"Los desafíos del sistema sanitario"

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Francisco Errasti

Publicado el 13/09/2023 a las 05:00

La pandemia nos ha permitido asomarnos con mirada de asombro a las grietas de un sistema sanitario que, en sus cerca de cincuenta años de existencia, ha demostrado positivas manifestaciones de eficacia y calidad, pero también un evidente agotamiento debido a la falta de renovación, de carencia de enfoques y luces nuevas que iluminen el presente y apunten hacia un futuro más halagüeño. Este mismo periódico ha recogido recientemente variadas opiniones que, todas ellas, coinciden en la necesidad no sólo de un profundo cambio en su obsoleta estructura sino también en una gestión que conduzca a una mayor eficiencia de probada eficacia.

Hay una pregunta que revolotea incesante en nuestra mente y requiere una respuesta: ¿Por qué más de once millones de personas en nuestro país -70.000 en Navarra- disponen de un seguro privado pudiendo acudir gratis al sistema público de salud? Nadie gasta su propio dinero inútilmente y, al margen de que la salud es algo prioritario para todos, deben existir variados y sutiles motivos para que tantas personas opten por pagar dos veces su asistencia sanitaria: el pago obligatorio a través de los impuestos y el voluntario a una compañía de seguros (incluidos la elección que hacen en un 80% diversas mutualidades como Muface, Mugeju, etc.). Es fácil imaginar el suntuoso bocado económico que supone para las aseguradoras que ocupan el hueco de la ineficiencia del sector público, algo que no debe confundirse con la calidad de sus profesionales.

Nos encontramos ante un mercado de dimensiones colosales, con previsiones de crecimiento indudables (entre otros factores por el envejecimiento de la población) y nuevos agentes al acecho dispuestos a ofrecer servicios a la carta con modelos de negocio innovadores, como pueden ser las grandes tecnológicas como Amazon o Google. El mercado está dispuesto a resolver la insatisfacción de muchos que están dispuestos a pagar una mejor asistencia.

Europa, y con ella nuestro país, envejece de modo irremediable. Estas personas mayores, acostumbradas a estándares de cierta comodidad, desean mayor atención y las veinticuatro horas del día durante todo el año. ¿No es esto lo que promete el Sistema Nacional de Salud: un sistema público, universal y gratuito? Muchas cosas tienen que cambiar para que las expectativas de toda la población, y en especial la mayor de sesenta y cinco años, quede satisfecha. Está muy extendida la idea de que con mayor financiación por parte de los poderes públicos se resolverían los problemas de la sanidad. Pero la expectativa de que el dinero lo resuelve todo no es cierta, aunque puede ayudar en determinados campos.

Un informe del Instituto de Medicina de Estados Unidos, Better Care at Lower Cost (Mejores cuidados a menos coste), afirma que el 30% del dinero que se dedica a la sanidad no se traduce en una mejora de la salud. Diversos estudios avalan afirmaciones similares que, para quienes desconocen el ámbito sanitario, resulta por lo menos sorprendente y causa estupor en no pocas conciencias. Si estos datos son ciertos, existe un amplio margen de mejora con los presupuestos actuales que, además, hay que incrementarlos. De esto no hay duda.

Gracias al incremento originado por la crisis de la Covid, nuestro país dedica al gasto sanitario cerca del 7% del Producto Interior Bruto (PIB), pero estamos todavía lejos de los países desarrollados de nuestro entorno, que superan el 10% (salvo Gran Bretaña, que está sumida en la esclerosis desde hace bastantes años).

Uno de los desafíos de mayor calado que han de afrontar los políticos responsables de la asistencia sanitaria es el de la “prevención y salud pública”. Y aunque es algo sabido, nadie le pone remedio seriamente. Estudios de conocida solvencia inciden constantemente en la necesidad de dedicar mayores recursos a la prevención que, sin esperar a largo plazo, retornan en ahorros muy importantes en recursos sanitarios junto a una mayor calidad de vida de los ciudadanos. Esto que es innegable y, por tanto, fuera de lo que pudiera considerarse una opinión, tiene un fundamento real en exitosas experiencias relacionadas con una estudiada concienciación de la sociedad sobre lo que se entiende por una vida saludable. Algo se hace, pero muy poco.

La mayor parte de los recursos se dedica a la pura asistencia sanitaria -centros de salud, hospitales, medicamentos, etc.- y no son precisamente (si se compara con la prevención) los que mayor impacto tienen en la salud de la población. El otro gran desafío es el de la pura gestión de la sanidad. Una de sus manifestaciones más relevante es el uso inteligente de la ingente información que rodea a la asistencia sanitaria.

La asistencia ha de estar centrada en el paciente e integrada, que incluya a todos los actores de equipos multidisciplinares en torno a los procesos. Las tecnologías modernas permiten capturar y compartir toda la información entre las organizaciones y el personal clínico; los pacientes, poco a poco, han de ser partícipes activos.

Como botón de muestra, la revista New England Medical Journal advierte sobre la necesidad de preparar a los médicos en la nueva era de los algoritmos clínicos. La medicina debe aprovechar la tecnología moderna en su propio provecho.

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