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¿Reforma laboral? ¿Ahora? ¿En serio?

Carlos Zamora

Carlos Zamora.

Actualizada 20/03/2019 a las 14:48
  • Carlos Zamora
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A veces, cuando uno da cuenta de las noticias en los medios de comunicación (prensa, radio y televisión) antes de perder la fe en el sentido común y abandonarse al pesimismo radical, se intenta consolar pensando que todo lo que ve, oye y escucha es fruto del ansia por ocupar portadas en vísperas de campaña electoral por parte de algunos políticos. Pero… ¿y si no fuera así? ¿Y si pretendieran hablar en serio? ¿Y si al final sí que intentan derogar la reforma laboral en el tiempo de descuento, con unas elecciones generales convocadas, sin consenso alguno y sin propósito de solventar problemas de tamaña envergadura? ¿Y si con el único motivo de potenciar una campaña electoral son capaces de sumir el mercado laboral en el más absoluto de los caos?

Supongamos que sí, que va en serio y se sacan de la manga un decretazo que dé una voltereta al ordenamiento laboral tal y como lo conocemos. Pasado el 28 de abril nos podemos encontrar con dos escenarios: Uno, que el Gobierno interino revalide su mandato y se consolide una reforma improvisada y al margen de todo consenso. No sería desde luego el mejor de los augurios para el mercado laboral y desde luego tampoco para la economía en general. Pero el segundo escenario tampoco es mucho mejor: que llegue cambio de gobierno. Estaríamos ante las mismas repercusiones, pero además con la sensación de volver al punto de partida, con la necesidad de volver a empezar de nuevo, con la impresión de que la madeja se ha enmarañado tanto que va resultar imposible desenredarla.

Quiero pensar que esto no va en serio, y que solo es un amago, que no van a poner patas arriba el ordenamiento laboral solo por fines partidistas. Y lo espero por muchas razones, pero sobre todo por una, la principal; este es un asunto muy serio, y estando bien o mal, según se mire, cualquier modificación requiere de un amplio consenso, de un estudio, de un detenimiento suficiente, para que, además de intentar satisfacer a todas las partes implicadas, favorezca a la estabilidad, fomente el crecimiento económico, y lo más importante: que dure. Que dure porque amén de ser un asunto muy serio que podría traer repercusiones a muchos niveles, puede marcar el sendero económico a medio y largo plazo y no es cuestión de seguir azuzando el miedo en los mercados con más incertidumbre y devaneos. Es un asunto tan serio que viene pidiendo a gritos desde hace mucho tiempo un Pacto de Estado. Y sin embargo, en lugar de afrontarlo con la altura de miras necesaria, la posible reforma laboral aparece estos días en los medios de comunicación como arma electoral, como intento desesperado de revulsivo en el último momento, como el intento de canasta desde el centro de la pista sobre el sonido de la bocina.

Sigo insistiendo, como lo he hecho otras veces en que esta cuestión requiere una perspectiva más amplia y no dejarse engañar por los aparentes resultados de la deriva fiscalizadora de las relaciones laborales que se viene observando desde la toma de posesión del gobierno actual. A pesar de las “positivas” noticias publicadas en torno a las cifras logradas por Inspección de Trabajo en nuestra comunidad, uno que acostumbra a bregar en estas lides desde el barro, desde la trinchera, se pregunta cuánto de positivo traerán los efectos secundarios de estas medidas. Es verdad que gracias a la nueva vuelta de tuerca en la fiscalización de las relaciones laborales se ha avanzado bastante en la lucha contra la precariedad laboral, pero me da la sensación de que las cifras tan alentadoras esconden otras consecuencias que no lo son tanto. Vaya por delante mi respeto al trabajo de Inspección de Trabajo, tan esencial y necesario, pero detrás del resultado a corto plazo hay otro a medio y largo y no es tan bueno. La precariedad laboral no es sino síntoma de una enfermedad mayor, y como toda enfermedad hay que diagnosticarla adecuadamente, tratarla de manera eficiente, y si es necesario plantear un tratamiento preventivo para evitar la recaída. Si solo nos centramos en paliar los síntomas sin atajar el problema de raíz, el enfermo no solo no sanará, si no que irá a peor.

Planteado de otra forma: ¿Realmente la solución es aumentar la presión y la fiscalización de las Relaciones Laborales? Cuando algo no funciona, no funciona, por más que se redoblen esfuerzos en imponer su cumplimiento. Y si además la solución pasa por el escaparate caprichoso de las elecciones… juzguen ustedes mismos.

Carlos Zamora Sola Graduado Social

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