Tres meses de parálisis
No existen indicios de que la situación en la que se halla la política nacional vaya a resolverse de forma inmediata, dada la complejidad de las negociaciones para formar Gobierno

Publicado el 23/10/2023 a las 05:00
El endiablado reparto de escaños surgido del 23-J ha impedido la investidura de un presidente del Gobierno al cumplirse tres meses de las elecciones generales. Fracasado el intento del líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, a finales de septiembre, no existen indicios de que la parálisis en la que se halla la política nacional vaya a resolverse de forma inmediata dada la complejidad de las negociaciones entre el Partido Socialista de Pedro Sánchez y el independentismo catalán. Ni la seguridad plena de que ese diálogo concluya con un acuerdo antes del 27 de noviembre, la fecha límite para evitar la repetición de los comicios. Máxime después de que los secesionistas catalanes, Esquerra Republicana y el Junts del prófugo Puigdemont, sigan insistiendo en sus reivindicaciones de la amnistía y el referéndum como postura inamovible para que Sánchez pueda obtener su apoyo. El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, fue muy claro en su intervención en el Senado esta pasada semana, al situar la amnistía por los delitos que se hubiesen cometido durante el 'procés' como punto de partida para acordar un referéndum sobre la independencia de Cataluña. Hoy seguimos sin conocer lo que los socialistas estarían dispuestos a conceder al secesionismo catalán a cambio de sus apoyos para continuar en la Moncloa. Un apoyo, que de producirse, todo apunta a que alumbraría un Ejecutivo de una más que incierta estabilidad al depender de todos los votos de todos los socios en todo momento. La aritmética parlamentaria que arrojaron los comicios de julio hacía presumible tal demora en la elecciones presidencial. Resulta difícil de entender, por contra, la congelación de la actividad en el Congreso de los Diputados, que en este periodo ha evitado las sesiones de control al Gobierno y ni siquiera ha constituido sus comisiones. Y peligrosa la tendencia a descalificar las instituciones que no se controlan, que sólo contribuye a aumentar la crispación política, y ayuda a que precisamente los ciudadanos la perciban como uno de los principales problemas del país.