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Entrevista
Javier Taberna Jiménez

“La Cámara no entra en política, pero si una reforma fiscal afecta al interés general, lo dice”

Acaba de ser reelegido al frente de la Cámara Navarra, cargo en el que cumplirá la friolera de treinta años. Nadie le ha hecho sombra a Javier Taberna en esta institución centenaria. Un órgano de representación empresarial para la defensa de la economía de libre mercado que, como en el resto del país, se vio seriamente amenazado en 2010 tras perder el ‘recurso cameral’ que proporcionaba el 70% de sus ingresos. Taberna cuenta en esta entrevista cómo se han reinventado tras un proceso ‘duro’ de ajuste y da su particular punto de vista sobre algunos asuntos de la actualidad Navarra.

Javier Taberna, durante la entrevista mantenida en su despacho de la sede de la Cámara Navarra. Su pipa de fumar descansa sobre la mesa.
Javier Taberna, durante la entrevista mantenida en su despacho de la sede de la Cámara Navarra. Su pipa de fumar descansa sobre la mesa.
Actualizada 02/05/2018 a las 20:26

Acaricia la cazoleta de su pipa a la vez que adiestra sobre el manejo de la misma e introduce cuidadosamente una porción de tabaco en su interior. Javier Taberna (Pamplona, 1950) es uno de esos veteranos que aún disfruta del placer de fumar en pipa, aunque asegura que siempre pide permiso para hacerlo. No necesita muchas presentaciones. Su currículo dice que es abogado “y nada más”. Ejerce como tal y ha liderado alguna que otra aventura empresarial con más o menos éxito; lo suyo no fueron los trajes, pese a lo impoluto que viste, ni las bodegas. También es el presidente de la Cámara Navarra desde hace 27 años. Su pasión por la moto sólo es equiparable a su culto por la música country y el soul. Sí, algunas noches, como este fin de semana en el Zentral de Pamplona, Javier Taberna se viste de negro, se calza un sombrero y unas gafas del mismo color, y se transforma en el batería del grupo Gregario De Luxe.

Dejando a un lado a Isabel II de Inglaterra, ¿hay alguien en Europa que lleve al frente de un cargo más tiempo que usted?

Hubo un presidente anterior en la Cámara de Comercio de Navarra, Hilario Etayo, que estuvo tres décadas, es cierto que durante la dictadura. Pero hoy, entre las cámaras españolas, soy el que más tiempo lleva.

¿Por qué nadie le disputa la presidencia?

La institución de las cámaras de comercio es una cosa curiosa. Son corporaciones de derecho público, pero gestionadas por empresarios para la defensa de un modelo económico de libre mercado. Los empresarios en general son muy prácticos y si una institución funciona razonablemente ya les vale. Aquí no hay competencia, no hay rivalidades de corrientes.

¿Que sea un cargo sin sueldo influye en que haya menos competencia?

Efectivamente, este es un cargo sin sueldo y quizás sea una de las causas.

¿Y no existe algún otro tipo de aliciente, como las ‘tarjetas black’ o alguna tarjeta para uso del presidente y otros cargos?

No (sostiene la mirada un par de segundos), no hay nada de eso. Nadie tiene nada.

Los empresarios madrileños pasan de su Cámara de Comercio. Sólo 527 votaron en las recientes elecciones para elegir a los vocales del Pleno, un 0,1% de las 490.000 empresas censadas. ¿Se ha dado ese pasotismo también en Navarra?

Es que este es un proceso electoral en el que puede ocurrir que no se vote. Por ley, todas las empresas están adscritas a la Cámara de Comercio: son electores y son elegibles. En Navarra, el censo son 43.163 empresas. Cada uno de los sectores empresariales, en función de su peso, tiene una mayor o menor representatividad en el Pleno de la Cámara. Si se presentan más candidatos que puestos a cubrir en cada uno de esos epígrafes es cuando se celebran elecciones. En Navarra ha habido tantos candidatos (46) como puestos a cubrir. Por tanto no hay votaciones. Que yo conozca sólo ha habido elecciones dos veces en alguno de los grupos. Siempre impera el consenso.

¿Y esa escasez de candidatos no denota la desafección entre la mayoría de la empresas navarras hacia su Cámara? ¿Cree que estas se sienten representadas?

