Cinco años de covid (IV)

Una usuaria y una trabajadora de San Jerónimo (Estella) sobre la pandemia: "No teníamos ni mascarillas ni epis"

Isabel Galdeano Portillo (residente) y Mariaje Berrueta Mendaza (trabajadora), de la residencia de Estella, recuerdan cinco años después cómo vivieron la situación

Mariaje Berrueta e Isabel Galdeano, compartiendo banco en los jardines de la residencia San Jerónimo de Estella /
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Mariaje Berrueta e Isabel Galdeano, compartiendo banco en los jardines de la residencia San Jerónimo de Estella /
Mariaje Berrueta e Isabel Galdeano, compartiendo banco en los jardines de la residencia San Jerónimo de Estella /

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María Puy Amo

Actualizado el 11/03/2025 a las 18:42

Como en toda vida larga, Isabel Galdeano Portillo ha pasado por alegrías y penas. A sus sabios y serenos 90 años, los recuerdos le llevan a su pueblo, Igúzquiza, en el que nació y donde residió siempre hasta 2019. El 15 de marzo llegó el momento de dar el paso que ya tenía desde hace tiempo pensado e ingresó en la residencia San Jerónimo de Estella. Su hogar desde entonces. El lugar en el que justo doce meses después le sorprendía la pandemia del coronavirus. En esa crisis que confinó al mundo San Jerónimo adoptó una decisión que no ha olvidado ni dejado nunca de agradecer. Quince trabajadores de la plantilla, el director David Cabrero entre ellos, se encerraron con los residentes. Temían contagiarles con las entradas y salidas de cada jornada laboral. Así que permanecieron con ellos, sin rotación. Algo más de un mes, 35 días juntos en los peores tiempos del confinamiento. “El ser humano tiene tantas reservas. Es algo de lo que no te das cuenta hasta que te pasan las cosas. No nos quedaba más remedio que aceptar la situación y tuvimos a estas personas maravillosas cuidando de nosotros”.

Lo cuenta Isabel mirando a Mariaje Berrueta Mendaza, auxiliar y parte de ese equipo de trabajadores que pasó del 23 de marzo al 26 de abril con los 62 mayores de San Jerónimo. Las dos conversan. “¿Tanto tiempo ha pasado? Cinco años ya”. Y se acuerdan de cada anochecer cuando a las ocho de la tarde cantaban Resistiré, la composición del Dúo Dinámico. Su himno de aquellos días de temores e incertidumbre.

Isabel García Galdeano, residente en San Jerónimo (Estella) recuerda el inicio de la pandemia en Navarra
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Isabel García Galdeano, residente en San Jerónimo (Estella) recuerda el inicio de la pandemia en Navarra

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Pensaban, dice Mariaje, que iba a ser cosa de una semana y acabaron con la misma sensación que el resto del mundo. La de que aquello parecía no terminar nunca. Esta madre de dos hijos que entonces tenían 16 y 20 años sintió no pasar con ellos esas difíciles semanas, pero contó siempre con su comprensión. “Dejar al marido, a los hijos. Una de las trabajadoras con un pequeño de dos años”, dice Isabel con admiración. “Mi familia me apoyó, me animó a hacerlo. Pensaron que era en ese momento cuando más nos necesitaban aquí”. Lo apunta esta auxiliar veterana que no dudaría en volver a hacerlo y a la que aquellas tardes de convivencia le tocó -comparten las dos entre risas- ponerse a prueba como peluquera.

Hasta San Jerónimo llevaron los colchones donde la parte de la plantilla que se prestó voluntaria pernoctó en esa primavera. “Los residentes mantenían sus rutinas de siempre. La gimnasia, el bingo. Y por la noche salíamos a cantar y a bailar Resistiré . Sí que intentábamos que no vieran las noticias tan terribles que llegaban y al mismo tiempo nos sentíamos hasta un poco culpables por todo lo que estaba pasando fuera”, relata.

Porque en ese entorno protegido, con los hermosos jardines que rodean la residencia, la cercanía del Ega y el aire que parecía barrer los miedos desde los pinares de Santa Bárbara se sintieron, pese a todo, afortunados. “Fue algo especia, muy bonito en un momento tan difícil en el que no teníamos ni mascarillas ni epis salvo las que podíamos hacer nosotros” , subraya la cuidadora.

Del privilegio en medio del drama habla Isabel Galdeano. Ella sabe de eso. Pertenece a una conocida familia de Igúzquiza de diez hermanos, entre ellos el ciclista ya fallecido Jesús Galdeano, Ocho chicos y dos chicas que vivieron el duelo temprano de la muerte a los 16 años en un accidente de autobús de la única hermana de Isabel. “Me quedé en casa, a cuidar de mi familia. Y lo acepté como mi vocación”, rememora.

Vendrían luego los años de trabajo en la lavandería del desaparecido Hotel Irache, una profesión que le dejó la destreza con la que hoy, ya como una afición, ayuda en ocasiones a doblar impecablemente las sábanas de San Jerónimo. No abandona tampoco las salidas por Estella de las que no pudo disfrutar en esos meses, porque la pandemia siguió y siguió. En San Jerónimo llegó a votarse en julio de 2020 el autoconfinamiento decidido por los propios residentes para evitar enfermar en un verano de medidas relajadas en el exterior. Y llegaron a marzo de 2021 con el número de contagios a cero. Un año de resistencia ante un virus que, aunque para entonces doblegado por las vacunas, sí entró finalmente en la residencia en el verano de 2021.

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