Empresas navarras

De embotar espárragos a dirigir su empresa en San Adrián con 142 empleos

Con 16 años dejó su pueblo de Jaén para ir a una conservera de San Adrián. Ahora dirige Inpre, la empresa que fundó su marido y a la que accedió al quedarse viuda. Ha sido reconocida con el Premio Somos Valientas 2023

A:ALBERTO GALDONA
F:20-04-2023
L:SAN ADRIAN
P:MARIA VIEDMA - IMPRE DE SAN ADRIAN
T:PREMIO VALIENTA
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Mari Viedma, empresaria y directora de Inpre. Está delante de una pala de un aerogenerador, que forma parte de un proyecto europeo para producir energía con las corrientes marinas en Escocia y que fabrican en su empresa
A:ALBERTO GALDONA
F:20-04-2023
L:SAN ADRIAN
P:MARIA VIEDMA - IMPRE DE SAN ADRIAN
T:PREMIO VALIENTA

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Marialuz Vicondoa

Publicado el 22/04/2023 a las 06:00

Interesante yo, no me veo. Pero dolores de cabeza, unos cuántos he sufrido en estos 24 años al frente de la empresa en los que he tenido que tomar decisiones arriesgadas

¿Cuánto de arriesgadas?

“Mucho. Es que en aquellos momentos en los que me veía sola... Ahora, gracias a Dios, tengo a mi hija, pero entonces tuve que tomar decisiones un poco fuertes y sí, al cabo del tiempo, pienso que fueron muy arriesgadas. Pero ahora me alegro.”

Quien habla es Mari Viedma Garrido, andaluza, de Jaén, de 67 años, propietaria y directora de Inpre (Industria Navarra de Plástico), ubicada en San Adrián. Esta empresa se dedica a la fabricación de rollos de placas de poliéster reforzado con fibra de vidrio que se utilizan para los tráilers refrigerados de camiones y para las nacelles de los aerogeneradores, que son los elementos que se sitúan en la parte superior de la torre y sobre las que giran las palas. Al hablar de las decisiones arriesgadas, Viedma se refiere a aquellos momentos en los que tuvo que tomar las riendas del negocio al sustituir a su marido. Era 1999 y desde aquel año su vida dio un vuelco de 180 grados. Todo, en el más amplio sentido de la palabra todo, había ocurrido cinco meses antes, cuando Miguel Ángel Muro Lasheras salió temprano un día, como tantos otros, de su casa familiar. “Me voy pronto, para ver si así vuelvo antes”, le dijo a su mujer. Pero no regresó. Un accidente de coche acabó con las ilusiones compartidas con su mujer y dejó huérfana de padre a una niña de cinco años, Eva Muro Viedma, que hoy comparte con su madre la dirección y propiedad de la empresa. Sin conocimientos previos empresariales y con la pena agarrada a su corazón, se adentró en un mundo ajeno a ella. Se sobrepuso a las dificultades que la vida le fue poniendo en el camino y lo hizo con éxito. Por eso ha sido distinguida con el Premio Somos Valientas Empresarial 2023, galardón impulsado por Diario de Navarra y Laboral Kutxa, que busca destacar a mujeres sobresalientes en diferentes ámbitos. Está previsto que el premio se entregue el próximo 27 de abril en la Catedral de Pamplona.

¿Qué fue lo más duro en aquellos inicios?

“El día que me senté a la mesa de mi marido y en su despacho... (todavía la emoción se trasluce en sus palabras). Eso fue lo peor.”

¿Se alargó en el tiempo ese malestar?

“Me duró tiempo. Fueron momentos en los que tienes que hacer mucho papeleo de traspasos de propiedad, cambios... Me parecía que me estaba apoderando de algo que no me correspondía.”

¿Cómo lo superó?

“Me ayudaron mucho en la empresa. Y yo, con el tiempo he ido aprendiendo todo lo relacionado con el negocio, me he ido formando con cursos... Y así he seguido... hasta ahora, que ya estoy próxima a la jubilación.”

¿Qué hace falta para conseguir, a pesar de las dificultades, llegar a posicionar su empresa donde está hoy?

“Con la retrospectiva del tiempo veo que fui valiente y fuerte para tomar yo sola decisiones que fueron tan importantes.Perdí a mi marido, pero saqué fuerza para luchar y continuar con lo que él se había propuesto. No sabía que iba a poder, pero lo he conseguido y me siento orgullosa de ello.”

