Bandas de música
Tierra Estella prepara guion y partitura


Actualizado el 29/03/2021 a las 06:00
Tierra Estella se prepara para subir de nuevo al escenario. Para que suene otra vez la música y suba el telón. Porque en momentos oscuros la luz también puede encenderse con un guion y una partitura. Aunque alejados de lo que resultaba habitual en sus agendas, así han intentado también que fuera en la pandemia en una merindad que cuenta con ocho bandas en sus principales municipios. Forzosamente virtual en los primeros meses allá en la primavera de 2020 e intentando de nuevo que fuera de forma presencial cuando la situación sanitaria lo permitió, ensayos e incluso algunos conciertos han seguido no en todos, pero sí en parte de los casos. Muy esporádicos y nada que ver con un tiempo anterior a la crisis que confían queden pronto atrás para estas agrupaciones musicales que desarrollan su actividad en Estella, Viana, San Adrián, Azagra, Mendavia, Ayegui, Sartaguda y Lerín.
Ocho formaciones con más de 300 músicos. Compañeros de las principales citas de los calendarios de sus localidades que regresarán cuando lo hagan los eventos, aunque, como en estos, el diseño de sus programaciones está sujeto hoy a la incertidumbre. A cómo evolucionen las restricciones y lo que se permita ofrecer en ellas. En una merindad tierra de músicos, el escenario tiene en su teatro amateur el otro gran protagonista. Una amplia red con nombres como Kilkarrak, Mireni, Anea, Resa, El Chaparral y los grupos que Tere Losa dirige en la Ribera esperan el momento de volver. En Estella, Allo, Viana, Andosilla o Abárzuza el parón dejó distintas historias. Desde obra recién estrenadas a giras suspendidas para compañías muy consolidadas con un público que se extiende más allá de la comarca. En esta apuesta cultural que parte del propio territorio hay ganas e ilusión. Y un sueño compartido por los espectadores que aguardan. Que todo vuelva a ser como lo dejaron un año atrás.
Hay ahora, tras este último año, una sensación compartida, la de que la actividad de una banda necesita público y ejercer como tal su actividad. “Lo hemos intentado y apostado por hacerlo así, por seguir adelante siempre de manera segura en una situación que, es cierto, puede llegar a ser un poco desmotivante al mismo tiempo. Sí es de agradecer en estos meses la actitud que está teniendo el Ayuntamiento”, subraya el director de una banda que no es de titularidad municipal aunque sí cuenta anualmente con una financiación para el calendario de actuaciones comprometidas con el consistorio. Una cantidad de 42.000 euros que se mantuvo en el ejercicio de 2020. Y a partir de ahora. “No lo sabemos porque realmente, y como estamos viendo, puede ocurrir de todo. Así que vamos de semana en semana sabiendo que no se puede programar nada con total seguridad. Y, mientras, preparando un mixto de distintas posiblidades que se pueden dar con repertorios adecuados a cada una de ellas que puedan tener cabidas en diferentes tipos de actuaciones”, subraya.
La pregunta es qué ha pasado en este tiempo en una banda siempre con reclamo para los jóvenes músicos de la ciudad. No ha ido mal en esta línea porque, pese a que se ha perdido ese contacto estrecho con el público y el aplauso que alienta a seguir, se ha contado, incluso así, con nuevas incorporaciones. “Creo que en este momento es importante destacar este tipo de actividades realizadas por agrupaciones y colectivos amateur. El hecho de que puedan seguir trabajando tiene mucho valor a distintos niveles, en el plano cultual en un tiempo en el que tan presionados nos sentimos y tan saturados después de tantos meses. Ante esa carga emocional que pueden tener tantas personas, que los músicos puedan seguir tocando tiene mucha importancia, para nosotros y para la gente. Como una válvula de escape para una olla a presión. También hemos podido contar con esa buena disposición del Ayuntamiento tanto en la parte económica como en la cesión del local y en cuanto al hecho de aceptar nuestra programación cuando hemos podido hacerla”, destaca. La misma implicación encontrada, explica, en los propios intérpretes y en la gestión de una banda hoy con unos 45 integrantes en sus filas. “Más del 90% han vuelto a ensayar y la gente está respondiendo”, relata.
