Ganadería
El debate de las macrogranjas salpica a la explotación intensiva en Navarra
“No es lo mismo”, aclaran Gobierno foral y sindicatos ante la polémica generada en un sector ganadero con 9.781 explotaciones en Navarra


Publicado el 14/02/2022 a las 06:00
Medio millón de metros cuadrados tiene la explotación que gestiona la cooperativa familiar Valle de Odieta en Caparroso con 4.700 vacas en ordeño que producen 160.000 litros al día. El sector porcino roza los 700.000 ejemplares en naves repartidas en Navarra. Son datos que, sin un análisis pormenorizado, provocan reacciones de asombro y la desaprobación de una parte de la población sobre un debate en torno a los modelos de producción y gestión ganadera.
Una radiografía del sector en Navarra muestra la existencia de 9.781 explotaciones, según las estadísticas de 2019 del departamento foral de Desarrollo Rural. De ellas, 8.756 están dedicadas a la producción y reproducción en sus modalidades de extensiva e intensiva. No hay como tal un epígrafe que etiquete a las macrogranjas a partir de la variable de la densidad de ocupación. Las que puedan responder a tal descripción sobre la base de una concentración de ejemplares figuran en la sección de explotación intensiva.
“Intensivo -dice el director gerente del sindicato UAGN, Iñaki Mendióroz- no es igual a macrogranja. No existe definición ni normativa ni agronómica de este último concepto”. La aclaración es compartida por el departamento foral de Desarrollo Rural en medio de una polémica, que ha revivido con las últimas declaraciones del ministro de Consumo, Alberto Garzón, contra las macrogranjas. Garzón afirmó que este tipo de explotaciones “contaminan el suelo, contaminan el agua y luego exportan carne de mala calidad de animales maltratados” y calificó como “sostenible” la extensiva.
“La intensiva -sostiene el gerente de UAGN- está sujeta a una serie de condiciones de producción muy exigentes, de primer nivel. No podemos mezclar la idea de manejo intensivo con macrogranja porque en determinadas producciones como vacuno de leche, porcino o avícola de carne no se produce de otra forma que en intensivo”. Cree el director de UAGN que “la evolución es hacia una intensificación sostenible, pero sin demonizar este modelo que tiene tantas garantías sanitarias , de calidad, higiénicas y de sanidad animal. Nos acordamos del ejemplo en el que si una explotación de porcino de cebo, que al menos debe tener 2.500 plazas para poder generar una renta digna. Si este ganado tuviera que estar en extensivo sería un desastre , ya que esta especie (porcino de capa blanca ) necesita mucha alimentación, por tanto mucha superficie de pasto - no estamos en la dehesa- y la interacción con la fauna silvestre generaría gran cantidad de problemas sanitarios”.
La cuestión es dónde está el límite para que una explotación sea macrogranja. “Navarra es la única comunidad que tiene regulados los tamaños máximos de explotación”, observa el Ejecutivo foral. El máximo de vacas es de 1.250. Ahora bien, la aplicación de este límite se topó con una sentencia que cuestionaba su exigencia. Varias voces en el sector, entre ellas las del propio director de UAGN, coinciden en la necesidad de apoyar “el modelo intensivo porque es complementario al extensivo ( ejemplo cebaderos ) y porque es la forma de optimizar los recursos para poder dar de comer a tanta gente que puebla el mundo”.
La última estadística del Ministerio de Agricultura, referida al año 2020, muestra que Navarra consume 43,5 kilos de carne fresca al año por persona. El dato se sitúa por encima de la media española (36,2 kilos). Aún así, una comparación con años pasados muestra un descenso de carne fresca en la bolsa de la compra de los navarros. Tal apunte estadístico contrasta con el incremento que se ha ido registrando en la producción. Al ejemplo del sector porcino hay que remitirse para entender que Navarra es exportadora de carne. Sino todas, buena parte de las granjas de cerdos pertenecen o son fuente de abastecimiento de empresas de Aragón, Cataluña y Extremadura, donde se asientan los principales focos de distribución nacional e internacional.
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APUNTE | Jesús Rubio
Qué mala es la tabla rasa
Qué mala es la política cuando hace tabla rasa, y los discursos igualan realidades y fulminan matices. Hace más de un mes que el ministro Alberto Garzón habló mal y a destiempo de las macrogranjas y de la carne española , y desató una paradoja: quiso abrir un debate necesario sobre algunas formas de ganadería y se encontró con una tormenta de opiniones interesadas, de consignas de partidos y de argumentos de andar por casa que hicieron todo posible menos el debate sereno y riguroso. No es lo mismo la ganadería que se muestra en estas páginas que esas macrogranjas que son más que macro en Estados Unidos. Cuando se habla de una como si fuese la otra se confunden las cosas y se hace daño a unos ganaderos que no tienen una vida fácil y buscan ser lo “más sostenibles” posible. Toca en los próximos tiempos hacer compatibles la necesidad de alimentos abundantes y de calidad con los problemas que determinadas formas de hacer pueden suponer en la valía del producto y en el medio ambiente. Pero si se quiere un debate provechoso, qué menos que no confundir las churras y las merinas.