"El placer definitivo es volver a hacer cosas que uno creía perdidas para siempre"

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Chapu Apaolaza

Actualizado el 30/05/2022 a las 09:26

El personaje de Moby Dick Queequeeg talló su propio ataúd a bordo del Pequod y yo le construí a Javier una cuna con maderas que encontré por la calle. Ahora, he fabricado un cajón para los palomos buchones y he vuelto a jugar a rugby. Dicen que en un equipo de rugby, unos jugadores tocan el piano y otros empujan el piano. El piano en esta caso era un equipo de gallegos veteranos con la cabeza como la proa de un portacontenedores, gente de ley, tan dura que por poco no termino diciendo Sanxenxo.

Le dije a Jódar: “Háblame, que estoy perdido”, y poco a poco fui encontrándome en el campo. Recordé las sensaciones que creía perdidas para siempre: el miedo de antes, la boca seca, la primera carrera y el primer contacto en su contundencia y descubrimiento de otros huesos y otras carnes, sudores, otros empujes, arrojos y voluntades. El rugby honra sagradamente al contrario, pues somos en la medida en que hay otro enfrente de nosotros. Luego está toda aquella efervescencia de muslos, torsos y resuellos, y la carrera que de pronto emerge de entre el barullo, un disparo límpido, una metralleta de zancadas. Y el ahogo, y el dolor, el fuego de la herida, el sabor de la sangre en la boca y también el momento de felicidad en el que uno decide percutir o placar y que sea lo que dios quiera.

Y ese instante en el que uno antes de salir al campo, con el estómago en la garganta, se coge por los hombros con catorce tipos del Cisneros que son lo único que va a tener en el mundo a su favor durante la hora siguiente. De ellos depende tu culo y el suyo de ti, no hay mucho más y tampoco mucho menos. Ya casi había olvidado esta felicidad en el imperio de prudencias por el que transito como un forajido. El placer definitivo es volver a hacer cosas que uno creía perdidas para siempre. A la muerte no se le puede ganar definitivamente, pero de vez en cuando la vida te ofrece la posibilidad de tocarle los cojones y no conviene desperdiciarla.

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