“Defiendo el bombo del Estruendo y el serenísimo bombo de la procesión del 7 de julio”

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Chapu Apaolaza

Publicado el 07/09/2021 a las 06:00

El demonio habita en ordenanzas municipales. Para la celebración de las regatas de la Bandera de la Concha este domingo, el Ayuntamiento de San Sebastian ha prohibido los instrumentos musicales y de animación, en especial el bombo. El otro día escuché uno en una corrida de Navas del Rey (Madrid) cuando la banda se arrancó con el himno de la Peña La Única, y ya me inspira más que ‘La Marsellesa’. Atacan el bombo y no la batucada, con su racarraca, su catapúm y su violencia uniformizadora. Porque la txaranga, que es cachonda, invita al disfrute epicúreo de la existencia, a la mano en la cintura, al abrazo y al beso y, en cambio, la batucada anula cualquier posibilidad de goce que no sea el de someterse al régimen de su ritmo soviético y a su absolutista coreografía. Temo que este tipo de medidas las dicte, más que la ciencia, una suerte de moral sanitaria. A ver si no por qué se puede ir detrás de una pancarta y no de una txaranga. Salgo aquí a hacer apología del bombo que sostiene la épica de ‘Agüero’ en las mulillas o del de La Jarana que vuela a ‘195 bpm’ cuando, a la salida del callejón después de los toros, Elena levanta los brazos para bailar la jota. Defiendo el bombo del Estruendo y el serenísimo bombo de la procesión del 7 de julio cuando suena ‘Jerusalén’, y también el bombo de las peñas y de las regatas que, con su fuerza intempestiva, impulsa al ser humano en la determinación de dejarse el bofe en el fondo de una trainera mientras cruza la Barra de Donosti persiguiendo una ballena imaginaria. El bombo activa un resorte que queda más o menos debajo del diafragma y que nos empuja a ir a matarnos cantando y bailando. Hablo de un instrumento sagrado que hace sonar la llamada de la fiesta, que es el latido del Universo. Sin él, las traineras volverán en silencio desde la ciaboga -más lejana que Nantucket- y en la última ‘txampa’, a punto ya de desfallecer, los remeros no escucharán los acordes de la primera estrofa de ‘Arrantzaleak’ -“Arrantzaleak gire, bai donibandarra / Itsasoa da gure ama” (Somos pescadores de San Juan / el mar es nuestra madre)-. El Ayuntamiento ha tomado la castrante decisión de prohibir “los elementos de animación” (sic.). Será que tristes, nos contagiamos menos.

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