Moncloa apunta a fiscalizar los medios
Sánchez esboza un plan que cabalga entre la normativa europea y la pura intervención de la prensa en un intento de recuperar foco en plena debilidad parlamentaria

Actualizado el 17/09/2024 a las 23:45
Cinco meses ha tardado Pedro Sánchez en dar forma a su Plan de Acción por la Democracia y los aromas que emanan del texto retrotraen al esperpento de los cinco días de retiro del presidente tras la imputación de su mujer.
Porque que nadie se engañe. Este afán regenerador, este ímpetu que el socialista quiere demostrar ahora como adalid de la libertad de prensa e información, no es sino causa y fin de todo el batiburrillo de medidas que aprobó ayer su consejo de ministros.
En abril comenzó a tambalearse el castillo de naipes que mantiene a Sánchez en la Moncloa y este plan de acción contra los bulos apenas busca devolverle la iniciativa política y tratar de tapar la complicada situación jurídica que se deriva del caso Begoña Gómez. ¿O es que alguien cree que Sánchez se hubiera metido en este barro de no mediar el juez Peinado? Dudoso.
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Es verdad que lo de ayer es sólo un esbozo, 31 medidas de trazo más o menos grueso con las que marear a la opinión pública y desviar su mirada de la debilidad parlamentaria del PSOE. De la cantidad de votaciones perdidas en lo que va de legislatura y de la imposibilidad cada vez más certera de contar con presupuestos generales.
De ahí que sorprenda e incluso sonroje que quien propone esta “regeneración democrática” sea el mismo que aseveró hace apenas unos días que gobernará “con o sin el apoyo del poder legislativo”.
El presidente Sánchez sitúa los bulos y la desinformación exclusivamente en la derecha, y así es difícil compartir una cruzada que tiene un recorrido, cuando menos, dudoso. Aclarar la titularidad de los medios, sus fuentes de financiación y de publicidad, no es más que trasponer la directiva europea de obligado cumplimiento. Es el resto, esa obsesión por controlar las empresas e intervenir las informaciones que no son de su agrado, lo que debería preocupar.
Para empezar, porque le obliga una vez a un mercadeo con los votos en el Congreso que ya ha comenzado. Ahí queda el indisimulado guiño de ayer a los socios independentistas en su medida “de discriminación positiva” de financiación para los medios íntegramente en lenguas minoritarias. De momento, parte del arco político ha hablado: la oposición, en contra, socios como Podemos o Junts, también. A los morados se les queda corto y los secesionistas quieren pasar factura a la investidura de Illa y el portazo a Puigdemont. Pero una cosa sí ha logrado ya el malabarista Sánchez: que el foco vuelva a girar a él.