"Si Yolanda Díaz anuncia que pasa de algo, es que se pirra por ello"

Actualizado el 09/01/2022 a las 19:24
Yolanda ha dicho que no quiere, señal de que lo está deseando. Desde que murió Georgie Dann (lo vi actuar en la Plaza de la Cruz unos sanfermines), a todo le pongo el soniquete de sus canciones: “Yolanda no quiere-Yolanda no quiere”, así llevo todo el día, con la música de la canción del negro. Yolanda es Yolanda Díaz y no quiere es ser presidenta de España, de lo que rápidamente se deduce que será candidata. A ciertos políticos hay que entenderlos a la inversa. Si Sánchez promete que esto o lo otro va a suceder, es prueba de que no va a pasar nunca, y viceversa. Si Díaz anuncia que pasa de algo, es que se pirra por ello. Yo esto lo sé porque un día me dijo muy seria que ella no quería liderar la izquierda, que no, que para nada y ahí la tienen. Ahora ha dicho que su proyecto consiste en tener una conversación con los españoles. Hablará con todos, salvo con los banderilleros a los que siendo ministra de Trabajo dejó sin las ayudas por la pandemia porque le salió de su ‘Yolandía’. O se las negó sin querer.
Me asusta la gente que hace las cosas sin querer hacerlas, pero las acomete porque el destino le empuja a ellas o por una suerte de providencia que contraviene su voluntad. En realidad, si uno se convierte en ministro, en vicepresidente y en candidato a la presidencia de un país en contra de su voluntad, es que su voluntad no tiene ni media ‘guantá’. A ver porqué hace una cosa que no quiere, me pregunto. Si es porque alguien se lo pide, malo, pues le pedirán otras cosas que no querrá y debemos entender que accederá. Si en cambio lo hace porque cree que no hay otra persona mejor para hacerlo, estamos ante un peligroso iluminado. Si lo hace porque lee el destino en los posos del café, a saber qué mensajes leerá en el café de mañana. Hay que desconfiar del que hace en contra de su voluntad cosas nada más allá de las obligaciones que impone la vida: madrugar, trabajar y partirse los riñones para llevar el pan a casa. Uno no es candidato a presidente del Gobierno si no quiere.