Representadas... Nosotros representamos intereses generales. Esa es la defensa que hacemos y yo creo que cada vez hemos ido ganando más en reconocimiento social. El empresario que está en el Pleno de la Cámara viene a trabajar por Navarra, no por su empresa ni por su sector.

¿Qué dice a quienes tildan a las cámaras de comercio de instituciones obsoletas?

Yo soy un enamorado de las cámaras de comercio y por eso tengo ese orgullo de permanencia y por eso sigo estando aquí divirtiéndome y aportando algo. Las cámaras nacen en una crisis brutal, en 1898, con la pérdida de las colonias y en plena desmoralización. Surgieron como instrumento de renovación y fueron dotadas de naturaleza pública. Desde entonces, ha habido guerra, dictadura, democracia... y las cámaras se han ido adaptando. Siempre hemos tenido una función importante, que es la del comercio internacional y por eso la red de cámaras internacionales. Somos la marca más universal, más que la Coca Cola. Si usted quiere hacer un negocio en Medellín yo descuelgo ahora el teléfono y hablo con el presidente de la Cámara en Medellín. Eso es un gran potencial.

¿Otra de sus funciones es meter el dedo en la llaga a los poderes públicos?

Por ley debemos ser consultores de la Administración, influir en los poderes públicos para que se den las condiciones objetivas para el desarrollo de las empresas. Es hacer un poquito de política económica.

¿Como se ha rehecho la Cámara tras perder en 2010 el ‘recurso cameral’, que abonaban las empresas por Ley y que suponía el 70% de sus ingresos?

Gracias a la buena administración. Nosotros pasamos de facturar siete millones de euros en 2010, a 1,3 millones en 2013. Así que tuvimos que buscar una estrategia, una vía de financiación independiente con prestación de servicios y cuotas de empresas socias. De 63 empleados que teníamos hace diez años hoy estamos unos 19.

Un ajuste muy duro. ¿Dejó cicatrices?

Ha sido todo muy duro. Pero, al menos, como había dinero, se pudo pagar y las cosas se han resuelto razonablemente bien.

Algunos de los trabajadores despedidos volvían de excedencias tras haber formado parte del anterior Gobierno de Navarra, como la exconsejera de Salud y el exdirector de Turismo. ¿Pesó este hecho de algún modo para contar o no con ellos?

Nada, lo que sí sabían ellos es que no podían volver. O mejor dicho, que si volvían, estaban en excedencia forzosa, tendrían que afrontar un despido. Sus vacantes se habían ido cubriendo con la gente que seguía aquí. Fue una amortización de libro.

¿Han dejado ya los números rojos?

Nos hemos consolidado y vamos a entrar en una curva ascendente. Este año va a ser el del equilibrio presupuestario. Tampoco hemos generado deuda puesto que los años de déficit los hemos solventado con nuestra propia tesorería. No hemos pedido un solo crédito.

 

ECONOMÍA, IMPUESTO, ETA
 

Casi tres décadas al frente de la Cámara, ¿en qué ha cambiado la economía navarra en este tiempo?

Cuando entré en 1991 ya estaba la Navarra que hoy conocemos. La Navarra potente, con una economía muy bien equilibrada, con un sector industrial vigoroso. Éramos ya la región más industrializada de España y lo seguimos siendo. Es decir, los mimbres estaban hechos. Pero la evolución ha sido brutal. Recuerdo que no se exportaba, lo hacían solo prácticamente las multinacionales. Desde la Cámara empezamos a promocionar el comercio internacional con misiones multisectoriales. Ni se hablaba inglés, ni había departamentos de internacionalización en las empresas. Ahí ha habido una evolución brutal y en el aspecto tecnológico no quiero ni contar. La empresa navarra es hoy muy competitiva.

Mire que en este tiempo ha habido planes y apuestas por la diversificación. Y aún así, ¿no seguimos girando hoy alrededor de las cuatro ruedas de Volkswagen?

No, yo creo que esa es otra de las cosas que han cambiado. Volkswagen es muy importante, pero la Universidad de Navarra, que tiene 2.500 trabajadores, también. En el 91, por ejemplo, había expectativas de que el sector de la alimentación podía ser muy importante y lo está siendo gracias a infraestructuras como el Canal de Navarra. El futuro en este sector es absolutamente esperanzador con el cultivo de 57.000 nuevas hectáreas de regadío. Pese a la crisis en las renovables, seguimos siendo una gran potencia. Frenos Iruña, una empresa que se dedicaba a la automoción, ahora fabrica frenos para los molinos. Es decir, empresas del metal que se dedicaban a la automoción se han especializado en nuevos sectores.

