Marca Navarra
Un emprendimiento maduro y consolidado
Tres son las principales entidades que ayudan a quienes ponen en marcha un negocio: Cámara Navarra, CEIN y Anel. Cada una en su ámbito de especialización, todas lo hacen gratuitamente


Publicado el 03/12/2025 a las 05:00
El panorama para el emprendimiento en Navarra tiene algunos claroscuros. Los indicadores que miden el ímpetu en la creación de proyectos germinales y su consolidación posterior ofrecen una imagen aparentemente contradictoria. Por un lado, la Comunidad foral muestra un índice de actividad emprendedora comparativamente bajo, que con los últimos datos del informe GEM (Global Entrepreneurship Monitor) se situaba en el 4,9% de la población entre 18 y 64 años en 2023, claramente por detrás del 6,9% de media en España. Sin embargo, el porcentaje de propietarios de negocios con más de 42 meses de vida llegaba al 8,1% frente al 6,7% que se registraba a nivel nacional. Además, el 1,3% de los emprendedores navarros echó el cierre en 2023, tasa sustancialmente más baja que el 2,2% contabilizado en el conjunto del país.
En pocas palabras, surgen menos emprendedores que en otros territorios de España, pero son capaces de sacar adelante sus proyectos con mayor solidez. Sin embargo, las estadísticas muestran cierta volatilidad en los datos sobre emprendimiento, sobre todo respecto a las cifras que había hace veinte años. El periodo 2005-2007 se caracterizó por una etapa ascendente en las vocaciones empresariales, que alcanzaron el 8,1% de la población navarra adulta. Posteriormente, coincidiendo con el estallido de la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera, se produjo un desplome que no paró hasta que el índice de actividad emprendedora llegó a un mínimo del 3,6% en 2010. En los últimos seis años, Navarra se ha movido en una tasa que ha rondado el 5% de forma estable, algo que contrasta con un nuevo despegue a nivel nacional.
Este comportamiento resulta aún más volátil entre los negocios que acaban consolidándose. La estadística muestra una línea con muchos dientes de sierra, aunque en la mayoría de ocasiones sitúa a Navarra con ventaja respecto a la media en España. El informe GEM dibuja un perfil del emprendedor navarro de una persona de 40 a 45 años que cuenta con educación secundaria o superior. El capital inicial del germen de estos negocios está de media en 10.270 euros. Son varias las entidades que integran el ecosistema navarro para fomentar el emprendimiento, aunque las principales son el Centro Europeo de Empresas e Innovación de Navarra (CEIN), la Asociación Navarra de Empresas de Economía Social (Anel) y la Cámara de Comercio e Industria de Navarra. Las tres desarrollan su labor sin coste alguno para los beneficiarios.
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PEQUEÑO COMERCIO Y AUTOEMPLEO
Esta última suele asesorar principalmente a pequeños comercios y autónomos para el autoempleo, aunque también atienden en algunas fases a las cooperativas y otros proyectos de mayor porte. Paula Villamor, su responsable en el área de asesoramiento a emprendedores, destaca que han atendido a unas 17.000 personas desde que en 1998 pusieron en marcha la ventanilla única. Esta iniciativa, según defiende Villamor, tuvo una gran acogida entre los emprendedores porque facilitaba al extremo el proceso para poner en marcha una empresa, pero tuvo que poner fin a su actividad en 2013 por los recortes durante la crisis financiera que estalló en 2008.
En la actualidad, Cámara Navarra trabaja en colaboración con otras entidades englobadas en la Red Navarra de Apoyo al Emprendimiento y asesora a más de 300 personas al año. Villamor admite que resulta casi imposible precisar un perfil del tipo de persona que visita su oficina. La edad se mueve en una amplia horquilla que va desde los 25 a los 54 años y hay aproximadamente tantos hombres como mujeres. Sí que apunta a que casi tres de cada cuatro son personas inmigrantes o de origen inmigrante: “Generalmente, están más necesitadas de buscarse la vida. Son súper trabajadores, tienen uno, dos, tres empleos”.
Estas personas promueven negocios como “comercios, hostelería, bares, cafeterías, estéticas, talleres o peluquerías”. La responsable de asesoramiento a emprendedores en Cámara Navarra ha visto a lo largo de su trayectoria que estos negocios van por rachas. Hubo una temporada en la que primaban “las tiendas de cuches”, al que siguió un boom de “centros de estética y uñas” y ahora están en boga las “altas de formadores en deportes, yoga, idiomas y escuelas de formación para niños”. “También muchas altas de arquitectos y sanitarios, así como psicólogos”, explica.
