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Cultura

El teatro en Tierra Estella: La comarca entra en escena

Las compañías amateur de la merindad calientan ya motores para subir de nuevo al escenario tras más de un año con el telón abajo y los focos apagados. Es hora de volver a subir a los escenarios y de llenar los espacios culturales de grandes historias

La comarca entra en escena
Las mujeres del grupo de teatro Anea, de Viana, en las ruinas de San Pedro, escenario de algunas de las obras que han llevado a escena.
Montxo A.G. /
El teatro en Tierra Estella 5 Fotos
El teatro en Tierra Estella
La comarca entra en escena
Montxo A.G. / / Mari Paz Gener / Suberviola
Actualizada 29/03/2021 a las 06:00

Tierra Estella se prepara para entrar en escena. Los focos volverán a iluminar nuestra cultura. Poco a poco, el teatro amateur sube de nuevo el telón. Hace más de un año desde que se bajó por última vez. A algunos grupos, como al taller de teatro de Estella, les dio tiempo, al menos, a estrenar ante su público su último montaje. Era enero de 2020 y el calendario de la adaptación de Molière prometía, pero no dejó ya margen para más. Hoy, con los ensayos de momento interrumpidos, se añora la escena y se sueña con volver. Anea, en Viana, celebrará tarde o temprano su 25 aniversario con Los árboles mueren de pie, una divertida historia de Alejandro Casona. En Andosilla, Resa anhela subir de nuevo a las tablas de su espacio cultural, al que añoran desde su última actuación. Sartaguda, Cárcar y San Adrián retomarán también su actividad y Mireni, en Allo, volverá sin duda a hacer reír este año a su público con una nueva comedia.

Kilkarrak, con ganas de más Tartufo

En Kilkarrak llegaron a tiempo. El Tartufo, la adaptación libre de la obra de Molière, sí pudo estrenarse como estaba programado. El 10 de enero de 2020, ante su público de Estella en el centro cultural de la ciudad y cuando el virus era todavía solo objeto de noticias de lugares lejanos. De su adaptación y dirección se encargó Pedro Echávarri Vega, veterano del teatro en la zona que hoy echa la mirada atrás. A ese momento que, como en cada una de sus esperadas obras, tantas alegrías les proporcionó. “Fuimos afortunados porque nos tocó justo antes de la pandemia y al menos pudimos representarla esa vez. A partir de ahí, todo el panorama tan interesante que teníamos con esta obra se truncó”, detalla.

Y conforme se sucedían las prórrogas del confinamiento caían también de las carteleras su Tartufo art deco. De la sociedad Amberria de Abárzuza a su actuación en la Tabakalera de San Sebastián se esfumaron. Lo hizo también, ya en otra oferta pero que Kilkarrak programa cada año, el ciclo de teatro de primavera de Estella. Sí quisieron Pedro Echávarri y sus compañeros ayudar a hacer más amena la estancia de aquellas semanas en casa y pusieron para ello a disposición del público los vídeos de varias de sus obras. A través de su web, una galería de títulos para disfrutar desde el hogar.

Recuerda Pedro Echávarri que en septiembre sí hubo una aproximación a los ensayos hasta que se dieron de nuevo de bruces con la realidad. “En un grupo de 12, con compañeros sanitarios y otros que se dedican a la enseñanza decidimos paralizarlos y desde entonces estamos a la espera de los acontecimientos y de si las cosas mejoran”. Tienen ganas, pero a la vez reconoce que al tratarse de teatro amateur se vive de forma diferente a la de los grupos profesionales. “No vivimos de ello, por lo que no nos encontramos en una situación como la suya al suspenderse las programaciones. Sí está el aspecto humano, las relaciones entre nosotros y el no poder juntarnos. Pero de momento no podemos hacerlo. Por un lado, los ensayos y, por otro, cómo hacemos la obra, una puesta en escena como ésta”, añade.

Y han tenido -explica- la gran suerte de que los espectáculos anteriores funcionaron muy bien, así que les ha permitido contar con un pequeño colchón, un buen momento económico para atravesar este largo tiempo de parón. “En ese aspecto nos ha pillado bien, pero la frustración de no reunirnos y las ganas de regresar están ahí. Creo que a nivel afectivo esto sí puede influir en los grupos, que la gente se desanime aunque pienso que en nuestro caso lo que estamos deseando es volver”.

Cuando lo hagan, su adaptación del Tartufo puede estar ahí, otra vez en Estella además de retomar el resto de representaciones. Reencontrarse con su público, como acostumbraban a hacer también con montajes anteriores y una inyección de moral más necesaria que nunca. A partir de ahí, seguir escribiendo una historia unida a la ciudad desde que en 1983 Kilkarrak irrumpe con Picnic en sus escenarios.

