Marca Navarra
Antídoto frente al pesimismo


Publicado el 03/12/2025 a las 05:00
Con diciembre ya iniciado, vamos camino de cerrar un año que ha sido especialmente convulso en Navarra. Ha aguantado bien en lo económico (empleo y crecimiento), aunque la cesta de la compra sigue disparada para disgusto general a pie de calle. Pero ha sido un año funesto en lo político, sacudidos por el enorme escándalo de presunta corrupción protagonizado por Santos Cerdán (PSOE), que arruina la confianza política en el Ejecutivo de María Chivite a velocidad de vértigo y que deja en el alero una Legislatura y a un Gobierno a merced del avance de la investigación judicial.
Un año en que además no hay mejoras sensibles en la gestión de servicios públicos como la Sanidad, con las listas de espera que siguen disparadas, o la Vivienda, con barreras de acceso infranqueables sobre todo para la generación más joven. Y que a la vez ha sido, en cambio, un año espectacular en el terreno cultural y musical, con Pamplona como polo de atracción de grandes conciertos y de actos deportivos que multiplican la oferta de ocio.
UN AÑO CORROSIVO
El escándalo Cerdán ya está teniendo amargas consecuencias políticas en el seno del Gobierno foral por mucho que la presidenta Chivite busque poner distancia entre el incendio de la corrupción ligada a las obras públicas y el Palacio de Navarra. Misión imposible, por otro lado. Pero más allá, el escándalo tiene al menos dos grandes efectos negativos que nos alcanzan a todos.
El primero, que origina una pérdida de confianza en las instituciones, un proceso que viene de lejos pero que se agrava en la ciudadanía con casos tan sangrantes como este, que sigue deteriorando la ya menguada fe en la estructura institucional. Es verdad que es muy injusto generalizar y que es necesario seguir reivindicando la necesidad de contar con las instituciones para construir sociedad. Pero la ausencia de responsabilidades políticas impide un duelo que no se lleve la credibilidad por delante.
Y el segundo, la evidente erosión que origina en la idea de Marca Navarra, entendida como garantía de buen hacer, de seriedad, de rigor, esa idea que todos buscamos vender dentro y fuera de la Comunidad foral. Estar en boca de toda España como el lugar donde se inició el proceso de presunta corrupción que escaló luego a Madrid y tiene el jaque al país no es la mejor carta de presentación de la navarridad hoy en día. Por el contrario, es un drama que nos va a pasar factura, al menos política. Y ahí está.
Por todo ello, el suplemento Marca Navarra de Diario de Navarra ha buscado este año un antídoto para no caer en el fácil pesimismo vital que amenaza con arrastrarnos. Y apuesta por la Navarra que emprende. La de los jóvenes que se arriesgan a crear sus propios negocios, sus propias empresas. Que no sueñan con ser funcionarios (el 50% de los jóvenes navarros lo hacen) sino con ser emprendedores y dueños de su destino desde el esfuerzo y el trabajo. La Navarra que nos refleja mucho mejor que el caso Cerdán.
EJEMPLOS QUE APLAUDIR
En un año además en que el Gobierno de Navarra ha concedido la Medalla de Oro al empresario e inventor Manuel Torres. Nuestra manera de sumarnos a este galardón es alentar y poner en valor el surgimiento de quienes pueden llegar a ser personajes tan relevantes como él para nuestro futuro. Manuel Torres llegó a la Comunidad desde su Murcia natal con un título de FP bajo el brazo, una cabeza privilegiada y unas enormes ganas de hacer cosas nuevas. Y construyó una vida desde la innovación que ha supuesto riqueza colectiva para Navarra en forma de empresas y generación de cientos de empleos de calidad.
Esa senda vital, que supone riesgo, preocupaciones y poco apego a los horarios, es por la que caminan todos los emprendedores. Por eso hay que alentarlos. Porque en ellos anidan las nuevas empresas que van a crear empleo y riqueza el día de mañana. Las que van a apuntalar nuestro bienestar como comunidad y la permanencia de Navarra como un territorio de alta calidad de vida y atractiva para las nuevas generaciones. Y no es sencillo.
Por esto este número de Marca Navarra recoge más de 120 miradas y testimonios de otros tantos emprendedores. La gran mayoría, jóvenes. Desde los que han puesto en marcha empresas tecnológicas de futuro hasta los que buscan crear un empleo para poder seguir viviendo donde quieren, su pueblo. De la ingeniería a la gastronomía. De la ganadería al teatro. De la biotecnología a la herboristería. Del gimnasio a la fisioterapia. Del comercio a la quesería y las pequeñas bodegas.
Un mundo que retrata las oportunidades que encuentran en casa las mentes más inquietas. Otras muchas, por supuesto, se van fuera a buscar su propia camino, obligados porque no lo encuentran cerca. Y todos debiéramos preguntarnos si estamos ayudando de verdad a un ecosistema económico que genere nuevas oportunidades.
