Verano en mi pueblo

La tranquilidad, protagonista en Allo

La tranquilidad marca el ritmo de los días, pero eso no significa que falten planes

Ramón Ciordia, junto a la piedra “Madeleine” en la plaza de la fuente de Allo
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Ramón Ciordia, junto a la piedra “Madeleine” en la plaza de la fuente de AlloSonia Salsamendi
Ramón Ciordia, junto a la piedra “Madeleine” en la plaza de la fuente de Allo

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Marcos Fernández Gracia

Publicado el 01/08/2026 a las 05:00

A medio camino entre Estella y la Ribera, Allo afronta el verano sin prisas. En este municipio de Tierra Estella, las mañanas comienzan con un café en el bar, continúan en las piscinas municipales y terminan con un paseo a la fresca cuando el calor da una tregua. La tranquilidad marca el ritmo de los días, pero eso no significa que falten planes. Cine al aire libre, teatro, conciertos, ludoteca, actividades deportivas o las fiestas patronales llenan el calendario estival de un pueblo que, como resume uno de sus vecinos, “tiene de todo”. 

Basta recorrer el paseo de La Alameda, el centro cívico o la plaza de la Fuente para comprobar que el verano transforma el municipio. A la población habitual del pueblo se suman vecinos que regresan a la casa familiar para pasar las vacaciones y visitantes de localidades cercanas atraídos por el ambiente y la cantidad de actividades que se ofrecen el la localidad. “En verano viene mucha gente de fuera y la vida del pueblo se incrementa muchísimo”, explicaba Ramón Ciordia del Portillo, de 77 años y exconcejal del Ayuntamiento. “Luego pasan las fiestas y parece que desaparecen todos de golpe; el pueblo se queda muy tranquilo”. Ramón ha vivido toda su vida en Allo y aseguraba que en los últimos años el municipio ha cambiado “mucho para mejor”. “Hay más actividades, más habitantes y, en definitiva, más vida”, resumía.

Si hay un lugar donde se aprecia ese ambiente es, como en todos los pueblos navarros, las piscinas municipales. “El centro de unión es la piscina”, afirmaba Ester Romeo, de 72 años, que llegó a Allo hace cuatro años y ya no concibe el verano sin bajar cada mañana a refrescarse. Dos días a la semana participa en las clases de gimnasia acuática y después alarga la jornada entre un baño, un café con las amigas y un rato de lectura. “Luego vuelves otra vez por la tarde y haces lo mismo”, comenta entre risas. Para ella, el verano también significa reunirse con la cuadrilla, cenar en el pipero o disfrutar del tradicional jueves de pintxopote junto a las piscinas. “Hay mucho más ambiente en los bares y ves a la gente paseando, tomando un vino o simplemente hablando” explicaba.

Esa rutina también la comparten otras vecinas sentadas en la terraza del bar Atanes. “Por la mañana tomamos algo en el bar, luego vamos a las piscinas toda la mañana. Por la tarde hacemos las tareas de casa, la siesta y demás. Y ya por la noche salimos a pasear a la fresca. Estamos muy a gusto en Allo”, contaban. Una escena que se repite cada día cuando el calor obliga a buscar la sombra y el pueblo recupera la calma al caer la tarde.

Los jóvenes viven el verano de otra manera, aunque también tienen la piscina como punto de encuentro. África Alexandra Castillo González, de 17 años, pasa allí buena parte de las tardes antes de salir con sus amigas. “Luego damos un paseo, jugamos al balón o hacemos planes por el pueblo”, explicaba. Aunque reconoce que para los jóvenes “no hay demasiadas actividades”, destacaba propuestas como el cine de verano, los hinchables o los musicales organizados dentro del programa 'Veranos a la Fresca'. “El centro son los bares, pero al final nos movemos por todo el pueblo: el parque, el frontón, el Ayuntamiento o las piscinas”, añadía. Cuando llegan las fiestas, aseguraba, “viene mucha más gente de otros sitios y se llena todo el pueblo”.

Las familias también encuentran en Allo un lugar pensado para disfrutar del verano. La ludoteca, que reúne cada semana a alrededor de cuarenta niños de entre tres y nueve años, facilita la vida en las familias del pueblo durante las vacaciones escolares. “Empieza en junio y termina en agosto. Los niños hacen juegos, bajan a la piscina, ven películas... Está muy bien organizada”, explicaba Ester. A ello se suman las nuevas instalaciones deportivas, con dos pistas de pádel que permanecen ocupadas prácticamente a diario y que atraen incluso a usuarios de otros municipios.

Ramón destaca que esa oferta de servicios es uno de los puntos fuertes del pueblo. Además de las piscinas, Allo cuenta con un gimnasio para personas mayores, un proyecto de centro de día para reuniones y actividades, y espacios como el paseo de La Alameda o el centro cívico, donde se desarrolla buena parte de la vida social. “Aquí vivimos muy tranquilos y muy relajados. Tenemos de todo lo que puedas pedir”, insistía.

Las fiestas patronales de agosto representan el momento de mayor afluencia del año, aunque el verano comienza mucho antes con citas como la llegada de la Vuelta a Navarra de ciclismo o la programación cultural y deportiva que se prolonga hasta inicios de septiembre. Entre las actividades más singulares figura el Correfoc, que llena de fuego y pólvora el paseo de La Alameda durante las fiestas, además de sesiones de cine al aire libre, teatro, cuentacuentos, conciertos y competiciones deportivas.

Cuando cae la noche, las terrazas vuelven a llenarse, las familias salen a pasear y los vecinos aprovechan el fresco para tener largas conversaciones. Algunos terminan el día en el centro cívico; otros, en los bares o simplemente caminando por las calles del pueblo. Es una imagen cotidiana que resume el verano en Allo: un municipio que ha sabido crecer sin perder la tranquilidad que tanto valoran quienes viven en él. “Hay de todo”, repite Ramón. Y basta pasar una tarde de verano en sus piscinas o en el paseo de la Alameda para entender por qué tantos vuelven cada año.

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