El ‘gordo’ de la lotería y vivir sin trabajar

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Jose Murugarren

Publicado el 26/12/2021 a las 06:00

El “gordo”, como vivir sin trabajar, es una utopía al alcance de unos cuantos indeseables. Lo de indeseables es un desahogo solidario con quienes se ganan el mendrugo trabajando como corrresponde. Y envidia. Perdón.

La lotería de Navidad si lo piensas es un gigantesco dispendio que parece fundamentado en los principios de la economía piramidal. El Estado capta clientes que pagan para engrosar sus arcas y distribuye una parte de lo que ingresa entre los millones de jugadores. Visto así la lotería se fundamenta en el hecho contradictorio de repartir poca buena suerte y mucha mala . El que parte y reparte se queda la mejor parte dirá alguno.

Para que puedas disfrutar de los 400.000 euros por décimo con los que te premiará el Estado si te ha tocado el ‘gordo’ es imprescindible que cientos de miles de personas pasen por ventanilla y entierren el dinero que han invertido en comprar décimos y participaciones. Si se cubre la oferta el Estado ingresará unas cuantas decenas de millones . Un mordisquito. ¿Imaginas que alguien fuera solicitando aportaciones de 20 euros a cambio de boletos para organizar una rifa y se quedara con semejante bocado?

Si usted es un fan de los niños de San Ildefonso y de los sorteos le pido disculpas. Siento quitar encanto a la lotería más popular del país y pido la indulgencia de los vecinos de Elizondo e Irurita. Sus paisajes de nieve y caseríos de película han decorado este año el hechizo. Han alimentado ese mecanismo que convierte las vueltas del bombo en expectativas de felicidad de cuento. Quien inventó este tinglado ha conseguido que con meses de antelación pidas una participación de 5 euros por ejemplo mientras te aprovisionas de hortalizas en una frutería de Valencia o que cuando disfrutas del puente foral, no sé, en un pueblo de Burgos además de las morcillas y la botella de Ribera eches al coche una participación de este extraño negocio en el que muchos clientes invierten para que unos pocos se queden con un buen bocado sin arriesgar otro dinero que el nuestro. Pero si se mira crudamente la lotería no es un conejo que sale de una chistera. La misma realidad puede ser mágica o descarnada. Con o sin glamour. En Navidad preferimos envolverlo todo. Papel de regalo hasta para los calcetines que ponemos en Reyes y jugar al encantamiento en el negocio de la lotería. ¿Hay algo más increíble que aventurarnos a creer a pies juntillas que el mundo nos envía señales para comprar números? Nos gusta relacionar la fecha de cumpleaños con el décimo que luego pediremos en la administración. O imaginar que si en el momento en que viertes el café estás viendo enla tele ‘La 1’, esa circunstancia no es azar sino un mensaje que envían los hados para comprar décimos que terminen en ‘uno’. O compartir el ascensor con un extraño que pide subir al cuarto y entender que el 4 tiene posibilidades de hacernos millonarios. Lo dicho. El ‘gordo’, como vivir sin trabajar, es una quimera imposible pero al alcance de unos pocos envidiablemente indeseables. Por eso envío mi solidaridad a quienes tienen que continuar arrimando el hombro.

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