“Durante el confinamiento, estuve dándole vueltas a una posibilidad en la que combináramos la poesía y la música. No lo sabemos, pero no lo descarto”, explica este veterano del teatro navarro que mientras, a lo largo de estos meses, sí mantiene otra actividad de Kilkarrak, el taller que cada viernes por la tarde imparte a los jóvenes en la casa María Vicuña de Estella. Director también de otro de los pequeños grupos de teatro consolidados estos últimos años en la zona, El Chaparral de Abárzuza, vivió como ahí sí se paró antes de un estreno previsto para el 27 de marzo de 2020.

Anea, 25 años de obras con nombre de mujer

El grupo de teatro de la Asociación Anea de Viana conmemora este año su 25 aniversario. La celebración quedará lejos de la fiesta esperada por sus integrantes, aunque esperan poder soplar las velas sobre el escenario antes de final de 2021. De momento, no tienen una fecha de estreno para su siguiente obra, pero sus personajes están calentando motores. Isabel Garayoa Alonso dirige, desde sus primeros ensayos, a esta compañía amateur que está formada íntegramente por mujeres. “Nos gustaría que se uniese algún hombre, para no tener que buscar obras que solo tengan protagonistas femeninas o representar nosotras esos papeles. En los estrenos, siempre, los animo a unirse. El grupo está ligado a la asociación de mujeres, pero por ello no quiere decir que no puedan participar”, alienta.

En su calendario, hay una fecha señalada: el 8 de marzo. Cada año, desde hace una década, con motivo del Día Internacional de la Mujer, ellas suben al escenario de la casa de cultura Navarro Villoslada de Viana para estrenar, con sus vecinos de público, su representación anual. Esta vez, el telón no se subió, pero Garayoa confía en poder llevar a cabo una nueva representación antes de que finalice el año.

Cautivante, divertida y vigorizante: Los árboles mueren de pie. El relato de Alejandro Casona ha sido el escogido. Atrapa de principio a fin. “Aunque no nos juntamos todavía para ensayar, hemos repartido los papeles. Así podemos ir ensayando en casa para avanzar trabajo. No tiramos la toalla”, explica Isabel Garayoa. La directora aplaude el tesón que demuestran las once actrices de Anea. “Hemos llegado a ser más. Marina, por ejemplo, que ha actuado muchas veces con nosotras, ya tiene 92 años. Se ha ido retirando. Otras, más jóvenes, se han marchado fuera por temas de estudios o laborales”.

Su última representación fue Estamos de terapia, una adaptación de la famosa obra teatral Toc toc, del humorista Laurent Baffie. Participaron Esther Mendaza, Laura Malo, Esperanza Eraso, Carmen Sáinz, Merche Díez, Sara González, Ana María Izquierdo, Clara García y Soraya Silva, junto con la directora.

En su andadura, Anea ha interpretado obras como: Ocho mujeres, Matrona uni viro, Maribel y la extraña familia, Comisaría especial de mujeres, Los caciques, Las kelim, Usted puede ser un asesino, Melocotón en almíbar, El caso del señor vestido de violeta, y ¡Ay, mi abuela!, entre otras. Se atrevieron incluso con La casa de Bernarda Alba, que recrearon en las ruinas de San Pedro en 2011. Escogieron el clásico de Federico García Lorca para su primer drama, ya que, hasta entonces, solo habían representado comedias.

La pasión de Resa por subir al escenario

El arte no tiene sentido si no hay pasión. Y a la compañía de teatro Resa de Andosilla no le falta. Es precisamente lo que unió a unos andolenses en 1994 para crear una compañía amateur que, desde sus inicios, su objetivo no ha sido otro que divertir al público. Lo han conseguido con todas las obras que han representado sobre las tablas y con cuentos para los más pequeños, realizados con mucho trabajo y motivación, como puntualiza uno de sus integrantes, Ramón Vicuña Serrano.

Su entusiasmo por esta rama de las artes escénicas ha conseguido llevar a escena una obra cada año. Entre ellas: La venganza de la Petra, El médico a palos, Anacleto se divorcia, Las veleidades de Elena, El cianuro, solo o con leche, Maribel y la extraña familia, Los habitantes de la casa deshabitada, Taberna Patxi, El enfermo imaginario, Milagro en el convento de Santa María Juana, Cena con amigos y Ver menos. No son menos importantes los cuentos para los más pequeños con clásicos como Caperucita Roja, La Bella Durmiente y Blanca Nieves y otras narraciones: Lío en el cuento, Asamblea de ratones, Los triángulos, Viva el teatro y Animadas.

