Despoblación
El instituto que el Pirineo soñó se estrena en Lumbier
El centro de Bachillerato en euskera de Lumbier se ha puesto en marcha este curso. Una dotación largamente demandada por las familias pirenaicas que arranca con 24 estudiantes y fomenta el arraigo al territorio a través de un servicio de calidad en zona


Publicado el 18/10/2025 a las 05:00
Izei Irigoyen Garro, de Urzainqui, respiró aliviado cuando supo que no tendría que marcharse a vivir a Pamplona con apenas 16 años. Que no tendría que pasar toda la semana lejos de su familia para poder seguir estudiando. “La ciudad es para mí terreno desconocido, y además hubiera tenido que residir allí solo de lunes a viernes. Estoy mucho mejor aquí”, explicaba días atrás en una de las blanquecinas aulas, recién estrenadas, del nuevo instituto de Bachillerato en modelo D (euskera) en Lumbier donde ahora estudia. Unas instalaciones puestas en marcha con el arranque del presente curso escolar ampliamente demandadas por las familias y representantes locales del Pirineo navarro. Un territorio al que, a falta de un instituto específico en zona, se asignaban centros de referencia para esta etapa de educación Secundaria post obligatoria en la capital navarra.
Más de una década llevaba sobre la mesa este proyecto, este sueño. Una petición liderada especialmente por los valles más alejados de la capital navarra, Roncal y Salazar, cuya distancia impedía a los alumnos ir a estudiar y volver a casa en el día. Se articuló paso a paso con el departamento de Educación al amparo del Plan del Pirineo, herramienta de cogobernanza entre el Gobierno de Navarra, Mesa del Pirineo y agentes del territorio para combatir la despoblación y ahondar en la cohesión territorial. Un sueño hecho realidad que ha sido trabajado y peleado con constancia, aportando datos pero también realidades. Durante décadas, familias enteras del Pirineo han tenido que acabar dejando los pueblos y viviendo en Pamplona para arropar a sus hijos en sus estudios. Otras han realizado grandes desembolsos extra para costear residencias estudiantiles o pisos compartidos. Así lo remarcaban en reuniones oficiales, concentraciones e incluso en un Foro DN en Vivo sobre la materia que organizó Diario de Navarra. Pero eso ya es historia.
DE RESIDENCIA A INSTITUTO
La antigua residencia de estudiantes de la Laboral lumbierina, parte ahora de las instalaciones del CIP FP Lumbier, ha mudado su aspecto notablemente. A través de una obra en la que Educación ha invertido 5.741.472,41 euros, se ha remodelado por completo el edificio de 4 plantas (exterior e interior) y acoge ya en las dos superiores aulas para Bachillerato en las ramas de Ciencias y tecnología y Ciencias sociales (no hubo demanda suficiente para Humanidades). Inmueble que se comparte y cuenta, asimismo, con otros espacios dedicados a ciclos de Formación Profesional de Actividades físico deportivas y Hostelería y turismo.


“El aterrizaje del Bachillerato en euskera en Lumbier ha sido un reto. El curso pasado a nivel organizativo fue muy duro, de mucho trabajo, para articular la oferta educativa en comunicación directa con los centros y las familias. E incluso durante las obras tuvimos que desplazar actividad de FP al centro cívico, el club de jubilados o el bar de la piscina... con apoyo clave del ayuntamiento. Pero sobrevivimos y el resultado ha sido espectacular”. Habla Nora García Mouriz, de 56 años y directora del CIP FP Lumbier.
Tanto el instituto como la parte de Formación Profesional funcionarán de forma conjunta, como un centro único, compartiendo instalaciones comunes como el gimnasio, las pistas exteriores o el polideportivo, y también parte del profesorado (no obstante, se ha contratado a 6 docentes extra).
Sobre una ratio fijada en 33 estudiantes, en este primer curso en funcionamiento son 24 los alumnos y alumnas matriculados. Todos de 1º de Bachillerato. “El curso que viene tendremos ya 1º y 2º”, indica la directora. De ellos, 4 llegan en transporte público gratuito cada mañana desde el valle de Roncal (2 de Isaba y 2 de Urzainqui), 5 del valle de Salazar (2 de Ochagavía, 1 de Uscarrés, 1 de Oronz y 1 de Ezcároz), 1 de Oroz-Betelu, 1 de Lakabe (Arce), 1 de Aoiz y 12 de la ikastola de Sangüesa (son 4 de Lumbier, 3 de Cáseda y 5 de Sangüesa).
Los centros adscritos oficialmente al instituto de Bachillerato de Lumbier, conforme al último cambio del Mapa Escolar consensuado con el territorio, son los IESO de Aoiz, Roncal y Ochagavía (Salazar); no así el IESO de Garralda (zonas de Aezkoa, Erro...), que sigue adscrito al IES Eunate de Pamplona. En todos ellos la formación mayoritaria es en euskera. “Las familias de Aoiz decidieron este curso que sus hijos sigan yendo a Pamplona, quizá por incertidumbre o porque la oferta educativa no se supo hasta tarde. Pero lo cierto es que este instituto de Lumbier no tiene nada que envidiar a los de Pamplona ni en instalaciones, ni en profesorado, ni en oferta”, remarca la directora.