Son personas que llegan a Cámara Navarra con un gran desconocimiento de cuestiones como “contabilidad, fiscalidad, la seguridad social y el régimen de autónomos”. “Les ayuda mucho darles un orden de tareas a realizar. Primero es mejor buscar el local y lo último es darse de alta como autónomo. También es importante conocer las ayudas y subvenciones a las que pueden acogerse y no cometer errores al tramitarlas”, comenta. Suelen necesitar un empujón para cogerle el tranquillo a “hacer clientes, vender, presupuestar, llevar la contabilidad o manejarse con el marketing digital”.
Se trata de proyectos cuya financiación sale de los pocos “ahorrillos” que reúnen los mismos emprendedores y su entorno familiar. Villamor afirma que la capitalización del paro es “una ayuda estupenda”, pero hace falta tener derecho a la prestación por desempleo. “Cuando se da, es maravillosa. Es la única ayuda que te adelanta el dinero. Las subvenciones, muchas a posteriori, son palmaditas en la espalda”, destaca. Algunas veces también tiran de microcréditos de “hasta 30.000 euros” que conceden muchas entidades bancarias. “No regalan el dinero; son préstamos personales, pero no piden avales”, señala esta experta, que recuerda de la importancia de contar con un plan de viabilidad sólido para que se aprueba la operación.
La asesora de emprendedores de Cámara Navarra considera que en la actualidad “hay más incentivos” que hace unos años para poner en marcha nuevos negocios. Expone que existe “un ecosistema más rico” y “mucho más acceso a la formación”. Sí que aconseja a los más jóvenes que acumulen algo de experiencia laboral antes de lanzarse a crear una empresa: “Muchas veces están perdidos y les falta saber a qué se quieren dedicar. No creo que una persona de 18 o 19 años, con apenas experiencia laboral ni contactos, sea el emprendedor ideal”.
PROYECTOS INNOVADORES
Si Cámara Navarra representa el punto neurálgico de los pequeños negocios y el autoempleo, CEIN supondría el otro extremo. Desde 1991 ha asesorado a 21.469 proyectos y de los dos viveros de empresas, uno situado en la Ciudad Agroalimentaria de Tudela y otro en la sede central de Noáin, han salido 3.809 empresas. Sus instalaciones albergan proyectos innovadores sintonizados con las actividades que promueve la Estrategia de Especialización Inteligente (S4). “Ahora mismo tenemos 47 empresas en los dos viveros y generan 260 empleos”, sintetiza su gerente, Uxue Itoiz. Quienes están detrás de estos proyectos se caracterizan por su capacidad para “identificar las necesidades, encontrar las respuestas, gestionar la incertidumbre y asumir un riesgo”.
Lejos de la imagen del joven emprendedor en el garaje de sus padres, las personas que acoge CEIN rondan los cuarenta y pocos años. Suelen acumular una respetable trayectoria profesional y han detectado “una oportunidad en el mercado, algo que no está resuelto y van a por ello”. “Es un buen perfil de emprendedor, porque esto hace que las tasas de éxito sean muy altas”, destaca Itoiz. De todas las empresas germinales en CEIN, el 28% están lideradas por mujeres, una tasa relativamente alta al superar el umbral del 20% que marca la frontera de lo aceptable. No obstante, admite que le gustaría ver más mujeres en los viveros: “Hay que echar el resto e intentar subir esas cifras”.
El emprendedor innovador típico suele tener formación superior que pone en marcha proyectos en actividades “agrotech, green, salud y digital”. Un 40% se dedican al sector biotecnológico y el 100% “están en el entorno digital”. Unas y otras coinciden en su “capacidad de crecimiento” y de “generar impacto en empleos en el futuro”. “Aportan soluciones que a día de hoy no existen en el mercado y que, además, van a ser capaces de ser las grandes industrias del futuro de Navarra”, explica Itoiz.
La gerente de CEIN reconoce que el carácter científico de buena parte de las iniciativas en los viveros supone que los emprendedores llegan con importantes carencias como gestores de un negocio. Son “muy especialistas y muy técnicos” en la solución en la que están trabajando, “pero no tanto en la gestión de una empresa”. Por tanto, una parte importante de la labor de CEIN pasa por ayudarles a “cómo llevar esas ideas a mercado”. Ello pasa por enseñarles a diseñar un plan de negocio, a pensar en cómo lo van a vender, cuál va a ser su modelo de negocio, cómo tendrían que hacer la comunicación y el marketing, así como calcular qué financiación van a necesitar.
