Loseta y adoquín no es sinónimo a Ezkio o Vitoria

Actualizado el 05/09/2024 a las 23:17
No me parece baladí la decisión que, por la cerrazón de los navarros del siglo XIX, se tomó cuando el ferrocarril Madrid–París, impulsado y financiado por el marqués de Salamanca, que estaba previsto que de Pamplona fuera directo a Francia por Alduides, se desviara a Alsasua, y de allí a Irún, por ese miedo que nuestros antepasados de entonces tenían a permeabilizar los Pirineos.
Hoy, después de más de 160 años, sus nefastas consecuencias las seguimos padeciendo. Ya comprendo que en los 1.275 kilómetros que separan Madrid de París, cuando se estaba construyendo una infraestructura de la mayor complejidad y utilidad pública, el que los navarros se fijaran en tan sólo 100 kilómetros de ese Corredor, menos del 8% del trazado, pudo ser lamentable, y lo fue. Pero Salamanca lo resolvió: de Pamplona a Irún pasando por Alsasua y me quito de problemas.
No sé si ahora, en el siglo XXI, cuando con relación a la conexión norte del Corredor Navarro de Alta Velocidad con la Y Vasca, se habla de Ezkio o Vitoria nos encontramos ante un entorpecedor, manipulado, interesado y seudotécnico debate y tampoco sé si este tiene paralelismo con el del adoquín o loseta de la peatonalización del Casco Viejo de Pamplona al que, como es sabido, se le dio una solución ecléctica, combinando ambos elementos: adoquín y loseta, y, por cierto, poniendo unas rayas blancas en las que uno se resbala cuando el suelo está mojado.
En la peatonalización del Casco Viejo pamplonés se siguió lo que previamente se había utilizado en los pasillos de la Vuelta del Castillo en los que, si uno observa, los peatones, si pueden, caminan por la loseta en vez de por el adoquín. Años después, cuando se inauguró el Palacio de Exposiciones ‘Baluarte’, en la zona adyacente a este, avenida del Ejército, calle general Chinchilla y en la hoy plaza de la Constitución, solamente se pusieron adoquines y, ante las protestas recibidas, se tuvieron que colocar unos pasillos de loseta. Esto era algo remediable, cosa que no sucederá cuando se decida que el trazado del TAV sea por Ezkio o por Vitoria. Sus consecuencias, como las de la decisión decimonónica de Salamanca, las padecerán durante siglos muchas generaciones de navarros.
En el expediente del TAV no soy inocente, pues fui consejero de Obras Públicas del Gobierno de Navarra de 1996 a 2004, años en los que me reuní en múltiples ocasiones con la autoridad competente en la materia, el Ministerio de Fomento de los gobiernos de Aznar. Lo hice con dos ministros: Arias-Salgado y Álvarez-Cascos, y con tres secretarios de Estado: Joaquín Abril Martorell, Albert Vilalta y Benigno Blanco y con ellos negocié y logré que se firmara un Acuerdo de Colaboración por el que el Ministerio se comprometió a ejecutar, para el año 2010, entre otras obras que afectaban a Navarra, el Corredor de Alta Velocidad en su tramo Zaragoza-Pamplona, la supresión del Bucle Ferroviario y la nueva Estación de Ferrocarril de Pamplona y en esos encuentros siempre se daba por supuesto que la conexión posterior con la Y Vasca sería por Ezkio.
El 25 de febrero de 2004 cesé en Obras Públicas y pasé a Bienestar Social y hasta ese momento el Ministerio había dado todos los pasos necesarios para que esas obras se pudieran ejecutar en tiempo y forma, insisto, para que estuvieran finalizadas en el año 2010. Quince días después de mi cese se produjeron los atentados de Atocha del 11-M y con las bombas del mayor atentado de la historia de España no sólo se hicieron añicos los trenes, con 193 muertos y más de 2.000 heridos, sino el triunfo, que se daba por seguro del PP en las elecciones generales del 14 de marzo y la continuidad del equipo de Fomento. Zapatero llegó al Gobierno y tanto él como su ministro de Fomento, José Blanco, ningunearon al Gobierno de Navarra, paralizaron todos esos proyectos que afectaban a Navarra y ampliaron el horizonte para su conclusión, sin concretar plazos ni presupuestos, hasta el año 2020. Después, cuando el PP volvió al Gobierno en 2011, ante las nefastas consecuencias de la crisis económica que Zapatero, con sus brotes verdes, había negado durante tiempo sin tomar medidas para paliarla, fue imposible retomarlos y, ahora, Pedro Sánchez ya tiene bastante con mantenerse en La Moncloa como para ocuparse de hacer los proyectos de las obras del TAV desde Zaragoza a Castejón y Comarca de Pamplona y no digamos de decidir sobre el trazado para continuarlo hasta la frontera.
Yo no sé si mis ojos verán alguna vez el TAV en Pamplona, pero lo que sí sé es que no hay que dejar de batallar para que la conexión norte del Corredor Navarro de Alta Velocidad con la Y Vasca, cuando se haga, sea por donde siempre se dijo que iba a ser, por Ezkio y no por Vitoria porque, además, el mundo de Batasuna nunca consentirá que el TAV atraviese la Barranca y la Burunda. Por eso, aquí no estamos hablando de adoquín y loseta, como en Pamplona, sino de Ezkio o de que no haya conexión con la Y Vasca.
José Ignacio Palacios Zuasti. Fue consejero de Obras Públicas (1996-2004)