Tras la pandemia, crisis económica

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JOSÉ ANTONIO SARRÍA

Actualizado el 17/04/2020 a las 06:00

La pandemia está provocando una catástrofe mundial que nos ha cogido por sorpresa. Nadie había previsto algo semejante y sus consecuencias están originando mucho sufrimiento en cantidad de países del mundo y, en concreto, en Europa. Esta situación lamentablemente está provocando el fallecimiento de muchísimas personas, así como el confinamiento de los ciudadanos en sus casas y, en consecuencia, la paralización de muchas empresas. No tenemos vacunas ni otros remedios para frenar la extensión de este mal. Solo los tratamientos, cuando ya nos hemos contagiado, y el grandísimo esfuerzo de nuestro sistema y personal sanitario, ejemplo de dedicación y solidaridad del cual tenemos mucho que aprender.


Tenemos que luchar para superar esta situación cuanto antes, evitando más sufrimiento y, sobre todo, más fallecimientos. Existe un gran problema sanitario por resolver cuanto antes. Tiempo habrá, con calma e información, de juzgar si las medidas que nuestro Gobierno ha tomado han sido las más adecuadas, si se implantaron con retraso y falta de previsión, así como también las razones de la escasez de elementos de protección que el personal sanitario y el conjunto de la sociedad sufre. En cualquier caso, España ya figura a la cabeza de los países europeos más afectados.


Hoy quiero escribir de lo que viene. Es decir, del terrible impacto que se está provocando en el mundo empresarial, económico y laboral. Las previsiones de sus efectos en Europa van a ser muy importantes, de manera que estamos inmersos en una profunda recesión económica, de consecuencias y gravedad difícil de determinar, ya que su intensidad estará ligada a la duración del confinamiento y por tanto de la paralización de la actividad. En esta situación, los países europeos pueden tomar decisiones al margen de la UE tratando de resolver sus problemas por sí mismos centrándose en sus intereses individuales, o, por el contrario, trabajar para hacer una unión más fuerte, incrementando el grado de colaboración en muchos aspectos, desde el económico al de la cooperación científica. De momento, como hemos visto recientemente, los países del norte no se fían de los, según ellos, gastadores y poco eficaces países del sur, haciendo por el momento imposible la emisión de eurobonos mutualizados.


Admitiendo la recesión como inevitable, la economía española va a ser muy seriamente afectada. CEOE, junto con otros analistas económicos, establece unas previsiones en horquilla para el año 2020 dependiendo de la duración del confinamiento, que fijan un PIB negativo entre el 5% y el 9%. El paro aumentaría en 560.000 y 912.000 personas llegando a situarse entre los 3,8 y 4,2 millones en total. Por otro lado, el déficit aumentará, teniendo en cuenta que los ingresos públicos se reducirán y los gastos se incrementarán, de manera que se estiman valores entre el 7,5% y 11% del PIB, apuntando, con suerte, estar en el 4,5% en 2021. Obviamente, el Gobierno no podrá subir los impuestos y tendrá que fomentar la eficiencia del gasto público.


España en relación con la mayoría de los países europeos cuenta con dos importantes aspectos negativos para enfrentar esta situación. En primer lugar, a pesar del crecimiento de los últimos años, seguimos teniendo un déficit del 2,6% del PIB, una excesiva deuda del 95,5% del PIB y unos niveles de desempleo altísimos. En segundo lugar, en esta muy adversa situación a la que nos enfrentamos, contamos con un Gobierno débil, con comunistas en su seno y dependiendo permanentemente de los independentistas. Los comunistas no dejan pasar una oportunidad para restringir lo privado en beneficio de lo público, especialmente en situaciones como esta, donde la seguridad se utiliza como argumento para restringir libertades. Los periodos de crisis son ideales para que los ciudadanos estén dispuestos a perder libertad para ganar seguridad. La doctrina comunista nada tiene que ver con la mejora y el bienestar social. No debemos olvidar que comunismo y progreso son irreconciliables.


Tenemos que enfrentarnos a una tarea difícil. Atendiendo las previsiones económicas, da miedo pensar en cuántas empresas, sobre todo pequeñas y autónomos, van a luchar por no desaparecer y cuánto nuevo desempleo se va a añadir al que tenemos, trayendo más sufrimiento a nuestra sociedad. Por este motivo, es importante trazar planes para hacer frente a esta nueva importante recesión. Para ello, primero hay que conseguir acuerdos sobre lo que hay que hacer entre todos los agentes políticos, económicos y sociales. En consecuencia, los políticos tienen que dejar previamente su habitual palabrería hueca que nos tiene hartos. Tienen que dejar de priorizar sus intereses partidistas, sustituyéndolos por los del país y sus ciudadanos, que están cansados de oír lo bien que lo hacen ellos cuando gobiernan, y lo mal que lo hicieron o lo harían los otros partidos. Hay que dejar de gobernar o hacer oposición solo para seguir gobernando o para alcanzar el poder. Es momento de tener un gobierno bien preparado técnicamente que trabaje para alcanzar acuerdos con la mayoría de las fuerzas políticas, de manera que se puedan establecer consensos con los agentes económicos y sociales y juntos librar al país en el plazo más corto posible de la recesión. ¿Son estos unos nuevos pactos de la Moncloa?, tal vez. En aquella ocasión, nos fue bien. Debemos intentarlo de nuevo, adaptándolos a las circunstancias actuales. Los empresarios siempre estaremos dispuestos a reunirnos y participar para alcanzar acuerdos, trasladando las inquietudes y necesidades de las empresas, sobre todo pequeñas y autónomos. ¿Lo lograremos? Es una importante reflexión para la sociedad civil.


José Antonio Sarría Presidente de la CEN

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