"Entrar con un crío en el Museo de Navarra te hace perfectamente sospechoso de algo, pero no sé de qué"

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Chapu Apaolaza

Actualizado el 27/02/2022 a las 12:42

Al ver una televisión en la muestra de Genz del Valle en el Museo de Navarra, los niños se sentaron delante, como es natural, y Guillermo dijo: “Qué pena que no haya mando”. Después, la cosa cambió. En la pantalla, la cámara recorría a paso de marcha una vía de tren abandonada en un paisaje de Navarra, seco en dorados con infinitos matices, casi el planeta Marte con bojes, casi el paisaje de un cuadro de Echauri. Se quedaron todos en fila, sentados ante la imagen y su movimiento que cruzaba zarzales, campos de rastrojos, tres cipreses a lo lejos, creo recordar, un túnel, el esqueleto de una oveja; una vida en descomposición. A los cinco minutos, les preguntamos si querían que nos fuéramos y dijeron que no. Pasaron allí un cuarto de hora largo, callados y quietos ante la obra, quién sabe dónde estarían viajando. Paz tenía razón. Los niños nos dan mil vueltas en los museos. Es una lástima que los traten tan mal. Entrar con un crío en el Museo de Navarra te hace perfectamente sospechoso de algo, pero no sé de qué. Los vigilantes le persiguen a uno con cara de pocos amigos y a cada poco chistan pidiendo silencio y exigiendo que el niño vaya de la mano del padre, algo complicado cuando lleva tres, así que terminan retorciéndose en el suelo de la sala. Se supone que los vigilan porque en cualquier momento, el niño saltará y cortará con sus garras algún paisaje de Ciga o algo -¿han probado a poner un cordón?- Y en realidad no merece la pena que vayan al museo. Porque los niños son tontos, o algo, y no se les cuentan las cosas porque no las entienden, se deben creer. Esa niña que va por ahí, cuando tenía seis años, estuvo un tiempo leyendo antes de dormir el catálogo de la muestra de Tutankhamon y el del Museo Arqueológico Nacional, y le habla de tú a la dama de Elche, pero si le explica a su primo pequeño lo que es un ajuar funerario en un volumen más alto que un susurro, los vigilantes le pegan la bronca a los padres porque molesta. Los niños en los museos son insoportables. Mucho mejor que estén vacíos.

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