Educación
Que nadie ponga palos en la rueda
El flujo continuo de estudiantes provenientes de diversas partes del mundo no solo enriquece nuestras aulas, sino que también impulsa la economía
Actualizado el 04/10/2024 a las 23:51
En un contexto en el que España se sitúa a la cola de la OCDE a la hora de captar universitarios extranjeros de grado, Navarra, con sus universidades de prestigio, es un referente para los estudiantes internacionales.
Aproximadamente, el 20,5% del total del alumnado universitario en nuestra Comunidad es extranjero, un porcentaje que nos coloca entre los líderes de la internacionalización en España. Este flujo continuo de estudiantes provenientes de diversas partes del mundo no solo enriquece nuestras aulas, sino que también impulsa la economía, la sociedad y el bagaje cultural de Navarra.
Cuando en España en su conjunto debíamos apostar por potenciar este activo, el Gobierno central ha planteado medidas que, en lugar de fortalecer este modelo de éxito, pueden comprometerlo seriamente.
El nuevo proyecto de Real Decreto sobre la Selectividad para estudiantes extranjeros, que exige a los alumnos no pertenecientes a la UE o sin convenios de reciprocidad realizar cuatro exámenes, es un retroceso en la apertura de nuestras universidades.
En lugar de facilitar la llegada de talento, se le pone una traba adicional. No pocas universidades ya han alzado la voz. Es necesario reflexionar seriamente sobre el impacto de esta medida, especialmente en comunidades como Navarra, que ha sabido aprovechar esta internacionalización para generar un dinamismo que beneficia a toda la sociedad.
Todavía guardo en la memoria las muchas ocasiones en que, curso tras curso, desde el Ayuntamiento de Pamplona o ya en el Gobierno de Navarra, recibía con gratitud a los estudiantes extranjeros que apostaban por nuestras universidades para formarse.
Cada estudiante internacional aporta en España entre 8.000 y 12.000 euros anuales en matrícula, alojamiento y servicios. En Navarra, más. Estos ingresos tienen un efecto multiplicador en sectores clave como la hostelería, el comercio en general, o las infraestructuras residenciales. Los miles de estudiantes extranjeros que llegan a Navarra generan empleo, vida y riqueza, social y cultural, sí, pero también económica.
No podemos permitir que una normativa restrictiva ponga en peligro esta valiosa fuente de ingresos y revitalización local y foral. A largo plazo, además, muchos de esos estudiantes internacionales deciden establecerse en Navarra, contribuyendo con su talento en sectores clave como la investigación, la biotecnología, la salud o las energías renovables.
La retención de este talento (¡también del navarro y del del resto de España!) es fundamental para nuestra economía y competitividad global. Sin embargo, si se cierran las puertas a quienes deciden formarse aquí, perderemos esta ventaja.
Las universidades de Navarra han creado un entorno intercultural que beneficia tanto a estudiantes locales como internacionales. El contacto con estudiantes de diversos países fomenta ciudadanos abiertos, que en lugar de mirarse el ombligo se encuentran preparados para un mundo globalizado. La introducción de exámenes adicionales puede disuadir a jóvenes extranjeros de elegir España, en favor de destinos más accesibles.
El sistema propuesto por el Gobierno no tiene precedentes en el resto de Europa. Países como Francia han conseguido atraer a miles de estudiantes latinoamericanos, por facilitar el acceso mediante un enfoque más flexible. En lugar de seguir este ejemplo, el Gobierno de Sánchez parece optar por lo contrario, desaprovechando una oportunidad clave.
Por cierto, ¿cuándo aprovecharemos mejor la enorme riqueza del español para potenciar la captación de alumnado internacional? En un contexto de declive demográfico, la captación de estudiantes internacionales no es opcional, sino bien relevante para nuestras universidades. El proyecto de Real Decreto contradice lo que muchos expertos y rectores han señalado: las universidades que mejor se internacionalicen serán las que prosperen en el futuro. Las instituciones navarras, en particular, no pueden permitir este retroceso. Necesitamos políticas públicas que fomenten la atracción y retención de talento, no que la obstaculicen.
Jesús María Ezponda, secretario general de la Universidad de Navarra, advertía con acierto que esta normativa perjudica tanto a los estudiantes internacionales como a los nacionales, ya que reduce la competitividad y calidad de nuestro sistema educativo. En un momento en que Navarra está bien posicionada para continuar su expansión como un polo de innovación y riqueza cultural y educativa, no podemos permitirnos este tipo de decisiones de “aprendiz de brujo”. Con las cosas de comer no se juega. Los experimentos, con gaseosa.
Las universidades navarras, con su compromiso hacia una educación de calidad y apertura internacional, podrían verse seriamente afectadas si se imponen barreras innecesarias a los estudiantes extranjeros. No debemos subestimar el impacto de estas medidas restrictivas en nuestra economía, tejido social y diversidad cultural. La internacionalización es una de nuestras mayores fortalezas, y debemos preservarla y potenciarla.
La educación es la base sobre la que se construye el futuro, y la internacionalización no solo es una oportunidad, sino una necesidad estratégica. Navarra está preparada para liderar este proceso. No cerremos nuestras puertas cuando tenemos la oportunidad de abrirlas aún más.
José Iribas Sánchez de Boado. Ex consejero de Educación del Gobierno de Navarra