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Energías renovables

El sector eólico pugna por volver a los beneficios pese a los grandes pedidos

Los fabricantes de turbinas acumulan pérdidas por el fuerte aumento de los precios en las materias primas

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Imagen del parque Monte San Gregorio con Tudela al fondoBlanca Aldanondo
Actualizado el 02/11/2022 a las 08:50
En los próximos ocho años va a ser necesario aumentar solo en España en más de 20 GW la producción de energía eólica para alcanzar los objetivos planteados por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Para 2030 habría que disponer de 50 GW de potencia eléctrica instalada con turbinas eólicas tanto terrestres (onshore) como marítimas (offshore), más del doble de lo que existía en 2015. Con largas carteras de pedidos pendientes, debería suponer un enorme negocio para los fabricantes europeos, pero, paradójicamente, esta industria está afrontando su crisis más profunda desde que comenzó su andadura hace tres décadas.
Es una situación que afecta directamente a Navarra, donde Siemens Gamesa, compañía que cuenta con unos 1.800 empleados en territorio foral, está inmersa en su enésimo ajuste de plantilla. En conjunto, el sector eólico ha llegado a contar con 11.500 empleos en Navarra tanto en funciones de desarrollo e investigación como en fabricación. Los vientos en contra de esta industria vienen soplando con fuerza desde hace más de una década. La misma Gamesa, años antes de ser absorbida por Siemens, tuvo que cerrar dos de sus fábricas en Navarra, pero es en los últimos años cuando las cosas se han puesto verdaderamente cuesta arriba.
MADURACIÓN ACELERADA
Las causas de esta crisis existencial de un sector que estaba llamado a convertirse en uno de los grandes motores de la economía navarra son variadas, pero casi en su totalidad tienen una raíz común: un acelerado proceso de maduración. En efecto, la industria eólica ha pasado en pocos años de ser un sector emergente que era punta de lanza en innovación y en el que todo estaba por hacer a convertirse en un negocio controlado por grandes empresas. De hecho, la mayoría de los componentes que integra actualmente un aerogenerador se han convertido en lo que los anglosajones llaman ‘commodities’, productos cuya tecnología ya no tiene secretos para nadie y con escaso margen de beneficio que solo los hace rentables en grandes volúmenes.
Ello explica muchas de las decisiones que los grandes fabricantes vienen tomando en los últimos años, como el traslado de la producción de palas a países con sueldos bajos o la externalización de los componentes como las multiplicadoras o los generadores. Y esta apresurada adaptación ha coincidido ahora con la crisis provocada por la covid y la agresión militar rusa a Ucrania. Zarandeada por el vendaval del incremento de precios de las materias primas, el aumento de los costes energéticos y logísticos y la escasez de componentes electrónicos, las grandes empresas del sector están viendo teñirse de rojo sus cuentas de resultados.
Tampoco ayuda a reflotar al sector la dura competencia que están ejerciendo las compañías chinas, con cuyos precios han ido acaparando de los mercados en los países emergentes. Unos rivales que ahora están empezando a desembarcar en Europa.
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