La empresa que dirige cuenta con 142 trabajadores entre la planta principal, la de San Adrián, y la de Ágreda. Factura 28 millones de euros y tiene como principal cliente a Siemens Gamesa, que supone el 80% de la facturación. Trabaja para esta empresa desde cuando solo era Gamesa y fue por seguir a su cliente por lo que abrió también planta en Ágreda, dedicada al montaje de la nacelle. Estas cifras no han borrado la humildad a Mari Viedma, un rasgo que camina con ella desde llegó a San Adrián por primera vez con 17 años sin cumplir. Vino de Garcíez, un pueblo de Jaén, donde había nacido en 1955. Sus padres, Juan Pedro y Francisca, no querían que se marchara de casa a trabajar. Pero ella era consciente de las necesidades que vivía una familia con tres hijos. Y subió con 16 años a aquel primer autobús, rumbo San Adrián, que le cambiaría su vida. Viajó con unos tíos y, en los siguientes trayectos, se unirían también sus hermanos pequeños, Fernando y Narciso.

A pesar de la oposición, se fue.

“Sí. Yo veía que había necesidad y en mi pueblo no había salida. Mi padre trabajaba en la oliva, en las tierras del Marqués de Viana, que tenía un palacio en Córdoba. A mí también me tocó trabajar ahí. En el pueblo había poco trabajo y la gente emigraba a Cataluña, a Palma de Mallorca, a Pamplona... Mi padre se iba a Pamplona cuando no tenía trabajo, le contrataban en Construcciones Flores. Así estuvo durante tres años. Las conserveras de Navarra iban al pueblo a buscar gente para la campaña y yo me vine con unos tíos. Entré en Las Palmas, que ya ha desparecido, y donde seguí trabajando en los primeros años de casada. Hacía lo típico de una conservera:limpiar, embotar... lo que hiciera falta. Enlazaba unas campañas con otras: espárrago, melocotón, pimiento, tomate... de marzo a noviembre. En la campaña del melocotón cumplí los 17 años.”

¿Qué recuerda de aquel primer viaje?

“Mis padres se quedaron llorando, pero yo me venía muy contenta. Hice cuadrilla en San Adrián. Nunca me he sentido desplazada, al contrario, la gente aquí siempre se ha portado muy bien. Al principio, vivía con mis tíos y otros compañeros de trabajo de mi pueblo en una casa que tenían los dueños de la empresa. Era como una residencia y no teníamos que pagar el alojamiento. Luego ya, cada uno nos fuimos independizando. Hablé en la empresa de mis hermanos y se vino primero Fernando y luego Narciso, que era un crío. Es que en el pueblo no había posibilidades. ”

¿Cómo fue su infancia?

“Tengo muy buenos recuerdos. Éramos muy felices, hacíamos la vida de un pueblo, jugar, ir a la escuela... Pero yo me hice mujer antes de tiempo cuando me fui tan pronto de casa. Hoy es difícil imaginar a alguien de esa edad ya trabajando.

¿Cómo recuerda los regresos a su pueblo?

“Eran muy bonitos. Como regresábamos varios del pueblo, había mucha gente esperándonos. Pero desde que tuve novio estaba deseando volver.”

¿Cómo conoció a su marido?¿Trabajaba en la conservera Las Palmas?

“No. Le conocí una noche que salimos por ahí, en San Adrián (’en La Cerve’, le dice a su hija, que le acompaña en la entrevista, para que sepa, por si lo desconoce o para recordárselo, cómo comenzó todo). Coincidimos con él y sus amigos. Estuvimos poco de novios, unos dos años, porque no queríamos estar separados.”

Y se casaron.

“Sí, el 22 de julio de 1984. Él trabajaba en Conservas Chistu (hoy, General Mills). Y, después, en Carrocerías Ega, de Santiago Calvo. Después nos fuimos dos años a vivir a Noáin porque mi marido fue a trabajar de jefe de planta a la empresa de Esquíroz Derlan, dedicada al poliéster. Cuando cerró a los dos años nos volvimos al pueblo. Entonces mi marido empezó a trabajar de autónomo, hasta que Santiago Calvo le ofreció constituir una empresa conjunta.”

Así nace Inpre.

