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Repartidores de comida a domicilio: ¿los esclavos del siglo XXI?

Joaquín Castiella

Joaquín Castiella

Actualizada 27/02/2019 a las 21:15
  • Joaquín Castiella
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Esta semana hemos conocido la reciente sentencia del Juzgado Social 33 de Madrid, de 11 de febrero de 2019, que condena a Glovo por relación laboral de un rider, al entender que los riders no tienen posibilidad de trabajar fuera de la plataforma y se les marcan los precios a percibir. Asimismo, Pablo Aramendi, magistrado del juzgado social nº 33, considera que la aportación de la bicicleta es de escaso valor en el servicio de estas plataformas digitales. Por ello, condenan a Glovo al despido de un rider, considerándolo relación laboral y el magistrado hace un llamamiento al legislador para acometer dicha situación.

La discusión jurídica está servida porque el pasado el pasado 3 de septiembre de 2018, el Juzgado de lo Social nº 39 de Madrid dictó otra sentencia por la que declaraba que los trabajadores de comida a domicilio deben ser considerados trabajadores autónomos, al no concurrir las notas características propias de una relación laboral.

En concreto, la sentencia del Juzgado Social 39 es especialmente interesante por la constatación de los siguientes hechos:

-El trabajador venía prestando servicios como repartidor para una empresa de reparto, como trabajador autónomo.

-El repartidor estaba permanentemente localizado a través de un GPS de tal manera que se controlaba el kilometraje invertido en los desplazamientos y se gestionaba su actividad a través de la APP de la empresa.

-El trabajador decidía la franja horaria en la que deseaba trabajar, elegía los pedidos que le interesaban y rechazaba los que no quería, sin sufrir penalización alguna.

-El sistema de retribución consistía en el pago de una cantidad por pedido, a lo que se añadía otra cantidad por kilometraje y tiempo de espera. El precio del ‘glovo sencillo’ que abonaba el cliente era de 2,75 euros, de los cuales el repartidor percibía 2,50 euros. El resto del precio se quedaba en poder de Glovo en concepto de comisión por la intermediación realizada.

-La empresa tiene un sistema de ranking de los repartidores que se nutre de diversos factores, pudiendo obtener una puntuación máxima de 5 puntos y una penalización de 0,3 puntos cada vez que un repartidor no está operativo en la hora previamente reservada por él salvo causa justificada, siendo los repartidores de mejor puntuación los que gozan de preferencia de acceso a los servicios o recados que vayan entrando.

Pues bien, teniendo en cuenta todos estos datos, el Juzgado considera que no concurren las notas características de la relación laboral (al contrario que el Juzgado Social 33), sino de una relación de trabajo en régimen de autónomo (en concreto, autónomo dependiente, es decir, TRADE). El Juzgado concluye que no consta el sometimiento del trabajador a una estructura organizativa interna de la empresa, sino que esta sólo decide las tarifas con que abonará los servicios, el lugar de prestación de los mismos y la herramienta a través de la cual oferta los ‘recados’ (APP) siguiendo un programa informático que busca minimizar la suma de costes.

Independientemente del tipo de relación de que se trate (laboral o mercantil), esta prestación de servicios no es a nuestro juicio un trabajo digno. El problema no es la dependencia y su consideración de relación laboral o mercantil, el problema es que las nuevas tecnologías han dejado desfasado el Estatuto de los Trabajadores.

Podemos perfectamente considerar que se trata de un trabajo libre y autónomo, pero no podemos considerar que se trate de un trabajo digno.

Lo explicamos en cifras:

-Si atendemos a las condiciones de estos repartidores, teniendo en cuenta que perciben 2,50 € por cada pedido, para obtener un salario mensual de 1.500 euros brutos, esto supone realizar 600 viajes al mes.

-Por tanto, 20 viajes diarios, en jornada de lunes a domingo (sin fines de semana), o 30 viajes diarios en jornada de lunes a viernes.

-A una media de 30 minutos de viaje de ida y vuelta, estamos hablando de jornadas de 14 horas de lunes a viernes, o 10 horas de lunes a domingo.

-A esos 1.500 euros brutos debemos descontar la cuota de autónomos y otras cargas y licencias, lo cual hace que un salario de mil euros netos se consiga con unas condiciones de 14 horas de trabajo de lunes a viernes, o de 10 horas de trabajo de lunes a domingo.

Glovo está facilitando este trabajo libre y autónomo. ¿Es digno? A nuestro juicio, no. Porque entendemos que, en un sector de salarios bajos, pero con seguro de desempleo y seguridad en relación a accidentes de trabajo, el empresario puede ofrecer el SMI, bajo la seguridad que da la relación laboral. No obstante, ofrecer esta retribución bajo la forma de “trabajador autónomo” (cuando no llega al SMI con una jornada de 8 horas) supone a nuestro juicio abusar de su posición.

No todo vale bajo el pretexto de las nuevas tecnologías. Y Glovo es el ejemplo de que la normativa laboral ha quedado desfasada, porque a mi juicio se puede defender que es un trabajo autónomo y libre. Es decir, la sentencia del Juzgado de lo Social 39 que acabamos de comentar es correcta a nuestro juicio. Ese no es el problema. La cuestión es que, aun siendo un trabajo autónomo, es un trabajo que no es digno. Y si el trabajo no es digno y el Estatuto de los trabajadores, o el Estatuto del Trabajo Autónomo, no es capaz de defender a esos trabajadores, quiere decir que la normativa laboral ha quedado desfasada por estas nuevas formas colaborativas, y debe reciclarse.

Joaquín Castiella Sánchez-Ostiz​ Abogado Grupo LEXA

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