"Es una lucha desigual entre un héroe a la fuerza, frente a un viejo zorro del KGB que le desprecia"

Publicado el 07/03/2022 a las 06:00
Vemos a Putin siempre con cara de enfado en su larga mesa satinada con gruesas patas labradas, una mesa imposible en una sala donde no corre el aire, y entendemos que este hombre, aunque gane la guerra, está perdido, no tiene nada que hacer, es de otra época, pertenece al siglo XX, o incluso al XIX, no funciona, vive en la indigencia estética y moral de un matón, en una virilidad anticuada y ostentosa, montando a caballo si camiseta, mientras avanza costosamente por Ucrania con una tropas de reclutas desalentados que creían que iban de maniobras y ahora comen comida caducada y cada poco les cierra el paso una fila de hombres desarmados; va perdiendo la batalla de la comunicación donde hoy se juega todo, es un paria, mientras al otro lado crece la imagen del hábil Zelensky que sale a la calle a grabarse con su móvil y lanza mensajes a las redes que se entienden muy bien, pidiendo ayuda, buscando la complicidad del mundo, nada que ver con la mesa vacía de Putin, exiliado de cualquier contacto humano. Puede que Ucrania no se entienda sin Rusia, pero este ataque le da empaque de nación unida, le inyecta un vigor extraordinario, la hace digna de lo que quiera. Un autócrata es siempre un hombre de malas pulgas a quien nadie se atreve a llevar la contraria, mientras que Zelensky es un simple actor de comedia -con grandes dotes para la tragedia, como se está viendo- que viene de la revolución democrática del Maidan; un tipo cercano, joven, convertido de pronto en un símbolo de todo lo que peligra en Ucrania y en todas partes: la sociedad abierta, la imperfecta democracia, los valores de la decadente Europa que ya no nos creemos, a la que vienen los oligarcas a gastarse el dinero, pero que en Ucrania son un desafío. Es una lucha desigual entre un héroe a la fuerza, frente a un viejo zorro del KGB que le desprecia y le llama payaso y drogadicto, pero que ha perdido la batalla del relato y la razón, y que solo puede ya sostenerse a sangre fuego hasta que Rusia despierte.