Con él en la dirección, Verónica Sanz Irisarri constituye como su presidenta el otro pilar al frente de una banda que el próximo mes de mayo cumplirá sus 28 años. Explica que trabajan en estos momentos en elaborar una propuesta que presentarán al ayuntamiento con su calendario de 2021, aunque aún no hay nada cerrado ni puede concretarse hasta ver la evolución de las cosas. Piensan también en repetir la experiencia del vídeo de la Semana Santa del confinamiento con un montaje diferente. Pero es “tocar, tocar y tocar” lo que quieren. “Al final lo que estamos deseando todos es volver dentro de lo posible a la normalidad. a la calle, a los conciertos y a la situación anterior. Coincide con su compañero en que la disponibilidad de ese espacio de Remontival les ha permitido mantener los ensayos, lo que no hubiera sido posible en su sede. “Nos hemos tenido que ir adaptando para poder hacerlo, montando y desmontando la percusión todos los días y estando allí bastante antes del ensayo para poder hacer todo el protocolo. Tomar la temperatura a los músicos, desinfección de manos y pies, también del material que utilicemos. Al ser un espacio cedido, se utiliza para otras cosas y hay que dejarlo libre cada día, pero con tal de poder ensayar vamos con todo el cuidado del mundo”, cuenta sobre unos encuentros que se repiten los martes y viernes por la tarde.
Al menos, pueden compartir ese rato aunque en la banda se añoran también otros momentos puertas adentro. “Sí que lo echamos de menos reunirnos entre nosotros para hacer también más vida social, como la compartíamos antes. Pero esperemos que poco a poco todo vaya mejorando y retomemos nuestras actividades normales. Hasta entonces, nosotros seguimos con ilusión y abiertos a nuevas incorporaciones e instrumentos”, indica. Mientras se preparan para entonces, dejan atrás otros momentos que han formado también parte del año de la pandemia. Como el concierto programado por el Ayuntamiento en verano que apenas pudo escucharse en los jardines de San Benito porque la lluvia estropeó los planes. O más incursiones en las casas de Estella en los vídeos de San Andrés o el Pregonero con el que Peñaguda recibió a los Reyes Magos. Contactos de un tiempo virtual hasta que Estella les vea y escuche otra vez como antes.
Javier Solano explica que, en la decisión de reunirse y mantener ensayos y actuaciones, ha tenido mucho que ver la buena predisposición del Ayuntamiento “que, en ningún momento, nos han puesto pegas. Al revés, todo han sido facilidades por su parte y nos hizo más fácil regresar a la normalidad”. La banda de Viana, cuya primera actuación tuvo lugar en 2005, cuenta en la actualidad con 45 integrantes, de edades comprendidas entre los 12 y los 70 años. Mantiene un convenio con el consistorio que fija una serie de actuaciones al año.
La vuelta a los ensayos, a un ritmo de dos días por semana, se realizó en el local de la escuela de música, con mamparas protectoras, geles y las medidas de seguridad que marcan los protocolos sanitarios. “Todos, mayores y pequeños, volvieron con las mismas ganas de compartir estos ensayos”, asegura Solano. Pero, antes, durante el confinamiento, la actividad del grupo no cesó en ningún momento, recuerda el director. “Se hicieron vídeos, se enviaban partituras, se compartían retos. Todo menos parar. Entre nosotros estuvimos siempre en contacto y quisimos y queremos transmitir a los vianeses que la banda está con ellos”.
NORMALIDAD
Javier Solano destaca que los ensayos son fundamentales para mantener la relación del músico con el instrumento y para llegar a ofrecer al público actuaciones de calidad. “La presencia de gente en los conciertos es imprescindible. En un doble sentido, porque con sus aplausos reconocen nuestro trabajo, nos dicen que hacemos las cosas bien. Y, en segundo lugar, porque la confianza que ganamos en nosotros mismos comunica normalidad a los asistentes y eso es positivo para a los vianeses”.
La banda de Viana aboga por celebrar los conciertos con una periodicidad mensual. Eso sí, con control de aforo y, siempre que sea posible, al aire libre. “Las Ruinas de San Pedro constituyen un escenario único que, por sus características, permiten que el público acceda por una parte y salga por otra. En los meses de invierno, el polideportivo nos ha servido muy bien. Es algo que tenemos que agradecer al Ayuntamiento.
Desde que sus miembros regresaron al trabajo, la banda ha procurado mantener el ritmo de ensayos y actuaciones mensuales. El 14 de julio ofreció su primer concierto con público, en las ruinas de la iglesia de San Pedro, en los jardines Joan Manuel Serrat. En el mismo escenario tuvo lugar la actuación del 28 de agosto y el 19 de septiembre, el acto se trasladó, por las malas condiciones meteorológicas, al polideportivo. Con un parón, provocado por el incremento de casos, la banda de Viana volvió a actuar en directo el 30 de diciembre para el concierto de Navidad. La siguiente actuación fue la del pasado 6 de marzo.
