Chófer del Voy y Vengo apedreado: "Es muy fuerte que corten una carretera para apedrear un autobús"

El chófer del Voy y Vengo José Miguel Atienza, de 47 años, no se detuvo al ver tres conos en la carretera en Cintruénigo

Las piedras rompieron dos lunas
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Las piedras rompieron dos lunas
Las piedras rompieron dos lunas

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Gabriel González

Actualizado el 06/08/2023 a las 22:27

José Miguel Atienza Arellano, de 47 años, no para de darle vueltas a qué podrían buscar las personas que la madrugada del sábado al domingo cortaron una carretera en Cintruénigo y apedrearon su autobús, que hacía el servicio del Voy y Vengo de Fitero a Corella con entre 45 y 50 jóvenes, la gran mayoría menores. "No sé si iban a por el autobús, si fue al azar y  tiraron al primero que pasó... pero es muy fuerte que corten una carretera para apedrear un autobús".

En los más de once años que este vecino de Corella lleva al volante de camiones y autobuses, no había vivido nada igual. Su empresa, Río Alhama, se encarga del Voy y Vengo festivo de la zona. La madrugada del sábado, tocaba Fitero. Un compañero se encargó de Cintruénigo y él de Corella. A las doce y a la una de la madrugada se hicieron los viajes de ida. A las cuatro de la madrugada, salía el primero de vuelta. "Iba casi lleno y casi todos eran menores de 16 y 17 años; en el siguiente, el de las seis y media, iban algo más mayores". 

A la altura de Cintruénigo, en una curva tras pasar el supermercado BM, tres conos naranjas cortaban la vía: uno en su carril, otro en el centro de la carretera y el tercero en el carril contrario. "Reduje la velocidad... Al principio pensé que podía ser un control, pero no había ninguna patrulla; luego que podía ser una batida, pero al darme de la cuenta de la hora ya vi que era algo imposible... Entonces me di cuenta de que algo no iba bien y aceleré". En ese momento, empezaron a lanzarles piedras desde un lateral. "Rompieron dos lunas, pero si llego a parar destrozan todo el lateral del autobús". 

En el interior del autocar, los menores se sobresaltaron. "Al notar los chispazos algunos empezaron a gritar que a ver si había chocado contra un jabalí, pero yo sabía que nos habían lanzado piedras". Al ser lunas dobles, ningún cristal cayó al interior. El chófer pidió silencio y avisó a la Policía Foral de lo que acababa de ocurrir, sin detenerse hacia Corella. Una vez allí, parte a la empresa, a la policía, y a por un nuevo autobús a Tudela. Había que hacer el turno de las seis y media. Esta vez, y con el trayecto vigilado por las policías de Corella y Cintruénigo, no se repitió el incidente. 

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