teatro, dos alumnas a mi lado charlaron durante horas de los libros que leían. Escriben poesía y relatos muchos de ellos. Les encanta a más jóvenes de lo que creemos.

Un chico de quince años en el museo de El Prado me pidió ver el cuadro de El Bosco El jardín de las delicias. Y al salir me dijo, emocionado, que ya había merecido el viaje y no habíamos ido todavía ni al musical ni al parque de atracciones.

¡Qué pena que no veamos tantas cualidades maravillosas! Porque ¿Saben una cosa? No lo valoramos y nosotros nos lo perdemos. Políticamente hablando ¿Alguien se acuerda de los adolescentes? No son niños para las actividades de los caballitos y no son adultos para ir a los bares. Nuestra cultura de fiesta y diversión les aboca a los cuartos o a pedir alcohol (Que desgraciadamente lo consiguen antes de tiempo) mucho más de lo deseado. Pero, ¿qué les ofrecemos si creemos que son de todo menos cultos, sensatos o maduros?

¿Les pedimos opinión en la mesa sobre temas importantes? ¿Les escuchamos con atención haciéndoles sentir personas con raciocinio? Dicen cosas muy interesantes si les damos la oportunidad. Por cierto, es la generación más preparada de la historia. Son víctimas de los tópicos de “les da igual todo, no quieren trabajar, viven con la cara pegada a una pantalla…” ¿Y qué más? Oiga usted, ellos tienen algo que nunca cambiará: que ellos, irremediablemente, son el futuro. Son los arquitectos, médicas, gerentes, dirigentes políticos de dentro de unos años. ¿No merece la pena invertir mucho más en ellos? Se llama educación y es un derecho.

En esta generación contamos con más mujeres formadas que en toda la historia, y se ha ganado en igualdad más que en siglos. A cambio tienen que soportar unos años más tarde precariedad, contratos parciales, inaccesibilidad a la vivienda sin posibilidad de emanciparse. Nunca hasta ahora se les pedía saber tantos idiomas, formación en nuevas tecnologías, en medio ambiente. Cada año son más los que se apuntan a programas de voluntariado.

Pero nos acordamos de ellos cuando están a punto de cumplir dieciocho años en una burda maniobra de manipulación que les ofende. Oiga usted, serán jóvenes, pero no tontos y las ven venir. Claro que les gusta divertirse, pero si de verdad piensa usted en la juventud, ocúpese de dar incentivos a la cultura proporcionando descuentos desde los doce años para comprar un libro, asistir a un concierto o entrar a museos de todo tipo.

Ya han aguantado suficientes cambios de planes educativos, ellos y sus maestros. Así que acuérdense de que, aunque no votan tienen derecho a una formación integral. Les ponemos en las manos el mundo y no les ayudamos a saber gestionarlo. Tienen acceso a relaciones como nunca antes sucedía, pero no les enseñamos a vivirlo desde la responsabilidad. Un 15% de estos adolescentes padecen bullying y eso es lo que vemos, porque hay mucho más. Chicas separadas de sus grupos de amigas, niños víctimas de burlas por su físico o su inteligencia, que ya es triste.

Muchos de ellos desarrollando enfermedades mentales, con tendencias suicidas y autolesiones. Y los educadores, muy bien intencionados, gestionando como pueden sus propios problemas, estresados pensando que no llegan a tiempo a entregar la programación, la memoria, los múltiples informes y la entrega de los exámenes. Si el sistema no funciona, más nos vale, por nuestro bien y el de la sociedad, empezar a cambiar el sistema porque ellos son nuestro futuro, aunque no voten.

Jesús Nieva Ozcoz. Educador de Jesuitas de Tudela

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora