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"Cuarenta años del Amejoramiento del Fuero"

Avatar del Iñaki IriarteIñaki Iriarte13/08/2022
Este 16 de agosto se cumplirán 40 años desde la entrada en vigor de la Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra, la Lorafna, más conocida como “el Amejoramiento del Fuero”. Algunos pensarán que son muchos años para una ley y que, por eso, es tiempo ya de actualizarla. Personalmente, creo que una ley de calado -semejante a una constitución- no solo puede durar muchos años -haciéndole, de acuerdo, algunas reformas menores-, sino incluso que conviene que perviva a lo largo de muchas generaciones, cuantas más mejor.
Solemos lamentarnos del “cortoplacismo” en política, y se trata, en efecto, de una propensión muy nociva. El que los políticos debamos de someternos cada poco tiempo al examen de nuestros conciudadanos tiene muchas ventajas, pero, lamentablemente, contribuye a que nos desentendamos no ya del largo plazo, sino del medio, porque cuando se avecinan las elecciones únicamente se tienen en cuenta las cuestiones y los resultados inmediatos o recientes. Por eso, las democracias necesitan de algún tipo de contrapeso que, sin menoscabo de la soberanía del presente, sirva para introducir los intereses futuros, sobre todo los de las generaciones que están por venir. Ese mañana que todavía no cotiza, pero que, sin duda, disfrutará y sufrirá de cuanto le legue el presente.
Pues bien, entre tales contrapesos están ese tipo de textos constitucionales análogos al Amejoramiento, que crean un marco jurídico, simbólico e institucional, en donde puedan ir encuadrándose las ocurrencias legislativas, sabias o necias, de los que, como diría Chesterton, andamos ahora por aquí. Con todo, es cierto que si los vivos se empeñan en tirar algo a la basura (sea un marco constitucional, sea su cultura), ni los muertos, ni los que están por nacer podrán impedírselo. Solo estos últimos tendrán ocasión de poner remedio a esa decisión, cuando los vivos estén ya para criar malvas.
Sea como fuere, nuestro Amejoramiento tuvo críticos desde antes incluso de ser promulgado. En concreto, desde que comenzaron a plantearse las distintas fórmulas para ubicar a Navarra en el nuevo estado de cosas que iba a sustituir el régimen del dictador Franco. Contra lo que hoy podría pensarse, las objeciones al proyecto de Amejoramiento no solo provinieron del nacionalismo vasco y la extrema izquierda. Así, hubo quienes plantearon una suerte de retorno al estado de cosas anterior a 1841, es decir, un reino navarro propio dentro de la Monarquía española. A su entender, la recuperación de competencias que ofrecía el Amejoramiento debía de ir mucho más allá y tenía que aprovecharse para derogar la Ley Paccionada (y la ley derogatoria o confirmatoria de fueros de 1839). Estas voces eran, sin duda, respetables, pero resultaron francamente minoritarias. La opinión pública navarra de la época, en efecto, se decantó por una solución menos bella, menos romántica, pero mucho más factible, que era precisamente la que ofreció la Lorafna.
Algunos nacionalistas vascos formularon críticas parecidas a las de quienes añoraban el Viejo Reyno, pero se trataba solo de una maniobra de distracción. El grueso de sus objeciones tenía mucho más que ver con una razón diferente: el Amejoramiento consagraba la existencia de Navarra como una comunidad diferente de Euskadi. Y fue y sigue siendo eso lo que ha provocado que la hayan atacado tan virulentamente durante estos 40 años. No tengan duda: si la Lorafna hubiese atribuido a Navarra la mitad de la mitad de competencias que finalmente estableció para Navarra, pero hubiese incluido en cambio mecanismos que facilitaran nuestra anexión a la Comunidad Autónoma Vasca, le bailarían un aurresku a diario.
Sin embargo, la crítica más recurrente al Amejoramiento durante todo este tiempo ha sido que no fue sometido a ningún referéndum. Es muy cierto que esa consulta al pueblo navarro no se produjo directamente. No se juzgó ni necesario, ni conveniente, porque era de vital importancia que quedara claro que Navarra no se constituía en comunidad autónoma y en sujeto político a consecuencia de la Constitución de 1978, sino que, aprovechando ésta, recuperaba facultades perdidas, en tanto sujeto preexistente a la Carta Magna. Convenza o no este argumento (sutil, si se quiere, pero muy relevante para el largo plazo), no cabe olvidar que la Lorafna sí fue aprobada, y muy mayoritariamente, en el Parlamento de Navarra -que representaba a todo el pueblo navarro- y en las Cortes Españolas -que también nos representaban en nuestra calidad de españoles-. Se trató, en definitiva, de un procedimiento absolutamente democrático. Para quien mantenga dudas, bastará recomendarle que investigue un poco acerca de los textos constitucionales del mundo que no se sometieron a referéndum y que han sobrepasado los 50 años de vigencia. Descubrirá entre ellos a muchas de las democracias más avanzadas.
Por lo demás, no deja de resultar contradictorio que hayan sido precisamente quienes defendían la inclusión de Navarra en el preautonómico vasco (aduciendo, por ejemplo, que en una asamblea de ayuntamientos en Estella en 1931 así se había decidido) quienes más hayan criticado el hecho de que no se produjera ese referéndum. El tiempo, en cualquier caso, dio la razón a esa amplia mayoría que se decantó por la opción de reintegrar y amejorar nuestras antiguas competencias forales. Porque, innegablemente, el texto del que hoy se cumplen 40 años ha servido de marco para convivir, para avanzar en derechos y servicios y para progresar económicamente. Por eso, ojalá que cumpla muchos más.
Iñaki Iriarte López. Profesor de la EHU/UPV y parlamentario foral de Navarra Suma
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