“Sí, al 50%. En 1988. Inpre se dedicaba a fabricar las placas de poliéster reforzado con fibra de vidrio para los tráilers de camiones refrigerados y Carrocerías Ega las monta. Los principios siempre son regulares, pero en 1994 comenzaron a trabajar para Gamesa. Hoy seguimos con ellos como proveedores.”

Cuando fallece su marido, ¿le costó decidir continuar con la empresa?

“Pensé en tirar la toalla, pero recapacité a tiempo. Sabía que se llevaba bien con su socio, pero yo no lo conocía. Y me dio mucho ánimo para que comenzara, se portó muy bien conmigo. Santiago Calvo tenía que dedicarse a Carrocerías Ega, empresa que hoy continúa, y necesitaba a alguien en Inpre. Por otra parte, yo me tenía que ganar el sustento. Fue importante que confiase en mí. Así a los cinco meses de la muerte de mi marido me incorporé. Fue difícil para mi hija de cinco años porque desde que nació yo no trabajaba y a partir de entonces yo me iba de casa por la mañana, contraté a una señora hasta las siete y su padre ya no estaba.”

Más adelante, vivió dos incendios.

“Sí, en 2001 y en 2002. Pero estaba todavía mi socio y, aunque el mal era el mismo, nos arropamos para sacar aquello adelante. Es que he pasado por muchas cosas.”

¿Por qué compró la parte de su socio?

“En 2012 me dijo que iba a vender su parte. Intenté convencerle para que no se fuera. Pero no cambió de idea y un día le dije que se la compraba.”

¿Ha pensado en vender la empresa?

“He tenido ocasiones. Pero una vez, cuando mi hija todavía estudiaba, le pregunté: ‘¿A ti te gusta la empresa?’ Me dijo que no la vendiera, que ella quería continuar con esa herencia de su padre.”

¿Qué le ha supuesto este premio?

Es un reconocimiento que me ha servido para ver el valor de lo que he hecho. Pero yo simplemente he hecho lo que tenía que hacer.

INPRE. AL DETALLE

Origen. Inpre (Industrias Navarras de Plástico Reforzado) fue constituida en 1988, en San Adrián, al 50% entre Miguel Ángel Muro y Santiago Calvo.

Propiedad. Es una empresa familiar, propiedad de Mari Viedma Garrido y Eva Muro Viedma, viuda e hija respectivamente del cofundador Miguel Ángel Muro. Ambas comparten la dirección con el gerente Martín Flores.

Actividad. Fabricación de rollos de placas de poliéster reforzado con fibra de vidrio.

Clientes. El principal cliente es Siemens Gamesa porque el producto de Inpre se utiliza la parte exterior de las nacelles. Al año fabrican unas 340 nacelles. La otra parte del negocio va dirigido a las carrocerías de camiones frigoríficos, para quienes fabrica paneles aislantes, como, entre otros, Thermo-Europ, Grupo Lecitrailer y Parcisa, en España, además del Grupo Gruau (Francia), N.Force y J.Pires (Portugal).

Plantas. En San Adrián, ocupa 18.500 metros cuadrados en tres naves sobre un terreno de 29.000 metros cuadrados. Además cuenta con una planta en Ágreda desde 2004, donde ocupa 1.700 metros cuadrados cubiertos en una extensión de 5.500. Ágreda se dedica al montaje de las nacelles de Siemens Gamesa.

Trabajadores. 142 entre San Adrián y Ágreda.

Facturación. 28 millones en 2002 (26,5 millones en 2021)

DNI

​Mari Viema Garrido. Nacida en Garcíez, Jaen, el 30 de octubre de 1955. Hija de Juan Pedro Viedma Martínez (agricultor y también trabajador en Pamplona en Construcciones Flores) y de Francisca Garrido Acero, ambos ya fallecidos. Es la hermana mayor Fernando y Narciso. Desde antes de cumplir los 17 años se trasladaba a San Adrián a trabajar en las campañas de espárragos, melocotón, tomate... en la empresa ya desaparecida Las Palmas. Se casó el 22 de julio de 1984 con Miguel Ángel Muro Lasheras, con quien tuvo una hija, Eva. Cuando falleció su marido en accidente de coche en mayo de 1999, Mari Vidma se hizo cargo del 50% de Inpre (Industrias Navarras de Plástico Reforzado) y en 2012 compró el 50% restante. Hoy comparte la dirección de la empresa con su hija y con el gerente Martín Flores Razquin.

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