EL CAMBIO QUE NO CESA
Porque la Comunidad foral sigue estando hoy en la cabeza del podio de la calidad de vida en nuestro país según remarca, y aquí con razón, el Gobierno de Navarra al hablar de nuestras ventajas competitivas. Ventajas, por cierto, fruto del trabajo colectivo de muchas décadas y de múltiples gobiernos de todos los colores, no del último par de Legislaturas. Navarra crece económicamente y hay ya 314.000 personas con trabajo según la EPA. Pero aferrarse al hoy no asegura el mañana. Y menos en unos tiempos donde los cambios económicos y sociales son vertiginosos.
En lo social, nuestro pequeño rincón del mapa (recuérdese que somos el 1,3% de la población española y el 1,6% de su riqueza), lleva años cambiando a la carrera, como si viviéramos en una prueba de running permanente. Navarra es una sociedad que envejece de forma acelerada con el reto que supone en pensiones y asistencia sanitaria. Donde hay cada año 1.500 defunciones más que nacimientos y cuya población no se encoge solo por el efecto sostenido de la inmigración. Casi un 30% de los nacimientos en la Comunidad foral son de madres nacidas en el extranjero. Ese es otro movimiento telúrico que está mudando nuestro tejido social sin que advirtamos todavía la profundidad del fenómeno y los retos de convivencia con los que nos desafía, que no van a ser fáciles.
Una sociedad dual. Con una bolsa de ciudadanía creciente, pero poco visible para el resto, que no llega a cubrir sus necesidades básicas y se asoma a los umbrales de la pobreza. Pero donde es verdad que una amplia mayoría social sigue siendo clase media, aunque sea menguante, propia de una sociedad europea avanzada.
Donde vivimos para disfrutar el hoy (un aprendizaje de la pandemia con el que sí nos hemos quedado), y somos menos amigos de esfuerzos y sacrificios que en el pasado. Donde el bienestar físico y mental es una exigencia que se cuida como nunca antaño. Una sociedad que confía sobre todo en el círculo personal más cercano, la familia y los amigos, pero muchos menos en la política y las instituciones.
LENTA RESPUESTA
La economía también está metida en la centrifugadora de la historia. La geoestrategia internacional está cambiando de golpe, con una Europa que necesita crear su propio espacio entre dos colosos que compiten a muerte, EEUU y China. La tecnología que arrasa, con la Inteligencia Artificial como enorme oportunidad de desarrollo y a la vez amenaza del empleo (el premio Nobel Paul Krugman recordaba hace unos días que la IA sabe programar pero no hacer de fontanero y recomendaba a los jóvenes de nuevo un empleo manual). La vida que se transforma, con nuevos hábitos y exigencias por satisfacer. Y la enorme competencia por atraer talento e inversiones en todos los territorios de España, sobre todo de los que nos rodean, el País Vasco y Aragón, convertidos en potencia industrial y tecnológica el primero y en fértil espacio para la economía del mañana el segundo (de centros de datos a coches eléctricos).
Navarra, en este panorama, se mueve lenta y, por tanto, pierde terreno. Su fortaleza industrial (ahí está la millonaria inversión de VW en Landaben para electrificar sus vehículos y la inversión de Mobis en la planta de ensamblaje de baterías eléctricas), no es suficiente. Ofrece también evidentes muestras de agotamiento (cierres de BSH y Sunsundegui)
Una Navarra que no se ajena tampoco a las transformaciones políticas que vive la sociedad occidental, donde ahora priman los liderazgos personalistas y rompedores del status. El caso de Donald Trump es el mejor ejemplo y marca tendencia. Donde las frustraciones (reales) de una parte importante de la sociedad (jóvenes y no tan jóvenes) se ven estimuladas por el mundo creador de burbujas de las redes sociales y se traducen en el auge de los populismos. En nuestro caso el auge de los extremos, de la extrema izquierda, y aquí abertzale, de siempre, y la más nueva de la extrema derecha al alza.
Una escena donde encoge la mayoría social que siempre se ha movido en Navarra en la centralidad política. Y un espacio de encuentro que hoy está calcinado por la polarización que arrasa toda capacidad de entendimiento ante los grandes retos. Del envejecimiento a la vivienda y la sanidad o el reducir desigualdades, pasando por la necesidad urgente de crear riqueza y atraer talento para sostener una sociedad del bienestar que se come un gasto creciente que hay que controlar.
Lo que padecemos, muy al contrario, es una incapacidad política para aportar soluciones a los desafíos acuciantes con un Gobierno encorsetado (por voluntad propia) por un socio abertzale entre inmovilista y dogmático cuando de grandes reformas se trata. Y así se retroalimenta la distancia social de la mayoría con la política. Ese es el círculo vicioso de la vida pública en Navarra. Hacen falta valor y arrojo político para romperlo e impulso de la sociedad civil para arropar otra forma de hacer política.
Miguel Ángel Riezu. Director de Diario de Navarra

