Un país solo no puede
La implicación de la Unión Europea es esencial para combatir con eficacia la migración irregular, que ha desatado un injustificable ruido político

Publicado el 31/08/2024 a las 05:00
La llegada a las costas españolas de precarias embarcaciones atestadas de personas que ponen en serio riesgo sus vidas para huir de la miseria y las guerras es una constante desde hace al menos un cuarto de siglo.
El problema, extendido a otros países ribereños de la UE, ha adquirido en ese tiempo diversas intensidades y aumentado su complejidad, sin que las diversas herramientas empleadas para combatirlo hayan acercado una solución.
Es evidente que solo el control policial y de aduanas resulta insuficiente ante la magnitud del fenómeno y la extrema dificultad de frenar un impulso como el migratorio tras el que se encuentra un deseo mucho más fuerte, como la búsqueda de un futuro mejor, que por lo general acaba por no verse correspondido con la realidad.
De ahí que sean frustrantes estériles refriegas partidistas como las que sacuden estos días el debate nacional.
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El colapso total de los servicios de acogida de Canarias y Ceuta, y la gira de Pedro Sánchez y Elma Saiz por Mauritania, Gambia y Senegal en un intento de que sus autoridades colaboren para frenar las avalanchas de cayucos han enzarzado al Gobierno y al PP en un cruce de acusaciones tremendistas como si sus planteamientos fuesen completamente antagónicos.
En el fondo, la migración “circular” defendida por el presidente junto al “imprescindible” retorno de quienes han llegado a España de forma irregular -un objetivo de muy difícil cumplimiento por mucha demagogia que se haga con él- no difiere de forma sustancial de la postura de los populares, aunque ambas partes parezcan más interesadas en caricaturizar al rival para obtener réditos políticos que en exhibir el sentido de Estado que les es exigible.
Sánchez ha finalizado su viaje a África con promesas, pero sin soluciones inmediatas, y con mensajes en los que ha apostado a la vez por la ayuda a los países de origen de la mayoría de los migrantes irregulares y por reforzar las fronteras. Abordar una solución duradera con flujos regulares requiere la participación solidaria de toda la UE. Un solo país nunca podrá conseguirlo. El reto es demasiado grande.