Ganadería
Irati Campion (ganadera de cabras): "No me importa no ir de vacaciones por tener que ordeñar todos los días"
Dos años después de graduarse en Ciencias del Deporte, Irati Campion decidió que lo suyo era criar cabras, elaborar queso con su leche y vivir en su pueblo, Egillor. La joven de 24 años cuenta cómo es ahora su día a día.


Actualizado el 04/05/2026 a las 19:41
La pradera se abre extensa y verde ante los ojos. Se respira aire limpio y calma. Es mediodía. El cielo, despejado, regala un cálido azul primaveral que baña de luz el paisaje. Al fondo, en el rincón de una pequeña colina, una treintena de cabras pastan repartidas dentro de un vallado. Ajenas al mundo, ramoneando hierbas y pequeños arbustos. La escena evoca la misma sensación de libertad y felicidad que transmitía la sería de dibujos animados Heidi. Pero no son los Alpes suizos. Estamos en Egillor, un pueblo del Valle de Ollo, a apenas veinte kilómetros de Pamplona. Cuenta con un centenar de habitantes, casi las mismas personas que habitan en la capital en un solo bloque de pisos. Irati Campion Lezaun (27 de septiembre de 2001) es la pastora de las cabras. Y su historia es la de una joven de 24 años que hace dos decidió quedarse a vivir en su pueblo, emprender y convertirse en cabrera para luego hacer queso artesanal. No era su camino. Irati ha estudiado Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (CAFYD) en la Universidad de Deusto (Bilbao), pero ella lo explica: “Lo primero que hacía nada más venir el fin de semana a casa era ir subir al prado para ver las cabras”. Y es que su padre, David Campion Ventura, adquirió una decena de cabras durante un ERTE laboral. Cuando él regresó de nuevo al trabajo, allí se quedaron las cabras que criaban a medias con otra familia del pueblo. En el prado, Irati se adentra con naturalidad en el cercado. Las cabras la sienten y se alejan. Son de raza pirenaica, caracterizadas por su pelaje negro con franjas blancas en la cara, desde los ojos hasta la nariz. Solo una cabrita, con la cara más blanca que el resto, camina hacia ella . “Es Kaiku. Su madre no la quiso y la alimenté a biberón. Ahora es como un perrillo, siempre viene”, comenta la joven mientras la acaricia. Irati Campion ha sido distinguida con el premio Valientas a la Juventud 2026, unos galardones organizados entre Diario de Navarra y Laboral Kutxa.
¿Cómo decide una joven dedicarse a criar cabras?
Nada más acabar la carrera ya iba diciendo en casa que me gustaban las cabras, pero mis padres me respondían que me olvidara, que me centrara en lo mío, en lo que había estudiado.
¿Ha ejercido como graduada en CAFYD o no encontró trabajo?
Sí, he trabajado de monitora de spinning (ejercicio de alta intensidad en bicicletas estáticas) en gimnasios. En el valle realicé actividades físicas y de memoria para las personas mayores y he entrenado a ciclistas aficionados. Incluso, cuando estudiaba era profesora de gimnasia rítmica en un club de Bilbao, pero también he sido camarera los fines de semana en bares del valle y, en verano, he trabajado en un refugio del pirineo aragonés...
Usted hacía gimnasia rítmica en el club Lagunak, de Barañáin.
Sí, desde pequeña hasta los 18 años, cuando me fui a Bilbao. Entrenar era mi vida. Me encantaba. Salía de clases, iba a violín y luego a entrenar. Era lo mejor, hacía que volviera feliz a casa. Competía solo a nivel regional. En ese momento era lo que más me gustaba. Por eso elegí esa carrera.
¿Le desencantaron los estudios?
No. Lo pasé súper bien porque es una carrera para no estar sentada todo el día en una mesa con el ordenador, que yo no podría. Hay asignaturas como anatomía, fisiología, psicología del deporte, pero también he podido probar todo tipo de deportes: rugby, fútbol...


¿Si mira hacia atrás hubiera elegido otro grado?
Sí. Igual una Formación Profesional de Ganadería. O Ingeniería Agrónoma. Incluso Biología, como mi padre, también hubiera estado bien. No me arrepiento, pero no elegiría igual. Es que con 17 años yo solo había estudiado, hecho gimnasia rítmica y tocado el violín. No había vivido nada.
¿Dedicó muchos años al violín?
¡Uf! Desde los tres años hasta los 18. Cursé hasta quinto de Conservatorio. Me quedó ese curso pendiente y sexto. Era muy exigente. Iba todos los días, luego ensayaba en casa dos horas como mínimo. La gimnasia rítmica me gustaba porque me liberaba, era menos intenso. Estudiar violín era hacer algo profesional porque, supuestamente, es para dedicarte a la música.
¿Le pena no haber terminado esos estudios de violín?
No. Acabé muy saturada. De hecho, lo dejé al empezar la carrera y no lo he tocado ni una sola vez. Está en la funda en mi habitación. Mi madre me dice que lo volveré a coger. Igual sí, pero por ahora va a seguir ahí. Además, no tengo tiempo.
¿La decisión de ser ganadera de cabras la tomó poco a poco?