Este centro público dispone, concretamente para Bachillerato, de aulas amplias para asignaturas comunes, otras de desdoble, laboratorio de ciencias, y taller de tecnología y dibujo técnico. Historia, Física y Química, Lengua, Economía, Matemáticas, Filosofía... son asignaturas que hasta la fecha no se impartían en Lumbier.
PIRENAICOS EN EL AULA
“Unos 45 minutos nos cuesta el trayecto a Lumbier para estudiar. A Pamplona sería bastante más de una hora”, destaca Lorea Eguiguren Garro, estudiante de la primera promoción de Bachillerato en Lumbier. A sus 16 años, esta vecina de Urzainqui valora que “se está mejor aquí que en la ciudad”, y recuerda cómo su hermana mayor no tuvo la misma oportunidad. “Yo aún no sabría ni cómo hacerme la comida”, apunta. Su primo Izei Irigoyen Garro, del mismo pueblo y edad, apostilla que “ir a Pamplona con 18 años ya es diferente, incluso puedes tener tu coche ya”.
“Hemos hecho piña enseguida”, remarca por su parte Mikel Mendia Orradre, de 15 años y de Oroz-Betelu. “Algunos nos conocíamos, otros no, pero hay muy buen ambiente”, añade quien ya ha sido elegido como delegado de clase. “Las instalaciones están muy bien, muy nuevas, aunque aún quedan retoques por hacer”, afirma mientras señala una persiana del aula que se niega a subir.
Llegada desde Ochagavía, Aiora Goienetxe Etxeberria, de 16 años, remarca un dato. “De los 8 que estudiábamos juntos allí 4º de ESO aquí estamos 5, y eso nos permite seguir viéndonos y volver a nuestros pueblos cada día”, valora. “Los profes tienen mucha energía y con el alumnado de FP la relación es buena. Lo que pasa es que a veces nos dan envidia cuando están en el patio bailando o haciendo deporte, o pasan con una piragua, y nosotros estamos con los libros”, ríe.
DOCENTES DE ESTRENO
“Ojalá hubiéramos tenido un instituto así en nuestra época”. Ekhiñe Galbete Jiménez, de 36 años y de Lumbier, e Irati Urmeneta Fernández, de 31 y de Gabarderal (Sangüesa), se formaron en euskera en las ikastolas de la zona y tuvieron luego que cursar Bachillerato en Pamplona. Ahora, estrenan el centro lumbierino como docentes, la primera de Física y Química (y coordinadora), y la segunda de Inglés. “El alumnado se ha adaptado de maravilla a este nuevo centro, se les ve muy bien. Y el que sean un grupo pequeño permite un seguimiento muy cercano”, aseguran.


“Este proyecto era algo necesario, que reclamaban principalmente las familias del Pirineo pero que viene bien a toda la merindad. Tener que ir a Pamplona con solo 16 años suponía un esfuerzo económico, personal y de reorganización familiar. Ahora se ha hecho una apuesta para que estos valles tengan igualdad de condiciones”, creen.
Junto a ellas, la directora, Nora García Mouriz, confirma que “está todo el mundo con muchas ganas de colaborar para que el proyecto funcione y salga lo mejor posible”. “Hay compromiso e ilusión para crear algo bueno”, sentencia.
EN CIFRAS
5,7 MILLONES DE EUROS, IVA incluido, ha destinado el Gobierno de Navarra a configurar un instituto público en modelo D en Lumbier. Dotación habilitada en la antigua residencia de estudiantes y que se comparte con grados de FP.
EN EL AÑO 2013 representantes del Pirineo comenzaban ya a demandar cambios respecto a la educación Secundaria post obligatoria, que obligaba a estudiantes de 16 años, e incluso a familias completas, a desplazarse a vivir a Pamplona, conllevando sobrecostes y más despoblación.