Javier Solano apunta que ya están cerradas las actuaciones para las próximas semanas. El domingo 28 de marzo, la banda ofrecerá a las 19 horas un concierto en el interior de la iglesia de Santa María. El 5 de junio, en las ruinas de San Pedro, acompañará, en concierto, a un grupo de cantantes locales. Y, para el 10 de julio, están preparando un tributo a Joaquín Sabina, en los mismos jardines.
LOS ARCOS
El director de la banda y de la escuela de música de Viana, que este año y pese a la covid cuenta con 125 alumnos, está también al frente de otra formación, la Agrupación Musical de Los Arcos. El grupo nació en 2007, como el resultado, tal y como pone en su página web, del trabajo de Fernando Sánchez (padre e hijo) y de la colaboración con el Ayuntamiento y de su concejalía de Cultura que decidieron poner en marcha una escuela de música.
En la actualidad, la Agrupación cuenta con una treintena de integrantes que, según señala Solano, ensayan en la casa de cultura de Los Arcos. En su currículo, suman ya dos conciertos, el del pasado otoño y el de Navidad y están preparando los de primavera y verano. “La tradición musical en ambas localidades es muy importante y queremos seguir trabajando, siempre que el público nos secunde y la pandemia lo permita”, asegura.
Con la decisión de confinar a la población en sus casas, Luri asegura que una de sus principales preocupaciones fue la de “mantener entretenidos a los chavales”. La iniciativa se tradujo en la grabación de dos temas icónicos para la localidad ribera: La Gran Evasión, música compuesta por Elmer Bernstein, un tema que se ha convertido un emblema de la banda adrianesa y, en el caso del orfeón, el zortziko Viva Navarra.
“El objetivo fue el de crear y mantener, a través de ambas formaciones musicales, un vínculo entre todos los adrianeses. Son temas que conocemos e, incluso, como en el de la Gran Evasión, que silbamos todos los días en fiestas, tras los fuegos artificiales”, explica. Las grabaciones recibieron cerca de 5.000 visualizaciones.
PUNTO DE INFLEXIÓN
Luri apunta que este contacto, casi diario a través de internet, constituyó una labor social, pero, también, cultural y educativa. “Creamos retos musicales entre los alumnos de las escuelas de música de la Ribera para tocar un tema todos juntos en los balcones”. Tras un verano sin fiestas, aunque se llegó a interpretar la Salve con el orfeón, y sin actuaciones, la banda de San Adrián ofreció en septiembre, en el marco de las fiestas patronales en honor a San Adrián y a la Virgen de la Palma, un concierto en directo, con público, en los jardines del ayuntamiento. Fue un recital con aforo limitado y que, según afirma Luri, supuso un punto de inflexión en el devenir de la banda durante esta pandemia. “Ya no paramos. En Santa Cecilia, se grabaron vídeos ante la imposibilidad de realizar el tradicional pasacalles y desde entonces se estableció un calendario de ensayos. Uno o dos días a la semana, con reuniones por grupos, por instrumentos de cuerda o metal, para garantizar aún más, si cabe, la seguridad”.
En diciembre, la banda grabó en streaming, el concierto de Navidad 2020 en la Luyber. El vídeo se ofreció el último sábado del año y que fue visto por más de 4.000 personas. “Una cantidad mucho mayor de espectadores de la que nos ve en directo. Es un sistema que no descartamos utilizar en un futuro, aun cuando pueda asistir el público en directo porque es indiscutible que, de esta manera, llegamos a mucha más gente”.
El pasado día 13, la banda grabó en la iglesia vieja de San Adrián un concierto con temas y marchas de Semana Santa que se podrá ver, con la inclusión de imágenes y a modo de reportaje, a principios de abril. Después, comenzarán a preparar el concierto de primavera para el mes de mayo ”aunque todavía no sabremos si se celebrará con público. Eso sí, en cuanto se pueda, saldremos en pasacalles por San Adrián”.
Ángel Cabezón Domínguez, de 40 años, dirige la formación azagresa desde hace siete. “Volver a encontrarnos, a vernos, a saludarnos, a echar unas risas, ha sido muy emotivo. Algunos de los músicos han comentado la paradoja que supone que, siendo de Azagra y viviendo en el mismo pueblo, no se hayan vuelto a ver desde el último ensayo. Es sorprendente ver cómo han cambiado muchos de los chavales. Han pasado solo unos meses, pero de ser casi unos niños, algunos de los músicos son casi hombres. Aunque hay veteranos, una buena parte de los músicos tienen entre 15 y 19 años y a esa edad se notan mucho los cambios”.
