Reto solidario
Ocho subidas a San Miguel de Aralar
Arropado por un gentío en la meta de Uharte Arakil, Kepa Gordo Barbado se vio forzado a reducir su desafío solidario de nueve subidas a San Miguel de Aralar por la lluvia y nieve y el dolor en un tobillo

Publicado el 01/04/2023 a las 21:00
Los elementos intentaron empañar, sin éxito, su mérito. Aunque en su mente tuviese el objetivo de subir y bajar nueve veces a San Miguel de Aralar, desistió de su propósito. Con el cansancio dibujado en su rostro, no perdió nunca la ilusión en un desafío personal contra el crono. Las inclemencias endurecieron el ya de por sí exigente reto por una buena causa: recaudar fondos para proveer a la Asociación Esclerosis Múltiple de Navarra de un exoesqueleto, un armazón artificial que posibilita recobrar el equilibrio a personas que lo han perdido.
“No he podido completar la novena porque había temporal. Estaba lloviendo y nevando arriba. Además tengo el tobillo izquierdo mal, pero me siento muy satisfecho con lo realizado. Se ha cumplido el objetivo”. Entre un gentío y música de charanga, fue aclamado como un campeón en la meta de la plaza de Uharte Arakil, a la que llegó extenuado por las 12 horas y 10 minutos corriendo por las estribaciones que desembocan en el emblemático templo de Aralar.
La meterología adversa obligó a concentrar los actos complementarios del programa festivo en el frontón cubierto, donde hubo implicación de la asistencia en el fin recaudatorio a favor de la Asociación de Esclerosis Múltiple de Navarra.
Para cuando, a eso de las diez de la mañana, comenzó a desenredarse la propuesta de actividades, Kepa Gordo, vecino de Arbizu de 55 años de edad y empleado en el servicio de Mantenimiento de Carreteras en Irurtzun, ya había acariciado tres veces, al menos, el rostro de su hermano, Kintín, reproducido en una imagen en San Miguel de Aralar. El contacto con un retrato del hermano fallecido animó al corredor voluntarioso por intentar rematar su proeza.
El problema surgió con la lluvia intermitente que, como narró, derivó en ocasiones en nieve para mayor complicación. Más allá de las trabas, se armó de valor y buscó la fórmula de vencer al desánimo para continuar hasta que el reloj diese las seis de la tarde y pudiese repetir nueve veces el mismo itinerario.
LA CANTERA
En la cantera de Uharte Arakil, situada a poco más de 1,5 kilómetro del centro urbano, se levantó una carpa a modo de punto de salida de cada vuelta. Los testigos de su empeño particular no pudieron sino destacar el mérito contraído por quien el año pasado se animó a realizar el mismo trayecto. Entonces, consiguió su objetivo. Cubrió los más de 60 kilómetros que suman ocho ascensiones y descensos. Eligió una fecha -19 de marzo- en recuerdo de su padre. Bajo un árbol plantó un árbol en su memoria con pertenencias suyas de especial valor sentimental.
Ayer sintió el afecto de cercanos que quisieron tributarle un merecido reconocimiento a su llegada a Uharte Arakil en el último de sus recorridos al circuito de montaña.
Desde la cantera hasta la meta estuvo acompañado de su fiel perro, Lodi. Al llegar al puente que salva el río Arakil, encontró el aliento alegre de un ramillete de niños que salieron a su encuentro y le acompañaron hasta franquear el arco de los vencedores. Ya lo había dicho días antes de encarar la prueba no competitiva , “es importante ayudar para hacer la vida más fácil a otros”. Aunque acabó por hacer de la resignación virtud, sin terminar las nueve vueltas, corredor de montaña de Arbizu se retiró cansando pero satisfecho. Logró un triunfo por la vida.