“En 2019, como cada año, en las últimas semanas, estrenamos nuestra última obra. Después, llegó la pandemia y no la pudimos representar fuera del pueblo”, memora Vicuña, uno de los veteranos del grupo. Fue el mismo motivo, la evolución de la covid19, la que les frenó a la hora de poner en marcha el engranaje para el siguiente montaje. “Es en primavera cuando arrancamos los nuevos proyectos. Para junio, elegimos el texto y empezamos los ensayos después de las fiestas patronales de septiembre para estrenar el último fin de semana de noviembre o al comienzo de diciembre”. Los primeros pases daban relevo a una gira por la merindad. “Con el panorama en el que nos encontrábamos el año pasado, decidimos que en 2021 no prepararíamos ninguna nueva recreación porque la situación no pintaba bien”.

Resa son, además de Ramón Vicuña, Basilio Martínez Martínez, Aitana Cordón Itarte, Emilia Salvatierra San Miguel, José Luis García Arévalo, Violeta Torres López, Mario Amatriáin Alcalde, Manolo González Rodríguez, Juan Carlos Osés Gorraiz, Maricer Bravo Murugarren y los directores, Fernando Ruiz y Nano Napal. Anhelan actuar bajo los focos. “Tenemos muchísimas ganas de retomar los ensayos, pero con la realidad de la dificultad y precaución que debemos mantener”.

Prefieren esperar. “Ensayar teatro con mascarilla es complicado. Somos un grupo amateur, nos gusta mucho, pero no vivimos de ello. Esperaremos a que las cosas estén mejor y a que la vacunación haya avanzado”, apunta Vicuña. “No por nosotros, sino por cuidar a los demás”. El público, comenta, no está del todo convencido para ver una obra en un espacio cerrado. “A pesar de que el centro cultural de Andosilla es muy seguro”. Otro motivo, dejar trabajar a los profesionales. “La cultura es uno de los sectores más castigados por la pandemia. Creemos que deben ser primero los profesionales quienes retomen la actividad”.

La vida de Tere Losa entre bambalinas

Hablar de teatro en la comarca -y más allá de sus mugas- es hablar también de Tere Losa. Esta adrianesa es el nexo que une a los grupos de teatro amateur de San Adrián, Cárcar y A vereda, de Sartaguda. Es, además, el vínculo entre los talleres de interpretación que se imparten en la casa de cultura adrianesa y con los jóvenes del club Adia, Asociación de Discapacitados de Andosilla. Su nombre también forma parte de la historia artística de Calahorra, con La Curruca, y La Placeta, de Milagro, entre un largo etcétera que incluye dirección, guion, interpretación y puesta en escena.

Su currículo en las artes escénicas se remonta a su infancia. Ya montaba historias desde que aprendió a leer. Después, a los 13 años comenzó de “chica de los recados” en el grupo de teatro de San Adrián. “Una baja de una actriz me dio la oportunidad de hacer mi primera actuación”, recuerda. Sus dotes como directora ya apuntaban maneras. Es la segunda de 13 hermanos. Una familia para un buen reparto. “Empecé en la calle, haciendo comedias con mis vecinos. A los 8 años ya hacía montajes. Cobrábamos entrada y había fila. Hay miles de anécdotas de aquella época”. Una de ellas, con el vestido de novia de su madre. “Qué lío montamos y menuda bronca nos echó”.

“Entonces, era maravilloso poder estar rodeados de tanta gente, unos actuando, otros montando decorados, los que maquillaban y peinaban”. Poco o nada que ver con el panorama actual. La pandemia puso patas arriba todos sus planes. En Cárcar, recién habían estrenado Di la verdad Rita, di la verdad; y en Milagro, Invierno. En Sartaguda, se estaba terminando el taller para atraer integrantes al grupo y, en San Adrián, habían empezado los ensayos de una serie de miniteatros. Unos con guiones de autor y otros propios. Con los jóvenes, Hotel Monblac, escrita por uno de ellos; con los niños, Locura Generacional 2. “Y, en Andosilla, con los chavales del club Adia habíamos hecho la grabación más complicada que necesitábamos para el montaje de nuestra obra. Al día siguiente, todo se paró”.

Nadie se imaginaba lo que vendía después. “En principio, como solo era para 15 días, nos despedimos con un: a cuidarnos y a cuidar a todo el mundo. Dentro de un par de semanas nos vemos”. Pasaron los días y sus alumnos y actores le reclamaban textos o guiones para poder estudiar en el confinamiento. “No pude escribir ni leer una sola línea. Estaba en estado de shock. No podía quitarme de la cabeza los muertos que cada día anunciaban por la televisión. La imagen de la morgue en el Palacio de Hielo no la olvidaré mientras viva. Lo único que me unió al teatro en esos momentos fueron las marionetas que sacaba a la ventana para aplaudir a los sanitarios y animar a mis vecinillos de enfrente”.

