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Caza

Etxalar echa la red

Las lluvias de días atrás han retrasado el inicio de la captura tradicional. Los encargados de perpetuar el legado de 1378 se afanaban este lunes en los preparativos. Hace 70 años se contabilizaban 1.200 docenas de palomas capturadas; hoy rondan las 100

Etxalar echa la red
Jesús Sanzberro Arburua camina hacia uno de los huecos abiertos en la tierra para ocultar los contrapesos de las redes de caza.
Actualizada 06/10/2020 a las 06:00

Nunca hubo escopeta -”¡ni la hay!”, se aventura a precisar- en casa de Gerardo Damboriena Damboriena, que cuando se aproxime el fin de la actual campaña de caza, a eso del 20 de noviembre, habrá cumplido los 71 de edad. Ayer se afanaba entre una cuadrilla de braceros, que son a la vez custodios de la tradición de la captura en red en el conocido santuario de la paloma de Etxalar, por sujetar cuerdas y abrir huecos en el collado de Iarmendi. Los orificios en la tierra tenían por objeto ocultar los contrapesos de la estructura desplegada. Si la veintena de aficionados no han podido dar rienda al arte heredado desde el siglo XIV es por el tiempo desapacible de la semana pasada, cuando oficialmente arrancó la temporada con el respeto y combinación de caza con red y escopeta en Iarmendi, donde se confunde Etxalar y su vertiente opuesta de la localidad francesa de Sara.

Tras serpentear el ascenso desde el núcleo urbano, que envuelto en los colores vivos del otoño y la ligera bruma de primeras horas de la mañana despierta en un cuadro cautivador, asoma la divisoria entre la espesura de ramas recién cortadas y cuerdas tendidas. A un lado de un camino, emerge una torre que, en el argot de los palomeros, responde a la etiqueta de trepa. De piedra, es ya centenaria. Desde ella, se lanzan las paletas y también los anuncios en voz clara y potente del avistamiento de las bandadas. A espaldas de la imponente atalaya se distribuyen los parapetos para los cazadores de escopeta que fueron en septiembre sorteados en la subasta que, más allá del valor de la distribución de los puestos, anuncia la inminencia del inicio de la campaña. “Los años de bonanza económica ya pasaron”, reflexiona Joxe Mari Maya Ariztegi, teniente de alcalde y “alcalde accidental”, como se autodefine, por una convalecencia que mantiene apartado unos días de sus funciones al primer edil, Miguel Mari Irigoien.

Viento norte

El apego a la tierra y el sentimiento alimentan las costumbres en la localidad fronteriza donde siempre hubo paloma. Distintas circunstancias convergen en el descenso progresivo de su presencia. “Hace 70 años, la temporada acababa con 1.200 docenas cogidas. Hoy andarán sobre el centenar”. El apunte corresponde a Laura Elizagoien Ariztegi, guía de las visitas de palomeras desde hace 17 años. Con sus explicaciones a pie de red transmite la misma pasión que condujo a su abuelo materno, Isidro Ariztegi, a atisbar la paloma y capturarla sin dañar su plumaje. Apenas le conoció. Murió cuando ella tenía 3 años. Su imagen es, sin embargo, recordada cada vez que la familia repone el capítulo del otoño de Navarra, cuatro estaciones, que rodaron los hermanos Caro Baroja. “No queremos perder el esfuerzo de tantos años de trabajo”, ofrece como razón de la continuidad de la práctica. La caza en red es “parte de nosotros”.

El empeño se mantiene aunque haya menguado la pieza codiciada. Si lo ha hecho es por diferentes circunstancias, entre ellas, el tiempo. “Antes hacía más frío en otoño. Ahora hay más días de viento sur”, razona quien guía a los visitantes.

Por las observaciones de estos últimos años, hay también un desvío de las bandadas hacia la costa. El cúmulo de factores no altera el buen temple y mejor ánimo de los aficionados. Eso sí, sólo piden que sople viento norte y luzca días despejados. Entonces llegará el bien deseado en forma de paloma.

Visitas a las palomeras en grupos con reserva telefónica

Las visitas a las palomeras se mantienen sábados, domingos y festivos hasta el 20 de noviembre. La novedad se encuentra en la creación de dos grupos al día, uno en euskera (10.00 horas) y el segundo en castellano (12.00 horas). “Debido a la pandemia se cumplirán todas las recomendaciones y obligaciones que aconsejan las autoridades sanitarias y, en general, los grupos serán más reducidos”, apunta su responsable, Laura Elizagoien. La duración de la visita es de aproximadamente hora y media. El precio es de 5 euros por particular, y 4 euros para niños, de 6 a 12 años; o grupos de más de 10 personas. La propuesta del recorrido ofrece la posibilidad “de ver un audiovisual o de entrar al observatorio que se encuentra entre las redes, para ver mejor cómo quedan atrapadas las palomas”. Es preciso realizar reservas a través del teléfono 690 26 77 56 para disfrutar de un recorrido único por un paraje y una tradición.


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