Hace un año, recuerda Cabezón, decidieron abandonar los ensayos por seguridad y suspender cualquier actividad de la banda. El local de la casa de cultura en el que ensayaban no permitía aplicar los protocolos de seguridad y la mala evolución de la pandemia no aconsejaba ese tipo de reuniones, confirma el director.
Durante ese periodo, sin contacto directo entre los integrantes de la formación, tampoco se han realizado vídeos, como sí hicieron otras bandas, ni se han enviado partituras para que se ensayase en casa. El contacto, asegura Cabezón, ha sido solo a nivel particular, a través de las redes, o, desde que reabrió sus puertas, en la escuela de música a la que acuden parte de los componentes.
MARCHAS DE SEMANA SANTA
Este mes, la banda azagresa vuelve a ponerse bajo las órdenes de Cabezón con el objetivo de grabar un vídeo en el que se van a incluir marchas de Semana Santa, una celebración que se suspende por segundo año consecutivo. La grabación se difundirá a través de las redes sociales. Ya sea vía YouTube o por Facebook y por el WhatsApp municipal. “Vamos a ensayar los dos próximos fines de semana e intentaremos grabar en la parroquia. Pero no tenemos todavía ni fecha ni horario seguro”.
La vuelta a los ensayos se ha hecho con mucha ilusión, recalca el director. “Para nosotros era muy importante encontrarnos. Pero, como músicos, lo que más echamos de menos es el aplauso de la gente después de cada actuación. En los últimos años, además de los pasacalles que, por supuesto, son parte de la esencia de las bandas, han aumentado los conciertos que hacemos en las plazas, en iglesias o en auditorios. Actuaciones en las que el calor del público nos anima a seguir avanzando”.
El director de la banda azagresa afirma que los proyectos para este año se van a limitar a mantener los ensayos y, si se puede, a recobrar alguna actuación para las fiestas. “El año pasado íbamos a celebrar el 30 aniversario de la banda con un concierto conjunto con la coral. Fue imposible y este año no es viable, ni este ni ningún acto similar, porque supone la reunión de muchas personas”. Entre las citas que más han echado de menos, Ángel Cabezón menciona la concentración anual de bandas de la Ribera. “Un acto entrañable en el compartimos muchas cosas”.
Para arrancar las celebraciones, la junta que preside la banda lerinesa ha convocado, explica Sádaba, un concurso de logos, tanto en categoría infantil como en la de adultos, y dos talleres. El primero, de construcción de instrumentos musicales. El segundo, de percusión para niños y adultos. Los talleres, aún sin fecha, serán después de Semana Santa, indica el director.
Tras semanas de confinamiento en los hogares, la formación retomó su actividad entre finales de junio y primeros de julio de 2020. “Al principio, cuando se decretó la pandemia, nos quedamos bloqueados. Tuvimos, lo reconozco, un parón total. Pero, unas semanas después, la junta consultó a través de internet la posibilidad de volver y decidió retomar la actividad con una presencia activa en las redes sociales. Fue algo necesario, en primer lugar, por nosotros mismos, como músicos y a nivel personal. Pero también para transmitir a la población un mensaje de esperanza, de alegría y de positividad”.
Desde entonces y con varios altibajos ocasionados por la evolución de la covid, la banda de Lerín no ha dejado ni los ensayos semanales de los viernes, ni las actuaciones. “En todo este proceso, tenemos que agradecer al Ayuntamiento su buena disposición y ayuda. El local de la banda, en la casa de cultura Amado Alonso, no nos permitía cumplir con los protocolos de seguridad. Nos dejaron ensayar en el polideportivo y eso ha supuesto un incentivo importante y, sobre todo, que garantiza las distancias de seguridad de los músicos”.
EL CALOR DEL PÚBLICO
A mediados de agosto, en las fechas en las que hubiesen celebrado las fiestas de Lerín, la banda ofreció su primer concierto. Una cita que repitieron en Navidad con una selección de villancicos. “Teníamos muchas ganas de encontrarnos y de tocar para nosotros y ante el público. En definitiva, la música une a las personas”.
