Maneras de emprender
Tatuar en un pueblo también es posible
Cristina Pascual del Rio inauguró en mayo un estudio de tatuajes en Corella, municipio que considera clave por su ubicación


Actualizado el 27/06/2025 a las 23:43
Cristina Pascual del Río (Tarazona, 1992) es tatuadora gracias a su hermana Virginia, que, tras años observando de reojo su habilidad para dibujar, decidió regalarle un curso de iniciación en esta disciplina. También a su hijo Julen, cuyo embarazo le permitió disponer del tiempo necesario para arrancar una nueva vida laboral que nada tenía que ver con lo que había hecho hasta el momento. En mayo inauguró en Corella el único estudio de tatuajes de la localidad, ‘Kenja Ink’, bautizado así en honor al mote de su abuela materna.
De ese regalo hace ya dos años y, hasta que decidió dar el primer paso, Cristina, graduada en Ecodiseño por la Escuela de Artes de Corella, vistió múltiples trajes de faena. “He sido de todo. Desde camarera, dependienta y diseñadora en una tienda de muebles hasta operaria en una fábrica”, confiesa. Eso sí, jamás pensó que su destreza con las pinturas le daría una vida laboral. Ahora cree que es una de las partes más importantes de su negocio. “Aunque puedes tatuar sin saber dibujar, te facilita diferenciar sombras o sacar volumen; además, te ayuda a solucionar los problemas que surgen en el proceso”, explica.
Como no podía ser de otra manera, la primera piel sobre la que garabateó fue la de su hermana Virginia. “Y era la primera vez que cogía una máquina de tatuar”. “El curso que me regaló duraba tres días: el primero era de teoría; el segundo, de práctica en piel sintética y en frutas; y el último lo dedicabas a tatuar a una persona. Lo primero que me dijo: ‘¿Me lo haces a mí?’ Y no se le ocurrió algo pequeño”, recuerda.
Con la idea en mente de sacar adelante un negocio, Cristina se dio de alta como autónoma y compró una máquina de eliminación de tatuajes. “Siempre hago la broma de que me lo compré por si lo hacía mal al principio”, comenta entre risas. Pero lo que hizo fue asentar la segunda rama de su negocio. Empezó a colaborar con centros estéticos donde ofrecía el servicio de eliminación de tatuajes y, mientras, practicaba en casa con amigos y familiares. “Me mostraban el diseño y les tatuaba, pero seguía sin verme capacitada para hacerlo de forma profesional”. “Confiaban más en mí que yo misma. Poco a poco me fueron retando a hacer diseños más complejos y me vi capaz”, describe. Todo ello sin dejar de formarse.
TATUAR EN EL PUEBLO
Han pasado más de dos años y, con una técnica mucho más perfeccionada, Cristina cuenta que abrir un estudio de tatuajes en un municipio como Corella le hace ser más camaleónica. “Mi trabajo se debe a lo que me pida el cliente. Hago un poco de todo. Yo tengo mis propios gustos, el art nouveau, el color… pero eso no quiere decir que se me dé mejor un estilo que otro y, sobre todo, no me puedo cerrar a hacer solo lo que a mí me gusta. No en un pueblo”, dice. “También es más retador que me pidan diseños muy distintos. Eso sí, a todo dibujo intento darle siempre mi toque”, cuenta.
Respecto a por qué escogió Corella, Cristina —instalada en la localidad desde hace años— cree que la población cuenta con una situación estratégica para un negocio como este. “Colindante con La Rioja, y muy cercano a Aragón, tiene muchos pueblos grandes alrededor con un volumen considerable de habitantes. Además, no existe mucha competencia cerca”, dice.
POPULARIDAD DEL TATUAJE
El auge de la línea fina ha ayudado a popularizar el tatuaje, que ha pasado de ser algo estigmatizado a convertirse en algo más estético. “De ocho años a esta parte este sector ha cambiado mucho y se ha abierto más. Antes, se tatuaba de forma más tosca, con una línea más negra; ahora todo es más fino”, dice. Eso también ha permitido que personas que jamás creyeron que se tatuarían acabaran cayendo en sus manos. Por eso, cuando le preguntamos por su tatuaje más especial, no habla de los de su hermana, sino de los cuatro que lleva su madre, de 69 años. Ella, que siempre le dijo aquello de: “¿Otro tatuaje, hija?”.
Precisamente entre su clientela de mayor edad, la mejor publicidad sigue siendo el boca a boca. Sin embargo, piensa que las redes sociales también han contribuido a cambiar el sector. “Es lo que peor llevo de este trabajo, siempre tienes que estar visible. Pero es la forma de dar a conocer tu trabajo”, dice.
Cristina cree que la falta de formación para emprender es un gran handicap. “No me había imaginado que montar un negocio iba a ser así y, de hecho, si sé las dificultades que conlleva y lo poco formados que estamos, me lo habría planteado, pero no me arrepiento”, opina. Eso sí, cree que para emprender hay que ser valiente y tener paciencia. “Y no temer al fracaso. Los comienzos son lentos. La clientela te tiene que conocer y confiar en ti, pero con perseverancia es posible sacar un negocio adelante”, termina.