"Un año después se mantiene la excepcionalidad instalada en nuestras vidas"

La pandemia, en vías de solución un año después gracias a las vacunas, no solo ha dejado profundas heridas en la salud y la economía, sino cambios sociales que han venido para quedarse

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User Admin

Actualizado el 14/03/2021 a las 06:00

La mayor pandemia del último siglo ha dejado al desnudo la vulnerabilidad de nuestra sociedad. Resultaba inimaginable que un virus fuera de control paralizara el planeta, instaurara el miedo global, obligara a cientos de millones de personas a refugiarse en sus hogares y pusiera contra las cuerdas los sistemas sanitarios y la economía mundial. Ese escenario, propio de una novela de ciencia-ficción, se tornó realidad y forzó hace un año la declaración del estado de alarma y el confinamiento domiciliario en España. Transcurrido ese tiempo con el trauma colectivo que representan casi 72.000 muertos y más de tres millones de contagiados según las cifras oficiales, la persistente emergencia sanitaria mantiene la excepcionalidad instalada en nuestras vidas, aunque la llegada de las vacunas permite vislumbrar por fin el regreso a una cierta normalidad. El hecho de que los devastadores efectos de la covid fuesen impredecibles no exonera a las administraciones de sus negligencias en la gestión de la crisis. No supieron detectar a tiempo la irrupción del coronavirus, infravaloraron en un primer momento su gravedad y, cuando reaccionaron, ya estaban desbordadas por la magnitud de un tsunami arrasador. Ir por detrás de los acontecimientos sin adelantarse nunca a ellos en medio de improvisaciones y bandazos ha sido una constante. Aún así, el sistema de salud ha superado con nota una embestida tan brutal, pese a la extrema tensión a la que se ha visto sometido. El encomiable esfuerzo de sus profesionales ha compensado apreciables carencias que deben ser subsanadas y ha reforzado el prestigio de la sanidad pública. Sin ignorar la enorme dificultad de combatir con eficacia una situación tan extraordinaria, no habla bien de la labor de nuestras instituciones que España tenga una de las mayores tasas de mortalidad del mundo y el desplome del PIB más severo de la UE. El país se enfrenta a una profunda crisis económica de la que tardará en salir más que los restantes socios de la Unión y que tendría que aprovechar para transformar su tejido productivo con las ayudas europeas. Ojalá que hayamos aprendido de los errores cometidos para no repetirlos en el futuro.

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