Carta de los lectores

De la villavesa, con la música a otra parte

Una villavesa de la línea 16 pasa por el centro de Pamplona
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Una villavesa de la línea 16 pasa por el centro de Pamplona
Una villavesa de la línea 16 pasa por el centro de Pamplona

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Nicolás Iribas S.

Publicado el 04/10/2024 a las 05:00

De esta semana. Me subo a la villavesa número 7 en el Hospital Virgen del Camino, en sentido Barañáin-Villava. Cuál es mi sorpresa: hay tres chicas jóvenes tocando el violoncello. No es fácil ver esa imagen. Sin tiempo para llegar a la siguiente parada, un hombre mayor y la que supongo es su hija, de malos modos, les dicen que se levanten, que los asientos donde están tocando están reservados para personas como él. Recuerdo que están tocando el violoncello, un instrumento bastante voluminoso imposible de tocar en otro sitio. La segunda vez que, de muy mal tono, les reclama que se levanten, una de ellas dice en un tono exquisito que están trabajando para la Mancomunidad, a lo cual la hija replica que no le contesten… Mientras tanto, ningún pasajero se mueve de su sitio. La chica dice a las otras dos que en la siguiente parada se bajarán. Sin decir nada, en Yamaguchi abandonan el autobús y salen a la calle. Llueve sin parar en Pamplona en un día intempestivo.

Busco en internet y encuentro la noticia de que unos días atrás la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona ha presentado la programación de actividades para celebrar los 25 años del Transporte Urbano Comarcal, entre las que se encuentra previsto realizar pequeños conciertos en diversas líneas de villavesa que se realizarán únicamente durante una hora al día. Tras interpretar dos o tres temas, bajarán del autobús para hacer transbordo y acceder a otra línea.

Después del episodio, me asalta el pensamiento de si no hay otra manera de hacer las cosas. Desde pedir la asistencia del chófer, hasta solicitar que alguien ceda su sitio a la persona que lo demanda. En todo caso, seguro que hay otras formas. Pero, por lo visto, nos resulta más cómodo no hacer nada, aunque lo que estaba siendo un momento agradable, se convierta en una escena de tensión, en particular para unas jóvenes que no hacían más que cumplir con lo que les habían encomendado. Es frecuente oír de boca de algunas personas mayores el comentario de que los jóvenes no tienen educación, etc. Soy testigo de que, en este caso, las cosas han sido muy distintas. Ni en un breve trayecto somos capaces de convivir. La solución: desalojar al que no me gusta. Después echaremos la culpa a los gobernantes de todos los conflictos que hay en el mundo para, así, tranquilizar nuestra conciencia. No conozco a las jóvenes intérpretes, pero desde aquí mi admiración por su actitud. Aunque tuvieran que irse ”con la música a otra parte”. Gracias, chicas, por su discreta lección y por la belleza de una música dirigida a quien, seguramente, no merecía escucharla.

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