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"Valieva, una niña de apenas 15 años"

Avatar del Pedro CharroPedro Charro28/02/2022
Cada noche, huyendo de las cruentas batallas del PP y las que se anunciaban más al este, he visto los resúmenes de las olimpiadas de invierno de Beijing, atónito ante los nuevos deportes que ni siquiera sabía que existían, llenos de saltos y acrobacias, por no hablar de esos trineos donde hay que ir cabeza abajo, y donde ha brillado por encima de todo la patinadora rusa Valieva, una niña de apenas 15 años que se acercaba a la perfección, hasta que de pronto se supo que había un positivo en doping antes del comienzo de los juegos. Dopar a una niña de 15 años para que un país deslumbre es una crueldad y en el caso ruso llueve sobre mojado, pues este país es reincidente y no puede competir como tal. El dopaje, que es una lacra en muchos sitios, allí es una práctica habitual que viene de los tiempos soviéticos, donde los deportistas eran una avanzadilla que debía ganar a Occidente como fuera para demostrar la superioridad socialista. En Beijing, contra toda lógica, el comité olímpico dejó a Valieva seguir compitiendo, condicionado a que se confirmara el dopaje. Una solución de compromiso en un momento en que las tropas rusas amenazaban Ucrania, y con la que tal vez se quería aplacar a Putin, más o menos lo que ha hecho Europa en esta crisis, sin que haya servido para mucho. La pequeña Valieva era de pronto una pieza en un tablero, un guiño a la otra parte, en realidad una niña sometida a una presión inaguantable. Tenía que competir al máximo nivel, sabiendo que luego podía perderlo todo y ya no iba a importar a nadie. Era la imagen de fragilidad de todas las víctimas que una guerra sacrifica sin inmutarse, un peón en una lucha que no va con ella. Al final se derrumbó. En su último ejercicio, después de una semana de enorme tensión, Valieva, al hacer un cuádruple imposible, algo que solo ella puede hacer, cayó al suelo, y arruinó sus opciones. Volvió llorando a su sitio, inconsolable y allí no recibió sino la fría mirada de su entrenadora, porque no hay piedad para los que no están a la altura de lo que la patria demanda.
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