¿Le siguen doliendo los impuestos?

¡Mucho! El factor impositivo es uno de los decisivos a la hora de invertir. Lo fue en 1964, cuando aquella Diputación diseñó el plan de industrialización de Navarra y atrajo a varias multinacionales, y lo es hoy, cuando el sistema fiscal hace que no vengan inversiones y que alguna se vaya.

¿Con qué datos lo avala? No parece que esto vaya a ser un desierto industrial...

Lo que pasa es que al ser muy potente la industria, esta no se traslada. Se trasladan las empresas que tienen domicilios que son patrimonialistas o personas físicas. Lo preocupante es que dejen de venir empresas y que las que están aquí dejen de invertir. Hay ejemplos, como el de una empresa que tiene que ampliar sus instalaciones y no lo puede hacer porque su mancomunidad de aguas no tiene la capacidad de acoger las aguas residuales de esta compañía. Dejará de invertir porque la Administración no lo hace y tendrá que ampliar en otro lugar que, evidentemente, es una de las provincias limítrofes de Navarra, donde le han ofrecido todo tipo de ayudas.

¿Cómo son sus cara a cara con el vicepresidente económico Manu Ayerdi y el consejero de Hacienda, Mikel Aranburu?

Tengo una magnífica relación. En el caso de Aranburu es un departamento mucho más técnico. Todos los navarros tenemos en mucha estima a Hacienda porque es la columna vertebral de nuestro régimen foral. En el caso de Manu Ayerdi, siempre lo he dicho, al igual que sobre la presidenta, desde el punto de vista económico nos diferencia muy poquito. La Cámara no entramos en política. Entramos solo en la defensa de los intereses generales del comercio, la industria, los servicios. Y si creemos, como en este caso, que una reforma fiscal es negativa para la economía lo tenemos que denunciar como lo hemos hecho y lo seguiremos haciendo.

ETA plantea su disolución. ¿Qué piensa?

Yo ya lo daba por hecho, esto ya estaba descontado. Me ha decepcionado su perdón, porque ha sido incompleto. Aunque decepcionar, la verdad, es difícil que me decepcione esta gente.

Ha sido presentado el libro La Bolsa y la vida, coordinado por Josu Ugarte, sobre la extorsión terrorista sufrida por los empresarios. ¿Cómo recuerda esos años?

En ese magnífico libro se habla de algo que se vivió de modo oculto, oscuro e incluso con vergüenza, como fue el chantaje a los empresarios. Cuenta cosas que ponen los pelos de punta. Yo viví con un guardaespaldas durante 17 años, mirando todos los días los bajos del coche y figurando en todas las listas de los pisos francos que cogían.

¿Le llegaron a pedir el impuesto revolucionario?

No, quizás sabían que no tenía un duro. A mí simplemente me amenazaron por ser presidente de la Cámara y por hablar lo que hablaba. Hubo una época en la que no se podía salir a la calle, la kale borroka se había apoderado de ella y los comercian tes tenían que cerrar desde las cinco en el centro de Pamplona. Yo solicité más refuerzo policial y dio la casualidad de que a la semana siguiente llegó. Se controló bastante la situación y a partir de aquello me pusieron dianas por todo el Casco Antiguo.

¿El empresario navarro pudo resistir al chantaje mejor que el vasco?

Sí, porque socialmente no había tanta presión. Lo que pasa es que el miedo es libre y también hay que diferenciar zonas. No tenía nada que ver la Ribera con Sakana o Bidasoa.

Pocos recordarán que Taberna fue concejal de Pamplona con UCD y que tuvo responsabilidades en Tráfico. ¿Cómo evalúa hoy la actual amabilización?

Alguno tiene que recordarlo porque fui yo quien hizo la peatonalización de aquella época, que ha funcionado bastante bien pese a que los aparcamientos no llegaron hasta diez años después. Por eso me da más pena todo esto. Se ha hecho sin racionalidad y ha producido muchos efectivos negativos, como en las plazas de aparcamiento, que se han extendido a otros barrios. Se ha peatonalizado de modo salvaje el perímetro del Casco Antiguo y eso ha producido que ya nadie venga aquí y lo esté sufriendo su comercio. Creo que cualquier peatonalización debe ser racional y no impuesta.


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