Verano en mi pueblo
"En Oteiza siempre hay un motivo para salir de casa"
El municipio multiplica su ambiente durante las vacaciones


Publicado el 01/08/2026 a las 05:00
En Tierra Estella, a apenas diez kilómetros de Estella, sobre una de las colinas de La Solana, Oteiza también cambia de ritmo cuando llega el verano. Este municipio multiplica su ambiente durante las vacaciones. Las familias regresan a las casas de padres y abuelos, las piscinas municipales se convierten en el principal punto de encuentro y el calendario se llena de actividades para todas las edades. “Siempre hay un motivo para salir de casa”, resumía una vecina.
Durante julio y, sobre todo, agosto, el pueblo gana ambiente. “Se nota bastante más gente que durante el curso. Las piscinas se llenan y el ambiente es mucho mejor”, explicaba Iker Legaria Sanz de Galdeano, de 19 años. Su primo Joseba Sanz de Galdeano Urbe, de 11, que pasa el verano en Oteiza, coincidía: “Cuando llegan las fiestas se llena todo”. Entre piscina, amigos y reuniones en la sociedad, ambos reflejan el ritmo habitual de las vacaciones en el pueblo.
Las piscinas son el auténtico corazón del verano. Allí coinciden niños, jóvenes, familias y personas mayores durante buena parte del día. “Con este calor es donde está todo el mundo”, aseguraba Javier Gastón Echeverría, de 41 años, vecino de Oteiza desde hace una década. Destacaba que, además del baño, el recinto ofrece servicios como la ludoteca para facilitar la vida a los padres del pueblo y la bibliopiscina, donde los usuarios pueden coger un libro mientras pasan la jornada. “Las piscinas son como el centro del pueblo”, resumía. Esa idea también la comparten los más pequeños. Mara Cambra Pérez, de 12 años, pasa las vacaciones “con las amigas en la piscina, tumbadas en el jardín”; Leire Colomo Remírez, de 11, destaca que “en verano viene mucha más gente porque llegan familiares al pueblo”; Olaia Macua Santamaría, de 13, pone en valor actividades como la natación, el futbito o la ludoteca, y Eider Boneta Larraona, de 11 años, espera cada semana el cine de verano. “Está muy guay porque los niños se divierten mucho y además venden palomitas”, decía.
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En una mesa del bar de los jubilados, mientras disputan una partida de mus, Jesús Alzate Aramendía, de 92 años; José Ángel Martínez Moreno, de 78; Pedro Ugarte Latasa, de 87; y José Luis Nieto Martínez, de 89, recuerdan entre bromas cómo transcurren sus días de verano. “Primero paseamos, luego vamos a por el pan y desayunamos. Con estos calores, poco más se puede hacer”, contaban. Después llega la parada obligatoria en el conocido como el mentidero, un rincón del pueblo donde los vecinos se reúnen cada mañana para conversar. “Ahí se hacen los corros y se arregla España”, decían entre risas. Tras la comida y la siesta regresan al bar de los jubilados para la partida de mus. “Venimos a jugar los lunes, miércoles, jueves y viernes”, explicaban. Calculan que alrededor de un tercio de la población de Oteiza, que es de 972 habitantes, está ya jubilada. “La juventud está en las piscinas o en la sociedad, y los abueletes andamos por aquí”, comentaban con humor. Mientras tanto, los viernes el ambiente se traslada al pintxopote. “Los niños y los padres van al pintxopote y los abuelos se juntan en los bares para jugar a cartas. Así nos juntamos todos los del pueblo”, explicaba Oihane Portillo Ramírez, de 11 años.


El verano también trae consigo una intensa programación cultural y deportiva. Javier Gastón recordaba que este año ha habido hinchables en las piscinas, torneos de futbito, sesiones de cine y numerosas actividades organizadas por el Ayuntamiento. A ello se suman la ludoteca, la bibliopiscina, las clases de natación y propuestas como el Gorriti o la actuación de La Mala Pékora, que, según Iker Legaria, “le han dado bastante vida al pueblo”. Durante las fiestas tampoco faltan los herri kirolak, el Gran Prix, los concursos de disfraces o las actividades infantiles. Esa oferta es precisamente la que valora Maite Remírez Pérez, de 37 años, que cada verano deja Pamplona para instalarse en Oteiza con su familia. “Estamos muy a gusto. Siempre se plantean cosas para hacer, tanto para los txikis como para los mayores. Eso da vida al pueblo y hace que la gente salga de casa”, afirmaba.
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Las fiestas patronales, que se celebran a finales de agosto, representan el momento de mayor afluencia. “La gente que normalmente no viene al pueblo aprovecha esos días para volver»” explicaba Iker. Durante casi una semana las calles se llenan de cuadrillas, peñas y familias, poniendo el broche final a un verano que gira en torno a la convivencia.
Al caer la noche, las terrazas y las calles vuelven a llenarse. Una imagen que resume el verano en Oteiza: un pueblo donde las piscinas, las actividades y la convivencia mantienen viva la vida social en verano.