Encuentro

66 años después, una mujer se reencuentra con las niñas que cuidó de pequeñas en Ezkurra y Orondriz

Las nuevas tecnologías tienden un puente de comunicación entre una familia vizcaína con la que fue la cuidadora de sus dos hijas mayores entre 1958 y 1960 en Ezkurra y Orondriz. “¿Qué habrá sido de Ana Mari?”. La incógnita se resolvió en febrero

ORONDRIZ, 1960 y TRAPAGARAN (Vizcaya), 2026. Ana Mari Mariezkurrena Telletxea sujeta de la mano a Inma y Mari Carmen Tens Sánchez  en sendas imágenes separadas por la distancia del tiempo
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ORONDRIZ, 1960 Y TRAPAGARAN (VIZCAYA), 2026. Ana Mari Mariezkurrena Telletxea sujeta de la mano a Inma y Mari Carmen Tens Sánchez en sendas imágenes separadas por la distancia del tiempoCedidas
ORONDRIZ, 1960 y TRAPAGARAN (Vizcaya), 2026. Ana Mari Mariezkurrena Telletxea sujeta de la mano a Inma y Mari Carmen Tens Sánchez  en sendas imágenes separadas por la distancia del tiempo

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Natxo Gutiérrez

Actualizado el 03/03/2026 a las 09:15

¿Ama,  tú conoces a Adelina Sánchez y a Baldino Tens?”. A Ana María Mariezkurrena Telletxea, que estaba en ese instante comiendo junto a su hija Ana y su yerno en Ventas de Mugiro, se le “revolvió el interior”. Por un instante, sus recuerdos viajaron a 1960 y en ellos apareció la imagen de la familia Tens Sánchez tal y como permanecía en su mente desde que la vio por última vez. 

Un vacío, entre preguntas sin respuestas en uno y otro sentido –“¿Qué habrá sido de ellos? o ¿qué habrá sido de Ana Mari?”–, quedó instalado en una relación que había sido estrecha. Familiar, podría decirse. Procedentes de Potes (Cantabria), Adelina y Baldino recalaron hacia finales de los años 50 en Ezkurra previo paso por Isaba, donde nació su hija mayor, Inma. Ya radicados en Ezkurra, vino al mundo Mari Carmen. En esto, que como la mujer trabajaba para una empresa “haciendo nóminas y como cocinera”, encomendaba la limpieza y otras tareas domésticas a una vecina de la localidad. Fue ella la que les habló de una muchacha, huérfana de madre, que podría echar igualmente una mano con el cuidado de las pequeñas. 

El relato escuchado en tantas ocasiones de boca de su madre por Inma Tens prosigue con la confianza entablada, con dosis de gran afecto, con aquella joven solícita en cuidados. En esto que la familia recibió una oferta de trabajo para trasladarse a Orondriz. “¿Quieres acompañarnos Ana Mari?”, atendió por propuesta la cuidadora. “En mi casa me dejaron y me fui con ellos”, recuerda a sus 77 años de edad desde Areso, donde vive hoy. 

En el nuevo destino del valle de Erro, la familia Tens Sánchez esperaba un nuevo nacimiento. En realidad, fueron dos (Javi y Begoña). Con la madurez amasada a base de experiencias que acortan las fases de desarrollo humano, Ana Mari pensó que “no tenía sitio en aquella casa chiquita”. La despedida le devolvió a su Ezkurra natal. Los caminos se separaron con quien había sido su familia de acogida temporal. Por efecto de reagrupamiento familiar en una época en que la economía e industria vizcaína comenzaban a despegar, los Tens Sánchez acabaron por mudarse. 

Ana Mari contrajo matrimonio y tuvo cinco cincos, que le han proporcionado el regalo de once nietos. Nada le hacía presagiar en su rutina de un reencuentro inesperado. Así que la pregunta escuchada en Mugiro hace un mes desenredó el ovillo de los afectos. “Pues sabes ama que la familia de Adelina y Baldino han dado contigo”. La afirmación de su hija mayor acentuó su perplejidad, hilvanada con emoción. 

EL DÍA DEL ENCUENTRO 

El caso es que al otro lado de ese hilo umbilical que permanece atado por el ensamblaje de los afectos, Adelina, de 93 años de edad, preguntaba una y otra vez a sus hijas Inma y Mari Carmen por el destino de Ana Mari. Lo hacía cada vez que veía un partido de pelota por televisión y escuchaba el apellido Mariezkurrena.

Con una bolsa blanca en la mano, Ana Mari Mariezkurrena junto a Adelina Sánchez, en silla de ruedas, en el reencuentro del 15 de febrero junto a miembros de sus familias
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Con una bolsa blanca en la mano, Ana Mari Mariezkurrena junto a Adelina Sánchez, en silla de ruedas, en el reencuentro del 15 de febrero junto a miembros de sus familiasCedida
Con una bolsa blanca en la mano, Ana Mari Mariezkurrena junto a Adelina Sánchez, en silla de ruedas, en el reencuentro del 15 de febrero junto a miembros de sus familias

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 Total, que una de sus nietas, avezada en los secretos de las nuevas tecnologías, mandó un mensaje por Instagram a todo aquel que estuviese identificado con el apellido. La iniciativa acabó dando sus frutos, vía Leitza, con la respuesta ofrecida por “la hija de un primo carnal” de Ana Mari.

El silencio de 66 años acabó siendo llenado con palabras y alguna lágrima en una primera comunicación telefónica. “Si una estaba emocionada, la otra estaba más”, aprecia Inma Tens, con un hilo de voz embargada por la misma sensación. “Tienes que venir. Tienes que venir”, asegura Ana Mari que escuchó de su interolocutora. Y he de aquí que el pasado 15 de febrero, domingo, sus miradas volvieron a cruzarse. Fue en Trapagaran (Vizcaya), entre nervios de la anfitriona más veterana, que a punto estuvieron de ocasionarle un mal. Una comida remató el compromiso de mantenerse en comunicación y de devolver la visita a Areso. Eso sí, Ana Mari volvió a coger de la mano a aquellas niñas que cuidó con cariño hace seis décadas.

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