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Coronavirus

La vacuna llega, por fin, a la abuela de Navarra

Ángeles Álava, de 110 años, recibió la primera dosis un mes después de que se empezara con los mayores de 90

La abuela de Navarra recibe la primera dosis de la vacuna
La abuela de Navarra recibe la primera dosis de la vacuna
La abuela de Navarra recibe la primera dosis de la vacuna
Vídeo: La abuela de Navarra recibe la primera dosis de la vacunaBlanca Aldanondo
Publicado el 04/04/2021 a las 08:24
Poco después de las 10 de la mañana, Ángeles ya estaba preparada en la cochera de la casa donde vive con su hija Carmen. Era un día especial. El sábado, por fin, un mes después de que se comenzara a vacunar en la Ribera a mayores de 90 años, esta cascantina iba a recibir la primera dosis. Y su caso llama la atención, ya que suma la friolera de 110 años, lo que la convierte en la ‘abuela de Navarra’.
Tras completar el trayecto entre Cascante y el hospital tudelano, bajó del coche y, con paso firme y apoyada en su bastón, empezó a caminar del brazo de su hija hacia los módulos donde se inocula la vacuna.
Su llegada al Reina Sofía no pasó desapercibida. Había mucha gente y enseguida la reconocieron, sobre todo porque muchos eran de Cascante, ya que ayer se vacunaba a los de esta localidad y a los de Tudela en el Reina Sofía.
Y empezaron las conversaciones.
-“Mira, es la abuela de Navarra”, dijo una mujer.
-“Pues ya podrían haber ido a vacunarla a casa y no hacerla venir hasta aquí”, le respondió otra.
-“Es que solo vacunan en casa a los grandes dependientes y ella no lo es”, apuntaba la primera.
-“Ya, pero tiene 110 años…”.
PASO FIRME HACIA LA VACUNA
Los comentarios continuaron, pero Ángeles Álava Jiménez, que ya sobrevivió cuando era niña a la pandemia de la Gripe Española de 1918 a 1920, siguió caminando con su hija Carmen Huete Álava como si la cosa no fuera con ella. Apenas tuvo que esperar y, por fin, llegó el momento. Tanto ella como su hija recibieron la primera dosis de la vacuna y ya tienen cita para la segunda el próximo 24 de abril.
Luego tocó esperar unos 15 minutos en la sala de espera, el tiempo necesario para comprobar si había alguna reacción adversa. Pero todo fue bien. En ese tiempo, varias personas acudieron a saludarla y otro hombre que esperaba preguntó qué edad tenía. Al saber que eran 110 años y verla levantarse sin ayuda, solo apoyada en el bastón, no podía creerlo.
Antes de volver a Cascante, y a la pregunta de qué tal estaba, respondió asintiendo, aunque su cara tornó en algo más de alegría al decirle que ya estaba más cerca de volver a la escuela. Ángeles llama escuela al aula de respiro de Cascante, donde acudía antes de la pandemia a realizar distintos ejercicios y juegos que le servían para estar más entretenida.
ALEGRÍA...Y ALGO DE ENFADO
Quien sí expresaba más su alegría era su hija Carmen. “Por fin ha llegado el día. Estamos contentas y, al menos, es el principio del fin. Sobre todo por ella, porque podrá ir al aula de respiro, lo que llama escuela. Va tres horas, así sale de casa, juega y se entretiene mucho. Lleva este año encerrada en casa y con la vacuna podrá ir”, relataba.
Aunque también mostraba cierto enfado por lo tarde que le ha llegado la vacuna. “Ha sido todo un poco raro. Es verdad que no es gran dependiente, pero no deja de tener 110 años. Hace unas semanas vacunaron a una vecina de la calle de más de 90 años, que sí es gran dependiente. No les hubiera costado tanto venir también a nuestra casa”, lamentaba. “Y, al final, se han salido con la suya, porque no han venido a casa y hemos tenido que bajar al hospital. Pero bueno, ya vemos algo más de luz”.
UN LARGO CAMINO
Y es que el camino hasta recibir la primera dosis no ha sido fácil. El Área de Salud de Tudela comenzó a vacunar a mayores de 90 años el 3 de marzo, pero pasaba el tiempo y nadie llamaba a Ángeles.
Marian Moneo Huete, hija de Carmen y que vive en Zaragoza, relata que estaban pendientes de que la citaran, pero que se extrañó todavía más cuando a su suegro, de 83 años, le vacunaron y su abuela y su madre seguían esperando. “Hace ya tiempo me dijo mi madre que la habían llamado para darle fecha para llevarla a vacunar. Pero mi hermano, que vive con ellas, trabaja a turnos y algún sábado y no podía llevarla el día que les dijeron. Le respondieron que la apuntaban para domicilio y que la llamarían. Al vacunar a mi suegro, hablé de nuevo con mi madre y me dijo que todavía no les habían llamado. Yo no lo vi normal. Hasta le comentaron a mi madre que si no podía ir que la vacuna iría para otra persona. Y otra vez le dijeron que lo que les faltaba era tener que ir a vacunar a las casas”, explica.
Entonces decidió recurrir a los medios de comunicación -Diario de Navarra publicó el 24 de marzo que la abuela de Navarra seguía sin vacunar- y asegura que todo cambió. “La consejera habló de mi abuela y algo pasó. A partir de ahí, ya nos dieron todas las facilidades del mundo, aunque, eso sí, sin acudir a casa a vacunarla. Teníamos que llevarla. En Aragón no vacunan a domicilio, pero ponen taxis o ambulancias para llevarles y el problema era que mi hermano no podía”, añade.
A pesar de todo, les facilitaron un teléfono para poder llamar y así avisar de cuándo la iban a poder llevar a vacunar. “Hasta entonces no sabíamos dónde llamar. Fue un cambio radical”, señala.
Y fue hace una semana cuando ya les dieron cita para vacunar ayer tanto a Ángeles como a Carmen en el Reina Sofía. Ahora, quedan tres semanas para la segunda dosis. “Al menos se ve algo más de luz y mi madre podrá ir a la escuela”, concluye su hija Carmen.
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