"A partir de ahí entendimos que hay que aborrecer a Ábalos con tanta firmeza como hay que prescindir de besos en el saludo"

thumb

José María Romera

Publicado el 02/03/2024 a las 05:00

Lo que no logró la pandemia, lo consiguió Rubiales. No hablo de sonrojar a medio mundo, que también, sino de transformar las reglas de la proxémica en lo que se refiere al saludo en su variante afectuosa. Durante algún tiempo que pareció definitivo, la covid había proscrito todo signo de familiaridad que entrañara alguna clase de contacto físico o se expresase a una distancia digamos que poco prudencial. Pero luego estas cautelas se fueron relajando por diversos motivos, el no menos poderoso de los cuales fue la natural tendencia humana a arrimarse al vecino. Con parsimonia pero con resolución, volvimos al roce. Primero nos animamos a acortar distancias, más tarde abandonamos aquella ordinariez del choque de codos -estremece solo recordarlo- y finalmente recobramos abrazos y besos dentro de un orden. O eso creíamos hasta que vino a alterarlo el federativo innombrable. A partir del célebre piquito tras la final de Sidney, otra vez los besos se cargaron de significados incómodos, entre lo pecaminoso y lo delictivo, que recomendaban abstenerse de usarlos fuera de los círculos de confianza. Es lo que el otro día hizo el presidente Sánchez, siempre atento a las tendencias, en la recepción a las jugadoras de la selección española de fútbol con motivo de su triunfo en la Liga de Naciones. Una a una les fue estrechando la mano ceremoniosamente, como avisando desde lejos que esta vez no tocaba acercar las mejillas, y dibujando una sonrisa compensatoria a la que las futbolistas correspondieron con férrea disciplina de equipo. Al verlo en el telediario los espectadores tomamos buena nota, porque hoy los decretos de verdad se publican antes en la pantalla que en el boletín oficial. Ese mismo día y en el mismo orden de oficialidad el exministro Ábalos caía en desgracia y era conducido a la picota. A partir de ahí entendimos que hay que aborrecer a Ábalos con tanta firmeza como hay que prescindir de besos en el saludo. Siempre y cuando, claro, el saludado no sea el presidente Macron, a quien días antes Sánchez había besado a dos carrillos y palmeado la espalda a las puertas del Eliseo. Misterios de la diplomacia. Y es que los códigos de la salutación siempre han sido complejos y, en el fondo, inescrutables. 

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora