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Ricard, embajador del budismo tibetano

Avatar del Pedro CharroPedro Charro01/08/2022
He escuchado una pequeña entrevista, un podcast, con el monje budista Mathieu Ricard -el budismo nos atrae pues promete aligerar el peso del yo, esa casa a cuestas que llevamos como un caracol- que dejó hace años una prometedora carrera como investigador en biología molecular, y viajó a Tíbet y a la India, donde siguió las enseñanzas de varios maestros. Ricard es además hijo de Jean François Revel, un filósofo de enorme relieve, alguien cuyas obras, como reconocía Savater hace poco, le hacen a uno caerse del caballo y poner todo en cuestión, y hace años escribió con él un libro: El monje y el filósofo, donde ambos conversan, como si fuera un diálogo entre dos visiones del mundo. Nunca se sabe por dónde saldrá un hijo, y Ricard, educado en la racionalidad laica, encontró en el budismo, dice, algo que la ciencia no le procuraba: una auténtica transformación interior, una experiencia espiritual viva y renovadora. Encontró además a gente cuya vida era la imagen misma de lo que enseñaba, lo que entre nosotros no es la norma. Un científico, un filósofo, un médico, no tiene que ser un ser sensible y virtuoso, sino un buen profesional. Ricard se ha convertido en un embajador del budismo tibetano, acompaña al Dalai Lama en sus viajes, y ha logrado además trazar un puente entre el budismo y la ciencia, pues es sabido que el pensamiento oriental tiene asombrosas similitudes con la física cuántica y la meditación es un arma poderosa con efectos demostrados. En la entrevista, aparte de que ríe a menudo, pues la alegría es un rasgo de libertad de espíritu y de bondad, Ricard se muestra muy preocupado por la crisis climática, por la deriva del mundo, y pone un énfasis especial en la cooperación altruista, la única manera de cambiar las cosas, algo que sabemos pero no somos capaces de hacer. Se trata de un altruismo distinto con los que vienen detrás nuestro; millones de seres que no conocemos, pero cuya suerte está en nuestras manos. Ojala en el futuro, dice, no puedan reprocharnos: vosotros lo sabíais y no hicisteis nada.
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