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La historia de España no puede fijarse por una ley

Avatar del Pedro CharroPedro Charro24/07/2022
Con esta ley -ha dicho la ministra Yolanda Díaz, refiriéndose a la de Memoria Democrática- vamos a reescribir la historia de España, lo que es una declaración de intenciones. La historia de España no puede fijarse por una ley, corresponde hacerla a los historiadores desde versiones múltiples, desde luego, pero con método, distancia y toda la objetividad posible. Para una historia unívoca, para una versión oficial, ya teníamos la de tiempos del franquismo, con sus correspondientes buenos y malos. Esta ley lleva tiempo de tramitación y cada vez ha ido a peor, hasta que al final ha salido gracias a Bildu, por lo que no es extraño que, pretendiendo denunciar las vulneraciones a la democracia y el recuerdo de quienes lucharon por ella, no cite ni una vez a la ETA, pese a ser la principal amenaza para la consolidación democrática, y la más empeñada en liquidar demócratas, y considera que el franquismo pudo durar hasta el 1983, lo que justifica el uso de las armas. Un momio. Conviene sin embargo hacer memoria. Justo en 1982 la Eta mató -entre muchos- a López Jaureguizar, delegado de Tabacalera y militante de UCD en el País Vasco que, tras presenciar un atentado en Bilbao quedó conmovido y comenzó a acudir a funerales de víctimas, en su mayoría guardias, en los que apenas estaba la madre y la viuda. Nadie ante aquellas muertes abría la boca, nadie se significaba. Entonces, por hacer memoria, la UCD en el País Vasco, acosada y con varios asesinados, perdió más de la mitad de sus militantes, y quienes continuaron pidieron que no se les enviara correspondencia con el membrete del partido, para que no se les pudiera relacionar con él. La persecución al centro derecha fue implacable y logró -como en general con el resto de posiciones españolistas- su práctica extinción y el consiguiente monopolio del nacionalismo, es decir, la imposibilidad de un normal juego democrático. Por entonces rechazar de frente la violencia de ETA era jugarse la vida y a Jaureguizar se la costó. Reescribir lo ocurrido, si, como si algunos no pudieran soportarlo.
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