Itoiz admite que los proyectos innovadores necesitan habitualmente mucha inversión y algunos de ellos afrontan largas temporadas de gastos “sin tener realmente un beneficio”. “En el sector de la salud, hablamos de que igual están seis o siete años desarrollando y pasando validaciones y ensayos clínicos hasta poder vender”, afirma. En la mayoría de las ocasiones, los emprendedores innovadores empiezan con sus propios ahorros, pero luego “tienen que dar el salto a buscar financiación tanto en inversores privados como en préstamos con la banca”. Según Itoiz, todos ellos terminan encontrando financiación “de una u otra manera”.
En plena época de cambios en el modelo energético, la economía circular y la transición digital, Itoiz defiende que se vive una época de “muchas oportunidades” para emprender. “Lo importante es construir un modelo de negocio sólido y contar con un equipo implicado”, aconseja. Uno de los cambios más esperados para aligerar el papeleo y las gestiones para poner en marcha un nuevo negocio es la futura ley de industria, que recuperará el concepto de “ventanilla única”. Desde CEIN también trabajar para incentivar el emprendimiento en el ámbito educativo, no solo con los alumnos de grado, sino también con los de máster y con los grupos de investigación.
No se trata tanto de promover el emprendimiento desde una etapa muy joven, sino de “encender la chispa” y sembrar “a futuro” una vez atesoren cierto “bagaje” laboral. Una de las características que destaca Itoiz del emprendimiento en Navarra es su elevada tasa de empresas consolidadas, “la más alta de Europa”. De hecho, según los datos de la gerente de CEIN, el 84% de los proyectos que han pasado por los viveros de Tudela y Noáin siguen funcionando.
ECONOMÍA SOCIAL
La tercera pata del emprendimiento en Navarra es Anel, especializada en el cooperativismo y otras formas de economía social como las sociedades laborales. A su puerta llaman personas que “valoran conceptos como trabajar por su cuenta, independencia, conciliación, autogestión, que buscan un empleo digno y sostenible, un desarrollo profesional”, cuenta su presidente, Ignacio Ugalde. No son pocas las iniciativas que apadrina Anel que contribuyen a retener actividad económica en áreas rurales, donde se ubican “más de un tercio de las iniciativas”, según presume. Quienes promueven proyectos de emprendimiento colectivo responden a perfiles muy diversos, con un peso similar entre hombres y mujeres y una edad media “en torno a los 40 años”. Suelen tener experiencia previa en la actividad que van a desarrollar y cuentan con estudios secundarios y universitarios. “La mitad de personas están en situación de desempleo”, precisa Ugalde. En un 30% de los casos, los proyectos están promovidos por personas inmigrantes. Los cooperativistas no son distintos a cualquier otro emprendedor e ignoran los pasos a dar para “desarrollar su idea de negocio y crear una nueva empresa”.
“No conocen las alternativas de tipo de empresa para constituirse que mejor puede adecuarse al grupo de personas emprendedoras y a su idea de negocio”, reconoce el presidente de Anel. Las dudas sobre la financiación y cómo acceder a ella, la falta de conocimientos en esa materia y sobre las ayudas públicas existentes para apoyar la creación de la empresa también forman parte del proceso. En aquellos casos de ideas de negocio más innovadoras o en sectores menos maduros, Anel dispone de la ‘cooperativa de emprendimiento’ que les permite “testar en el mercado su idea de negocio antes de crear la empresa y así minimizar el riesgo”.
Cuando la propuesta que tratan de sacar adelante “es razonable” y las personas que promueven el proyecto cooperativo “demuestran compromiso” con el mismo, no suele haber problemas para conseguir financiación. Ugalde señala que la clave es elaborar “un plan de viabilidad que permita argumentar económicamente su proyecto” y añade que Anel trabaja con entidades financieras cooperativas, Laboral Kutxa y Caja Rural, para facilitarles financiación “adaptada a sus necesidades”. Esta asociación de empresas de economía social cree que siempre es un buen momento para emprender, tanto si hay crisis como en plena bonanza económica.
En cuanto a la carga burocrática, el presidente de Anel cree que se ha simplificado en los últimos años, pero “hay campo para seguir planteando mejoras” como en licencias de obras o aperturas. “En ocasiones suponen un verdadero problema por plazos y exigencias”, denuncia. Un buen paso adelante ha sido el reconocimiento en Navarra de la figura de la microcooperativa que “permite una tramitación sin apenas coste, rápida y telemática”.
Respecto a los jóvenes, Ugalde considera que “falta de sensibilización sobre el emprendimiento para el desarrollo de su actividad profesional”, a lo que se une su inexperiencia laboral a la hora de poner en marcha una empresa. Echa en falta un mayor esfuerzo por divulgar en la etapa educativa el modelo cooperativo como puerta al emprendimiento, aunque también destaca iniciativas como Edukacoop para mitigar este déficit.