Ellas fueron la fiesta en Estella

Mujeres y niñas protagonizaron la Bajadica del Puy de las chicas en Estella

Bajadica del Puy de las chicas en Estella./
Bajadica del Puy de las chicas en Estella./Montxo A.G.

Myriam Munárriz

Publicado el 05/08/2023 a las 16:36

Oye, ¿esto es un concierto?”, preguntaba un turista a pie de la calle Carpintería de Estella. No, esto es la Bajadica del Puy de las chicas, una tradición que se remonta a 1974, cuando un grupo de mujeres decidieron emular la Pañuelada de los hombres del domingo, pero en lugar de como ellos al término de la procesión, ellas al regreso de la misa en honor a la Virgen del Puy. Pero sí que el objetivo es el mismo: acompañar a la corporación. Y también bailan al son de la música Bajo la Doble Águila, de J.F. Wagner, mientras repiten y repiten “la, la, la” a lo largo de un recorrido que se inicia en el final de la calle Valdeallín, sigue por Carpintería y calleja de los Gaiteros para desembocar bajo el edificio consistorial. Y ayer, el ritual se cumplimentó en algo más de una hora -desde las 12.30 hasta las 13.45 horas- con 43 filas de participantes.

En la primera, iba Natalia Jiménez Echeverría, con sus hijos y sobrinos, de entre 3 y 9 años. “Siempre me ha tocado trabajar este día así que como tengo libre los he traído a todos. Estoy muy emocionada recordando cómo venía yo aquí de pequeña”. Y en la última, cuando en Valdeallín apenas sumaban cuatro filas, estaba el grupo de las más veteranas, con Feli Sanz Palacio , 73 años, y Resu Echarri Echarri, de 63. “Llevamos al menos tres décadas. ¿Qué ha cambiado durante este tiempo? Que duraba más y había más gente”, comentaban.

Las hermanas Esther y María Senosiain Labat acudieron con la hija de María, Alaitz Busto, de 3 años, en su segundas fiestas participando en este ritual que ellas vivieron de niñas. Como Alicia López Martínez, que cargaba con la más pequeña de las asistentes, Isabel Martínez, de 2 meses. “Quiero que lo viva desde siempre porque yo es una de las tradiciones de Estella que nunca me he perdido”. A Silvia Ustárroz Roa su madre le reclamó venir a fiestas de su Estella natal desde Madrid como a su hermana desde Bruselas. “Nos quería a todas aquí y hemos obedecido”, decía riendo. Y acudió con Leonor Ferreiro, de 16 meses, que intentaba atrapar con unos ojos muy abiertos tanto color y movimiento.

Eran las doce y media cuando la primera fila llegaba a la calle Carpintería donde les hacían pasillo los cabezudos y caballicos chepes, uno de los cuales portaba Aimar Garín Borobia, de 15 años. “Me gusta ver desde dentro las tradiciones, aunque eso me suponga dormir poco”, decía este adolescente que lleva ya dos años portando la figura.

POCA REPRESENTACIÓN MUNICIPAL

Tras las filas, la corporación con su alcaldesa a la cabeza Marta Ruiz de Alda (UPN) hizo el recorrido hasta que llegó su momento:el de, pañuelo en mano desde el balcón consistorial, saludar a la marea roja también de pañuelos que se extendía abajo. Una corporación muy reducida con la asistencia únicamente de todos los ediles de UPN, el representante del PP Carlos Jiménez y María Sanz de Galdeano de PSN. Se terminaba así un ritual en el que también participó Andrea Barbarin Alonso, natural de Estella pero con residencia en Madrid, que estaba con su hijo Hugo Arbeloa, de 3 años. “He venido como hija, como amiga y ahora como madre”. Igualmente estuvo Amaia Morais Moreno, vestida de dantzari del grupo Ibai Ega. “Esto es tradición y siempre que puedo salgo a bailar”, decía la joven de 19 años. Carmen Sotés Muguerza, de 85 años, ya no. “En mi juventud no había. Pero tengo un recuerdo muy bueno de las fisgas, con mucha música y ambiente en la calle. ¿Ahora peores? No, no, cada época tiene su encanto. Para mis nietas, las de ahora son maravillosas”.

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