Sin abandonar los ensayos, la banda ultima para el próximo 4 de abril un concierto con marchas de Semana Santa, que tendrá lugar en el interior de la iglesia de Santa María de la Asunción. El calendario del resto del año estará supeditado, reconoce el director, a la evolución de la pandemia. “Para primavera, tenemos intención de ofrecer un concierto diferente, más familiar. Se trata de un cuento musical. Una narradora va relatando la historia y nosotros acompañamos y recreamos el texto. Pero todavía no tenemos la fecha fijada”.
Iñaki Sádaba, que ha mantenido las clases en las escuelas de música en las que enseña a tocar el saxofón y los ensayos con la banda lerinesa, reconoce que echa de menos el contacto con otras formaciones. “Una de las citas más esperadas del año, era la concentración de bandas de la Ribera, en la que participan los grupos de Andosilla, Lerín, San Adrián y Peralta. La última tuvo lugar en 2019 en Andosilla y, tras el paréntesis del año pasado, esperamos volver a celebrarla en otoño de este año”.
Javier Martínez asegura que el resultado de esta sinergia entre las dos bandas, ambas nacidas en 2011, las complementa y da forma a un proyecto conjunto de futuro. “En Ayegui contábamos con poca representación de instrumentos de viento-madera y en el grupo de Sartaguda no había viento-metal. Ha sido una unión muy positiva para todos que nos permite crecer como músicos”. El acuerdo entre las dos agrupaciones ha permitido, además, estrechar los lazos de amistad y de compañerismo entre todos sus integrantes. Al margen de los ensayos semanales, que tienen lugar en sus respectivas localidades y con un mismo repertorio, las dos bandas se reúnen una vez al mes y de forma alternativa, en Ayegui y en Sartaguda, para tocar juntas esas mismas partituras. “Esos primeros momentos de la vuelta a los ensayos resultaron, cuanto menos, extraños. Entrábamos en silencio, en fila y con la distancia entre los músicos que exigían los protocolos. Esa misma distancia hacía que los sonidos nos pareciesen diferentes. Pero, esas pequeñas barreras psicológicas se fueron rompiendo. En lo referente a la seguridad, contamos siempre con el compromiso individual de cada uno de los músicos que se une a las del propio local”.
UN ENCUENTRO ESPECIAL
Javier Martínez recuerda el primer encuentro, el primer ensayo, con los músicos de la Zuloandia, en Ayegui. “Supuso un momento de alegría fue, muy especial. Teníamos ganas de estar juntos después de tantos meses sin vernos. Fue raro, lo reconozco. En realidad, durante el primer ensayo hablamos más que tocamos, pero lo necesitábamos”.
Tras la firma del convenio, en septiembre, la recién creada formación ofreció dos conciertos, en Ayegui y en Sartaguda, y, en diciembre, los de Navidad. En marzo de este año, con ocasión del Día Internacional de la Mujer, tocaron en el auditorio de la casa de cultura sartagudesa. “De momento, en Ayegui, carecemos de un sitio cerrado donde poder tocar todos juntos y, hasta que llegue el buen tiempo, va a ser muy difícil ofrecer un concierto.”.
Martínez asegura que, en los momentos que vivimos, es imposible planificar actuaciones a largo plazo. “Y proyectos como el de una grabación resultan imposible”. Para mayo, casi a finales, ambas bandas preparan un concierto de primavera, con un repertorio de heavy y rock en el que pretenden incorporar guitarras eléctricas y un cantante. “Pero, repito, dependerá de la evolución de la covid”, indica el director.
La suspensión de actividades, de ensayos y de actuaciones, ha afectado a cada uno de sus cerca de 40 músicos. “ Pero no podíamos arriesgarnos. No existe ninguna fórmula, ningún protocolo para evitar o minimizar los contagios entre los músicos y por eso decidimos parar. Ninguno de nosotros se dedica a la banda de manera profesional. Es algo que nos gusta, pero no vivimos de ello”, asegura José María Ezquerro. El director cuenta que se dirigió al departamento de Salud en busca de una solución, preguntando qué medidas debían tomar. “Pero, igual que hay protocolos para los gimnasios, comercios o bares, no los hay para bandas de música. Consulté que, si ensayando en la calle, al aire libre, se podía reducir el riesgo de contagios y me dijeron que no se podía asegurar. Si se juntaba el grupo y se producía un contagio, aunque fuese por un contacto exterior, nos teníamos que confinar todos. Y era algo a lo que no estábamos dispuestos a pasar”.
