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Me quedo en el pueblo

Cien años de frontón en Larraintzar

En 1921 se construyó, con la pared izquierda en la posada, el frontón de este concejo de Ultzama, que ha dado una inusual nómina de deportistas

Antonio Ziganda con Antonio y Andoni Gascue, el miércoles en el frontón de Larraintzar.
Antonio Ziganda con Antonio y Andoni Gascue, el miércoles en el frontón de Larraintzar.
Actualizada 28/03/2021 a las 06:00

Larraintzar tiene un frontón que cumple cien años, y un tesoro en sus mayores, en quienes guardan en la memoria los primeros años de las dos paredes y han nutrido la idiosincrasia de un enclave, entonces con más habitantes y vacas de leche en todas las casas. Ahora vecinos hay menos de un centenar, vacas no quedan apenas y fluye la vida tranquila, en balcones con vistas a siete pueblos y un horizonte verde donde basta enfocar para que la naturaleza pletórica del valle de Ultzama se vista de largo.

Francisco Aríztegui, 96 años, nació en Larraintzar el pequeño de ocho hermanos, siempre ha vivido allí. Sabe que Policarpo Maritorena, maestro en el pueblo en la casa que ahora es posada, recibía cuando se jubiló una peseta diaria del concejo y, en agradecimiento, cedió el terreno para construir el frontón. Antes de aquello jugaban a mano en la pared de casa Munárriz y a guante en el Soto, una finca fuera del núcleo de casas. Se hizo con piedra traída de Tafalla, de manos de los hermanos de Alkotz Benito y Anastasio Balda, y su padre. “Tenía dos frontis y, como las pelotas eran muertas, se jugaba a mitad de frontón, en ambos lados. En aquellos tiempos se hacían campeonatos de lanzamiento de piedras hacia la carretera. Siempre fue lugar de juego de los niños: la china, gaiztelu, cadena... Y llenaban el mejor frontón de la zona pelotaris de altura. Llegaron los Baleztena, Irurita, Justo Dufur de Burguete, los hermanos Arbizu...”. Aríztegui ha cedido su testimonio por escrito. Lo prefiere así, por la pandemia. Antonio Ziganda ha sido el encargado de buscar y de recopilar, de indagar en la historia y en sus gentes. Otra puerta que tocó fue la de José Luis Arce Iñarrea, 89 años. Se acuerda del Soto y de que en una ocasión jugó allí el obispo Irurita. “Se jugaba más que ahora, también en el atrio de la iglesia y si salía don Serapio, el párroco, ya podías echar a correr”, escribe y enumera pelotaris, entre otros, “Txikito de Iraeta, Atano III, Mariano y José Juaristi, Urcelay... y después ya Vergara, Maíz, Galarza, Etxabe, los Olaizola, Retegui, Errandonea, Lasa, Josean Tolosa, Titín... Y Julián Lajos”. El recordado zaguero, campeón manomanista en 1971 y 1976, era de Larraintzar, como tantos deportistas de renombre, “para un pueblo tan pequeño”. Los cita Antonio Ziganda: “Patxi Aríztegui, Ignacio Gascue, Paco Mari, José Angel Ziganda, Anaitz Arbilla, Carlota Ciganda y Andoni Gascue”. Dice de éste que “es el mejor pelotari en aficionados”. Al rato llama a Antonio, el padre de Andoni, concejante, vicepresidente deportivo en la Federación Navarra de Pelota e hijo de Ignacio, 94 años, otro de los pelotaris locales y otra de las voces en off de este reportaje. A bote pronto surge la tertulia pelotazale. “Ves, esto es lo que falta ahora, aquellas conversaciones con el txikito de vino, porque no llegaba para vermú...”, sonríe Ziganda y apunta que el frontón Toki-Alai “es pieza fundamental del centro de alto rendimiento natural que es Larraintzar”. “Ha acogido torneos y ha sido patio de recreo, de festivales de deporte rural, dantzaris, teatro y hasta cine, pista de baile en fiestas, comedor al aire libre”. Y repara en un letrero, ya historia, aquel que memorizaban “por mandato del maestro”: “Se prohíbe jugar a pelota durante los oficios divinos y al blasfemo, todo el tiempo”. Ahora esperan, sin blasfemar, que la pandemia les permita celebrar el centenario, aunque sea con una fiesta discreta.

Larraintzar, cuna del obispo Irurita, del doctor Alejandro San Martín... y de una arquitectura de revista, aglutina los servicios del valle, con quince concejos y algo más de 1.600 habitantes. Le pena a Ziganda que el censo decaiga, “con lo bien comunicado que está y con casas cerradas...”. En la escuela de pelota hay cuatro alumnos de Larraintzar. “Hay esperanza”.

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