¿Qué echan más de menos? “El contacto. Vernos. El teatro son las emociones en directo. Los que lo hacemos formamos una familia y no estar ha sido muy duro”. Actuar sirve para muchos de terapia, recalca. El telón tiene que volver a subir y los focos a iluminar de nuevo las tablas. “La cultura es el alimento del alma, nuestra historia. Si no, seríamos máquinas. Trabajar, comer, dormir”.

¿Y puede regresar ya a escena? “Por poder, se puede. El Ayuntamiento de San Adrián nos ha hecho varias propuestas para comenzar. Con menos gente, guardando las distancias y en salas más grandes. Si esto se alarga, tendremos que hacerlo”, dice Losa, que aplaude la iniciativa del consistorio. “Ha sido muy valiente. No hemos dejado de ver teatro, más de 30 actuaciones, cumpliendo con todas las medidas y normas impuestas por el Gobierno de Navarra. Ha sido de agradecer. Nos ha dado alas y esperanzas de que, si se quiere, se puede”.

Eso sí, su regreso será paulatino. “Lo primero, será terminar lo iniciado con retoques que se adapten a esta situación. Después, comenzaremos a trabajar en un proyecto en San Adrián de un musical para contar la historia más reciente de nuestro pueblo”, adelanta Tere Losa.

Reír a carcajadas con Mireni de Allo

Mireni es el remedio infalible ante la tristeza. El grupo de teatro de Allo es la inyección de alegría que todos necesitamos en estos tiempos de pandemia. El equipo no solo transmite su energía sobre el escenario, sus integrantes contagian buenas sensaciones en cualquier otro lugar, a pesar de haber estado en stand by en los últimos meses. El decreto del primer estado de alarma les pilló con la gira de Las vacaciones de la duquesa, una comedia dirigida por Elisa Asín, con la que hicieron reír a carcajadas a la merindad antes del confinamiento. Pero faltó la última actuación, el colofón con el que la compañía amateur despide cada año su temporada. Lo recalca Blanca Zaracaín, una de las actrices. “Es la pena que nos queda”.

Los últimos meses han sido de parón. El primer paréntesis para el conjunto que fermentó de un curso de iniciación al teatro que organizó en 2003 la asociación de mujeres. Desde entonces, hasta ahora, no habían parado. A pesar de ser un equipo modesto, Mireni ha llevado a escena producciones de mucha calidad como Entre amigas, una adaptación de la obra homónima Santiago Moncada, dirigida por Miguel Goikoetxandia, que recorrió una veintena de localidades en 2011 con un relato que ahondaba en las relaciones personales, el amor, la fidelidad, la amistad, la lealtad y el paso del tiempo. En su cartelera también han figurado ¡Anda mi madre!, de Juan José Alonso Millán; sketches de Tricicle y monólogos del Club de la Comedia; El fontanero, de Carlos Auret; Paco Jones, detective privado, Cesar a gusto y El Niceto Labordeta, las tres de José Cedena, entre otros títulos.

Entre amigas y la nominación en 2009 en el Festival Martín Arjona de teatro amateur de Herrera, en Sevilla, propulsaron la carrera de Mireni hasta convertir al grupo de Allo en todo un referente navarro. Sus protagonistas calientan para entrar de nuevo en escena. “Ahora, estamos pensando cuál será nuestro siguiente proyecto. Nos gustaría estrenarlo en octubre, si la situación sanitaria lo permite”. Blanca Zaracaín no desvela más detalles para mantener la sorpresa. “Solo puedo avanzar que será un montaje de humor. Reír es lo que más nos hace falta a todos en estos momentos”.

A Mireni también. “Hemos echado mucho de menos el teatro durante estos últimos meses. Nos hace mucha falta. Es nuestra manera de salir de nuestras rutinas, de evadirnos del día a día, de socializar, de estar con la gente, de divertirnos. Somos una gran familia”, subraya Zaracaín. Lo peor, subraya, ha sido no poder realizar las actividades con los pequeños, porque el grupo está creando cantera. “Contamos con una sección infantil con 25 niños. Todas las Navidades, preparamos una obra con ellos y el año pasado no se pudo realizar Este año, nos gustaría poder llevarla a cabo”.

Mireni son: Adrián Vázquez, Catalina Montoya, Itziar Briones, Leyre Carlos, Esther Ochoa, Juanpe Harto, Isabel Aramendía, Blanca Zaracaín, Iñaki Suso y en nuevo fichaje, Catalina Fernández Montoya. También los técnicos Maribel Zaracaín, José María Munárriz y Joaquín Vázquez; y las encargadas del atrezo, Mary Fe Sánchez y Julia Briones. “Y siempre acabamos liando a alguno más. Sobre todo, a nuestros familiares y amigos que nos ayudan a montar y a desmontar los escenarios y que nos facilitan mucho las cosas para que nosotros podamos ensayar y actuar. Desde Mireni, les damos las gracias a todos por su apoyo”, gratifica Zaracaín.


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