Cuando estaba en Bilbao solo quería llegar aquí para subir a las cabras. Cada vez lo tenía más en mi cabeza. Estaba trabajando de monitora y pensando en cómo estarían las cabras. Veía lo de monitora como algo temporal, no para toda la vida. Y pensé que para estar así, mejor me dedicaba de manera profesional a las cabras.
¿Cómo reaccionaron sus padres?
Soy cabezona. Le decía a mi madre, que es una mujer de las que tienen los pies en la tierra, que igual lo mío eran las cabras. Cuando vieron que iba en serio fueron los primeros en apoyarme. De hecho, la quesería la voy a poner con mi madre, porque para una persona todo es mucho trabajo.
La relación entre madres e hijas no siempre son fáciles. Trabajar juntas...
Mi relación con ella es normal. Creo que soy una persona fácil de trato. Ya iremos viendo... Mi madre tuvo un invernadero de flores y lo cerró porque no resultó. Luego, ha estado cuidando a sus padres. Al fallecer, tiene tiempo y está ilusionada con hacer queso porque siempre ha trabajado. La quesería será de los dos.
Su abuelo materno era cerealista en Arazuri y tenía algún ternero. De algún lado le viene la afición al sector primario.
Sí, mi abuelo era agricultor y me gustaba estar con él, aunque a mí me gustan más los animales.
¿Cuántas cabras tiene?
Ahora 55 madres reproductoras. Este año ya estamos dejando bastante de recría para que sean futuras madres. Hay unas treinta o más para que de cara a Navidad tengan partos porque nos quedamos con las hembras y vendemos los cabritos para carne.
¿Y cuántas necesita para hacer viable su proyecto?
Unas 125 o 150, aunque ya veremos. También tengo cinco ovejas y once yeguas pottoka para vender para carne. Lo que quiero en mi proyecto es depender lo mínimo de terceros. Por ejemplo, también cultivo el forraje para dar a las cabras en el invierno cuando están en el establo.
¿Por qué la elección de cabras y no ovejas o vacas?
Hay gente que dice que son más difícil, pero a mí me gustan. Tienen personalidad. Y creo que hay un mercado creciente para la leche y queso de cabra. Dicen que es una leche más digestiva.
¿Cómo es un día normal suyo?
Me levanto a las 6.30 de la mañana y para las 7 ya las estoy ordeñando. De momento, ordeño a mano. Me lleva hora y media o dos horas. Luego, saco las cabras al campo. La leche la meto en cántaras y las bajo a un tanque de frío. Me dedico un rato a hacer queso. Estamos haciendo pruebas en la quesería para dar con el que nos gusta y damos a probar a los vecinos del pueblo y a amigos. A la tarde voy a ver las yeguas y meto las ovejas al establo y les doy forraje porque ahora la hierba es muy acuosa y necesitan un poco de seco. También preparo, delimito con el vallado de pastor eléctrico, el trozo de prado donde las sacaré al día siguiente porque las cabras son muy selectivas y así, en un trozo marcado, se tienen que comer lo bueno y lo malo. Termino hacia las diez de la noche.
¿Ordeña de lunes a domingo?
Todos los días.
No se puede ir de vacaciones...
No, pero no me importa no ir de vacaciones por tener que ordeñar. Si me voy algún día puntual en verano me ayudan, pero no es algo a lo que me cueste renunciar.
No me dirá ahora que es pastora porque le da libertad. Tiene unas ataduras diarias.
Sí, sé que es paradójico, que no soy libre pero en mi día a día me siento muy libre, muy en paz. Hago lo que quiero hacer.
¿Siente que va a contracorriente con los jóvenes de su edad?
No, quizá porque mi entorno está aquí, en los pueblos del valle, y conozco a más gente que quizá le gustaría dedicarse al campo, pero hoy está muy complicado. Si no tienes un respaldo económico y un acceso a la tierra, como yo lo he tenido por mi abuelo y mis padres, es muy complicado. ¿Qué dinero vas a tener con 24 años? Poco.
¿Cree que hay suficientes ayudas para quienes dedicarse al campo?
Hay ayudas, están bien, aunque a veces te piden un montón de cosas ..., pero si no tienes tierras, por muchas ayuda, es complicado.
Vamos al queso. Ha registrado la marca Kolarreberri, que significa corral nuevo.
Sí hace alusión a una paraje donde voy a pastorear con las cabras. Nos gustó el nombre.
¿Qué tipo de queso van a elaborar?
Queremos hacer queso fresco, rulo, crema de untar, queso curado y requesón, pero aún estamos en pruebas. Esperamos empezar la venta pronto. de momento, solo haremos venta directa. Viene mucha gente a ver el castillo de Garaño, espero que me compren queso.
¿Dónde han aprendido a hacer queso?
En muchos cursos, hemos ido a queserías catalanas, de Santander, de aquí...
¿Qué le hace feliz?
Me encanta que las cabras estén gordas porque significa que han comido mucho y que yo he hecho bien las cosas. ¿Cuando se mira al espejo, qué ve? Una chica con las ideas claras sobre la vida, lo que quiero y lo que no.
