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"Hay una España para la que el campo es lo que sucede por encima del quitamiedos de la autopista"

Avatar del Chapu ApaolazaChapu Apaolaza11/01/2022
Del asunto de las macrogranjas y la poor quality meat de la que hablaba Alberto Garzón en ‘The Guardian’, lo mejor está siendo escuchar cómo gente que no ha frito un huevo en su vida discute sobre la calidad de la carne en la sartén. Quiero decir que viene perorando sobre si la carne mala suelta agua un tipo que no ha frito un huevo. Hace no mucho le dieron un premio literario de primer orden a una escritora que recientemente se sorprendía de haber descubierto el pimentón. Mi amigo Juan Dopico, de los Dopico del pimentón de León, le echaba pimentón a la papilla del niño y cuando se lo recriminó su mujer, contestó: “Si no le gusta el pimentón, es que no es de León”, y en esa frase hay verdad, se ponga el pediatra como se ponga. Yo creo que no se puede aprehender el espíritu del mundo y contarlo en una novela si no sabes cómo se hace un sofrito con pimentón como tampoco se puede dar lecciones sobre la calidad de la carne en España si no sabes que para freír un filete hay que calentar antes la sartén. Cuando debaten sobre lo rural, las elites urbanas componen un espectáculo impagable. Hay una España para la que el campo es lo que sucede por encima del quitamiedos de la autopista o, peor, el compost para el macetohuerto en el balcón de un piso de Malasaña. Luego esto lo cruzas con las reivindicaciones de la izquierda y te sale que, entre la ganadería extensiva, la prohibición del uso de medicamentos veterinarios, el despertar a las reses a las nueve de la mañana con música de James Rhodes y los impuestos al cochino transporte por carretera, el kilo de filetes le va a costar 32,8 euros al obrero mileurista. Nos quedará el regreso al paraíso de lo rural: dos horas de caminata hasta el colegio, un médico para todo el valle, comprar cosas a cambio de gallinas, esperanza de vida de 52 años para tus nietos, conocer París por la revista que trajo uno del pueblo de al lado, matar un pollo por Nochebuena y echar al cocido el hueso que en Navarra alquilaba el sustanciero por minutos, o eso contaba Julio Camba, que igual se lo inventó, pero ahí hay una idea para una ‘startup’.
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