“Las expectativas de una pronta salida de la crisis tienen que servir de acicate para respetar de forma rigurosa las condiciones de uso de las mascarillas”

Actualizado el 27/06/2021 a las 06:00
Por primera vez en trece meses, España amaneció ayer sin una generalizada presencia de mascarillas en la vía pública.Un amplio sector de la ciudadanía, entre ellos muchos en Navarra, optó por mantenerla pese al levantamiento de su uso obligatorio al aire libre cuando sea posible mantener la distancia de seguridad con personas no convivientes, lo que demuestra una saludable prudencia. Aun así, la medida transformó la imagen de nuestras calles al dejar de nuevo al descubierto la gestualidad de rostros tapados durante largo tiempo para evitar contagios. Una cierta liberación que simboliza el avance hacia la anhelada normalidad. El fuerte descenso de los positivos, con su correspondiente impacto en la presión hospitalaria, y los progresos en la vacunación han hecho posible este paso y la eliminación de las restricciones más severas. Es fácil de entender que, tras una interminable excepcionalidad, la población esté ansiosa de recobrar hábitos aparcados. Sin embargo, la sociedad española parece haber entendido que sería un error comportarse como si el virus, del que siguen apareciendo nuevas variantes, hubiera desaparecido por completo y relajar el cumplimiento de las acciones preventivas, incluida la utilización de mascarilla en los casos establecidos, todavía numerosos. La covid ha perdido capacidad de infección y es menos letal, pero aún puede causar daños irreparables. Además, siguen siendo minoría los inmunizados que han recibido la pauta total. La cautela, por tanto, resulta obligada a pesar de que haya bajado el nivel de alarma. En estas circunstancias es comprensible que la prudencia aconseje a numerosos ciudadanos seguir utilizando mascarilla en los espacios exteriores existan o no las aglomeraciones que imponen su empleo. Esa libre decisión redunda en beneficio de todos y merece el máximo respeto. Las expectativas de una pronta salida de la emergencia sanitaria han de servir de acicate para respetar de forma rigurosa las condiciones de uso de las mascarillas y los límites a las reuniones grupales para impedir contagios. El esfuerzo pendiente es mínimo en comparación con el realizado.