El problema, asegura, no radica en la edad media de los músicos, que ronda los 35 años, y en un mayor riesgo de sufrir las secuelas de la covid. “Está en que, si hay un solo contagio, nos vemos obligados a dejar nuestros trabajos e imponer un confinamiento también a la familia. Y reconozco que también está el miedo a enfermar. Simplemente, no nos compensa mantener la actividad. La recuperaremos cuando nos podamos juntar con seguridad”.
Durante unos días, llegaron, incluso, a cambiar el lugar donde se reunían para mantener las distancias de seguridad entre los músicos. “Del sótano en el que ensayábamos, pasamos al hogar de los jubilados. Pero, al final, no fue suficiente”. Además de la prudencia, uno de los motivos que les empujaron a abandonar los ensayos fue la edad de algunos de sus integrantes. “Hay unos 10 músicos con más de 60 años. Son personas de riesgo y hay que entender que tengan miedo a un posible contagio”. Los más jóvenes, añade, están estudiando o trabajando fuera y resultaba casi imposible controlar sus posibles contactos. “Era muy difícil”.
Luis Ramírez asegura que “todos queremos estar juntos. No existe una brecha de edad, somos compañeros y nos echamos de menos”. El director apunta que la banda Nueva Alegría no se han marcado objetivos para este año, señalado por el 30 aniversario. “Esta pandemia nos está quitando la motivación. A este paso, va a acabar con la cultura”
La banda que tomó el nombre de la antigua banda, la Alegría Mendaviesa, y que surgió al amparo de la afición al fútbol, mantiene un apretado calendario de actividades durante todo el año, actividades que se ha visto obligada a suspender.
En julio, una vez superado el confinamiento en los hogares, la banda andolense retomó su actividad y sus ensayos, preparando un concierto que, finalmente, no llego a celebrarse. “Regresamos con mucha ilusión, como todas las formaciones de la zona y mantuvimos la actividad hasta septiembre. Pero, cuando empezaron a empeorar las cifras y el número de contagiados, decidimos parar”, explica Martín Martínez, director también de la banda de Milagro, que tampoco ha retomado su actividad.
La banda de música andolense, que inició su andadura con 18 músicos, cuenta en la actualidad con 25 integrantes de diferentes edades. “La decisión de parar la actividad se tomó entre todos. No se trata de una cuestión de edad, si no de seguridad. La gente tiene miedo y es algo que debemos respetar. No estamos aquí por trabajo. Lo hacemos por amor a la música y porque nos gusta compartir esta afición”, comenta Martínez.
Otro de los factores en contra de volver a los ensayos es el del lugar de reunión. La sala que tienen asignada en el silo no reúne las condiciones para mantener la distancia necesaria entre los músicos. “Podríamos ir al espacio escénico, pero es un lugar que se utiliza también para otros fines. Son muchas dificultades y esperaremos a que remita la pandemia”.
En octubre de 2019, Andosilla acogió la última concentración de bandas de música de la Ribera que en esa ocasión contó con la participación de 200 músicos procedentes de la localidad y de Lerín, Peralta y San Adrián.
En Sesma, reconoce Etayo, el virus se cebó con muchos de sus habitantes. En la primera y en la segunda ola. “Fueron días muy difíciles para todos. Nuestra prioridad es la salud, la de los músicos y la de sus familias y la de todos los vecinos. Esto no es un juego. Tenemos muchas ganas de volver a los ensayos de los viernes y tocar juntos en concierto, pero es mejor hacerlo cuando sea seguro”.
La Paticuesta Band, que toma el nombre de un término municipal, muy frecuentado por la población en sus paseos diarios, se creó en 2007. En 2012, con motivo de su 5º aniversario, grabó su primer disco, que incluía 10 temas. “Desde que se fundó, hemos mantenido una gran actividad que, en muchas ocasiones, hemos compartido con la coral, formada por otras 20 personas”. Etayo explica que la banda recibe, como asociación, una subvención que el grupo reinvierte en parte, un 30%, en las clases de música. “Una actividad que si se han podido mantener porque resulta más fácil instalar pantallas protectoras en las aulas y guardar medidas de seguridad”.
El concierto de la Navidad 2019-2020 fue la última actividad con público de La Paticuesta. Pero, aunque han optado por no reunirse, el grupo mantiene un contacto continuo por las redes sociales. Un contacto que iniciaron durante el confinamiento y que conservan en la actualidad. “En la pasada Navidad, hicimos una actuación online, que resultó muy bonita”. Utilizan, añade Etayo, una aplicación para móviles por la que comparten partituras.