Cartas de los lectores
Frustración en la estación de Tafalla


Publicado el 12/06/2024 a las 05:00
Resbalo y mis piernas quedan atrapadas entre coche y andén. En la estación de Tafalla la modernidad acabó con el personal y el revisor del tren no se avista. Me auxilian unos jóvenes en pantalonetas y mi rodilla raspada hace el trayecto de pie hasta Pamplona porque los domingos no hay asientos libres. El lunes, de nuevo en Tafalla, vuelo en caída libre sobre el andén al haber aparcado el conductor en la zona de rebaje que permite el acceso al resto de vías. Enfadado, pido explicaciones al conductor quién me remite al Servicio de Atención al Cliente. Replico que hay fallos imputables a la empresa y otros a los trabajadores, pues él debe conocer su locomotora, la estación por la que circula y cómo y dónde parar. El tren parte y me siento frustrado. Frustrado por no haber obtenido una respuesta satisfactoria, frustrado conmigo mismo, frustrado con Adif por haber abandonado la estación, frustrado con el Ayuntamiento que no la limpia, con los jóvenes preocupados con el cambio climático pero que la vandalizan y la llenan de basura, frustrado con Renfe que vende billetes Alvia Tafalla/Pamplona por 20 euros, con su Servicio de Desatención al Cliente (sic), que me responde con un “a dónde vas, manzanas traigo”, frustrado con el gobierno preocupado por traer un tren innecesario y olvidar las líneas que hacen falta, frustrado con los ciudadanos que evitan quejarse por no significarse, frustrado con una sociedad decadente con barniz de cultura, que por toda asunción de responsabilidad elige el exabrupto inútil. Unos carteles de unas elecciones absurdas me interpelan, pero prosigo por la avenida que con la llegada del ferrocarril se convirtió en la calle más elegante de la ciudad. Hoy cuesta reconocerla. Al final de la misma, sentado en el puente, mi amigo me saluda con disgusto. Putin maúlla airado, llegas tarde y se restriega entre mis piernas. Con pose imperial vuelve al pretil desde el que domina sobre el barrio. Ajusta solemne su cola y unas pupilas amarillas me responden, son sólo humanos, después de todo… Cuando cierren la estación, sabes bien lo que ocurrirá. Quedaremos tú y yo, y unos bigotes asienten.
TOMÁS MENA GARCÍA