"Hablamos de un mundo arrasado del que no quedarán las más mínimas referencias"

Publicado el 28/09/2021 a las 08:32
Se hundió el campanario de Todoque de un golpe, como el ahorcado en el cadalso. Lo sé porque dieron la imagen en serie en los informativos: una torre que se derrumba y desaparece en una nube de polvo gris que se eleva al cielo.
Comparado con el balance de otras catástrofes, que seis mil personas salgan evacuadas de la ladera de un volcán en erupción me parece algo que se debería celebrar más. Perder la casa siempre es mejor que perder la vida.
En uno de los primeros días del desastre, escuché de fondo a un tipo que se quejaba de que habiendo perdido a su padre, perder su casa había sido “peor”.
La escala de los desgarros que se impone ante el infortunio es extraña y es cierto que le preguntaron en caliente, pero he visto a gente deshacerse sobre las cuchillas del duelo más terrible y nunca escuché nada semejante.
Uno de mis amigos intentó que comprendiera al dueño de la frase y me dijo que la casa era su sustento y su forma de vida, y que para él podía resultar más importante que una relación familiar. Eso era justamente lo que me preocupaba. Otros creyeron que quizás el padre era un miserable. Ni siquiera así. Que cada uno es cada cual es una idea en la que me refugio con cada vez más frecuencia.
Lo que contemplamos es el desconsuelo por un mundo entero sepultado bajo diez metros de piedra que nunca podrá volver a reconstruirse.
No se trata tanto del dolor de perder la piscina de uno, la plantación o la nave donde hasta ayer guardaba el tractor y los cacharros.
Hablamos de un mundo arrasado del que no quedarán las más mínimas referencias: el arroyo, la cuesta, el prado, el recodo del camino donde uno lloró, donde uno besó, donde vio y donde recuerda, toda la geografía que hace posible el relato compartido, la historia y la patria.
Bajo la lava quedará sepultada la memoria que generaciones de hombres y mujeres tejieron en caprichosas trayectorias y que encuentra sustento sobre una tierra que tiene esa forma y no otra. Ese conjunto de sucesos, amores y desdichas sucedieron en ese territorio sobre el que hasta ayer se erigía una iglesia con una torre, y ya no.